Vivimos en una época que parece haber olvidado a los Ángeles. Pero nuestra acción nunca será completa si olvidamos esta esfera primera de la realidad.
Redacción (05/07/2026 09:46, Gaudium Press) Tras haber esbozado en dos notas anteriores elementos de la acción del maligno contra nosotros, y para recalcar que tenemos muchas armas a nuestro favor, recordemos ahora algunos de los pensamientos del prof. Plinio Corrêa de Oliveira sobre los Ángeles, y su acción benéfica, potente y necesaria.
Vivimos en una época que parece haber olvidado a los Ángeles; no los ángeles de la nueva era, esos de signo negativo aunque se presenten disfrazados, que sí están medio en boga.
Pero al interior de la Iglesia y los católicos, se habla de mucho de economía, hasta de tecnología, también por esta época de fútbol, pero rara vez se recuerda que, junto a cada uno de nosotros, existe un mundo espiritual activo, atento, combativo, cuya existencia y leyes fueron establecidas por Dios, y que es imprescindible no olvidar, porque parte de ese otro mundo paralelo, tiene signo de oscuridad, y no descansa en el ataque y la lucha contra nosotros.
Con categoricidad lo afirmaba el Dr. Plinio: nuestra acción nunca será completa si no tuviere el carácter de una lucha contra el demonio, que más hoy en día es señor de este mundo, en tiempos en que la infestación diabólica ha alcanzado límites inéditos.
Y esos seres, están más cerca de nosotros de lo que comúnmente se imagina, con su gran poder, como fue descrito en notas anteriores; por lo que es loco no implorar la ayuda tanto de ángeles buenos como de la Reina de los Ángeles, que también están a nuestro lado, y desean ayudarnos a vencer.
Presencia real, invisible, pero no insentible
Santo Tomás de Aquino enseña que los Ángeles son criaturas purísimamente espirituales, y que su número supera infinitamente al de todas las demás criaturas materiales juntas (cf. S Th I Parte, q. 50 a.3). El Dr. Plinio recordaba este hecho con asombro: “Santo Tomás decía que los Ángeles son muchos más numerosos que el número total de creaturas que Dios creo desde el comienza hasta el fin del mundo”, decía. O sea, es gigante el ejército celestial; dice el Pseudo Dionisio que los ejércitos celestiales rebasan la limitada medida de nuestros números materiales.
Cada persona, cada familia, cada comunidad tiene junto a sí colaboradores invisibles cuya misión es acompañarla hacia el bien. Debemos pues, no solo ponernos en relación con ellos por medio de la oración, y ser cada vez más sensibles a su presencia.
Cuanto más se ama, más se percibe
Una de las ideas más consoladoras que transmite el Dr. Plinio es que la sensibilidad a la acción de los Ángeles no es un privilegio reservado a unos pocos místicos, sino una consecuencia natural del amor a Dios. En sus propias palabras: “Cuanto más el hombre ama a Dios, tanto más queda sensible al bien y al mal”.
Es decir, cuanto más crece una persona en la vida de gracia, más capaz se vuelve de distinguir —aunque sea de modo delicado, y normalmente de ese modo delicado, casi imperceptible— cuándo un ambiente, una conversación o una decisión están acompañados de una gracia especial, y cuándo, por el contrario, algo pesado y opresivo se hace sentir. En unos están actuando más los ángeles y en otros los demonios. Esto no debe generar miedo, sino un sano deseo de crecer en virtud, precisamente para volvernos más receptivos a la ayuda angélica.
Un ejemplo sencillo: Carlomagno
Para explicar cómo un alma y, por analogía un espíritu puro, puede “llenar un ambiente” con su presencia espiritual —para bien o para mal—, el Dr. Plinio recurre a un sencillo ejemplo, el de Carlomagno, quien, según se narra, no imponía su grandeza solo por su autoridad de monarca, cuanto por la fuerza de su alma, capaz de “henchir un continente” como decía el Dr. Plinio. Él donde llegase, era como una luz potente, imposible no ver, imposible no recibir su calor, rayo de varias y fuertes tonalidades, porque él como que cargaba Europa en su seno.
Este ejemplo ilustra un principio más profundo: así como un alma buena puede irradiar paz y arrastrar al bien a quienes la rodean, así también los Ángeles buenos, cuando encuentran un alma dócil a la gracia, pueden ejercer toda su potente acción de presencia, en la ayuda y sostén de los hombres. ¿Cuál puede ser la acción de presencia de un Ángel? No es sino recordar lo que dice la Escritura, de que tienen un pie en el mar y otro en la tierra (cf. Ap 10, 2; Ap 10, 5) tal es su gigante tamaño.
