sábado, 27 de febrero de 2021
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¿Es en el subconsciente dónde se decide todo?

Parece que sí: instinto del ser, gracia, flash y combate.

Redacción (21/02/2021 17:24, Gaudium Press) Decía Plinio Corrêa de Oliveira que el instinto más poderoso del hombre era el que él llamaba Sentido del Ser, que podríamos traducir como instinto del ser, que era el que buscaba el Absoluto, es decir, a Dios.

Algo en la línea de lo que decía San Agustín, de que su corazón, y el de cualquier hombre, no descansa hasta no hallar la Belleza Absoluta, Dios.

Pero si esa es la más fuerte inclinación del hombre, la de buscar a Dios, ¿por qué se ve a la gran mayoría de los hombres extraviados en el pecado, que es el camino contrario a Dios?

Porque el instinto del ser no es la única fuerza que impulsa al hombre, sino que existe en él también el pecado original, con su consecuente desviación del hombre hacia el desorden de los sentidos y la imaginación.

Planteado de esa manera, el asunto parece presentarse muy claramente: lo que hay que hacer es fortalecer la tendencia hacia Dios del instinto del ser.

Plinio Corrêa de Oliveira lo llamaba así porque es como una fuerza que me impele hacia el Ser Absoluto, el cual completa este ser participado que soy yo. El hombre no tiene deseo más profundo que ser completado, unido a ese Ser.

Como gesto infinitamente misericordioso para que no desviemos el ímpetu hacia Dios de nuestro ser, que pasa por el cumplimiento de los mandamientos, Dios Nuestro Señor creó la gracia, participación de su propia vida, que nos es otorgada por la oración y viene por los sacramentos.

Pero no solo.

Dios Nuestro Señor también va ‘mostrando’ ‘anticipaciones’ de su Ser en el Orden de la Creación, por ejemplo cuando vemos un atardecer maravilloso, o cuando contemplamos un rostro virtuoso, o un castillo magnífico que nos habla de la grandeza de Dios. Son momentos donde ocurría lo que el Dr. Plinio llamaba “flash” y que Mons. Juan Clá definía como instantes en que brillaba el don de la sabiduría por la acción de una gracia actual, verdaderos espacios de vida mística que tienen la capacidad de transformar al hombre.

En esos momentos, Dios, a partir de un ser creado, muestra algo de su íntimo Ser, dándonos así fuerza y claridad para la práctica de la virtud. Son como visitas del Espíritu Santo, en las que es fortalecido el instinto del ser, y que debemos tratar con respeto, debemos recordar, debemos cultivar.

Pero esas consolaciones magníficas, también merecen otro homenaje, y es el de la lucha, el de la vigilancia.

La gracia no solo nos llama a practicar la virtud, sino a detestar el pecado, pues no ama verdaderamente el bien quien no detesta el mal.

En ese sentido, percibimos que para constantemente re-enderezar nuestro instinto del ser, nuestro impulso hacia Dios, debemos no solo acceder a la gracia, y buscar a Dios en el Orden de la Creación, sino que se nos impone la lucha, el combate, primero contra los tres principales enemigos del hombre: el mundo, el demonio y la carne.

Y también contra todo aquello que no refleja a Dios, sino lo contrario de Dios.

Lucha, oración, contemplación: trilogía para fortalecer el instinto del ser, para allanar nuestro camino a Dios.

Por Saúl Castiblanco

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