La verdadera “guerra psicológica”
En un pasaje especialmente actual, el Dr. Plinio compara la lucha interior contra las tentaciones con una auténtica batalla, tan real como cualquier otra:
“Luchando contra el demonio, nosotros hacemos la más prodigiosa de las guerras psicológicas contrarrevolucionarias”.
Sin la consideración de que en nuestras luchas está ese componente preternatural-angélico, no pasamos de ciegos, de visión de topos. Además, considerar la acción de los ángeles buenos como de los malos, nos ayuda a tener una visión heroica de la vida cotidiana, que es muy real, pues como dice también la Escritura, “militia est homini super terram” (Job 7 ,1), la vida del hombre es una lucha mientras esté sobre la tierra.
Resistir una tentación, mantener la virtud, perseverar en la oración en medio de las dificultades y hasta del desánimo, perseverar en las dificultades de todos los días: nada de esto es pequeño. Es, según esta enseñanza, parte de una batalla con dimensión invisible y cósmica, en la que los Ángeles y la Reina de los Ángeles están luchando a nuestro lado.
También puede ser de mucha ayuda, para constantemente acudir a los ángeles, recordar que vivimos en algo como una ‘sinfonía cósmica’, donde la Historia humana es solo una partecita, trascendental para nosotros, nuestra salvación y también la gloria divina —tanto que mereció que todo un Dios se encarnase—, pero nunca aislada, y muy influida por el mundo angélico y celestial.
Dios no podía crear un universo que no fuese a su imagen y semejanza, por lo que la bondad divina necesitaba de muchas creaturas para verse bien reflejada (cf. S Th I, q. 47, a. 1), y ya vimos que estas creaturas por su mayor número y elevada condición, son sobre todos los ángeles, que también ya se dijo que son muchísimos y muchísimos. Pero siendo tantos los seres de la creación, estos, para ser perfecto reflejo del ser divino, no podían estar en desorden sino en una relación armónica, (cf. S Th I, q. 47, a. 3), que conforma una unidad, que es la que termina dando gloria a Dios (cf. S Th I, q. 65. a.2). Este orden del Cosmos, entretanto, no es estático, no somos como muñequitos puestos en una vitrina, o de vitrinas enteramente separadas, sino dinámico e interrelacionado en las diversas esferas, como bien lo expresa Santo Tomás: “las criaturas inferiores existen para las superiores, como las criaturas insensibles para las racionales, para que se sirvan de ellas. Tercero, las partes individuales existen para la perfección de todo el universo, del mismo modo que la materia existe para la forma” (S Th I, q. 65, a. 2). Es decir, la relación entre los diversos seres hace parte de la ‘arquitectonía’ con la que Dios creó el Universo, y por eso, invocar la acción angélica, es también cumplir el plan divino de la Creación, para que el Universo se dirija a su fin último que es Dios. Esa también sería una de las razones para justificar por qué los demonios no pueden ‘olvidarse’ del hombre: en su odio a Dios, ellos quieren destruir esa arquitectonía que lleva a los hombres a unirse a Dios.
Recurrir con confianza
Frente a esta realidad, el Dr. Plinio no se queda en la teoría, sino que propone acciones muy concretos y lleno de esperanza: acudir con sencillez a Nuestra Señora y a los Ángeles cada vez que sintamos una inquietud interior, una tentación o un ambiente pesado: “Prestar atención y, en los movimentos de alma malos que sentimos, pedir a Nuestra Señora: ‘Oh mi Madre, ¡expulsad este demonio! Oh mi Santo Ángel de la Guarda, apartad de mí el demonio que probablemente está aquí!”.
Y añade una imagen entrañable sobre la Virgen como Reina de los Ángeles: “Reina de los Ángeles y Terror de los demonios, arreglad esta situación, y mandad un ángel, expulsad esos demonios que pueda haber allí”.
No hace falta esperar señales extraordinarias para practicar esta devoción. Basta con la fe sencilla de un niño que llama a su madre, sabiendo que ella acudirá, pues Ella es la Virgen del Perpetuo Socorro.
Una esperanza para el hombre de hoy
En tiempos de incertidumbre, estas certeza es un verdadero bálsamo: no luchamos solos. Sobre nosotros vela una multitud incontable de espíritus fieles, y por encima de todos ellos, una Madre que es, a la vez, Reina de los Ángeles y Reina de nuestros corazones. Basta con volver a Ella con confianza filial para sentir que, en medio de las batallas de cada día, el cielo entero está de nuestro lado.
Por Saúl Castiblanco
Fuente: Revista Dr. Plinio, Vol. XXVII, Nº 318, septiembre de 2024, sección “Reflexões teológicas: Entre Anjos e demônios”







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