Francia sigue siendo secularizada, pero algo pasa en el subsuelo.
Redacción (20/08/2026 09:23, Gaudium Press) Todo apunta a que la visita de León XIV a Francia, prevista del 25 al 28 de septiembre próximos, desatará una movilización popular fuera de lo común. Las 80.000 entradas para la vigilia con jóvenes en el Stade de France se agotaron en menos de una hora, y más de 200.000 personas se inscribieron ya para la misa masiva, en un entusiasmo que la prensa gala no ha dudado en comparar con la expectación que generaría una estrella del pop: “Como si fuera Beyoncé”, tituló Le Parisien sobre la espera de los jóvenes católicos franceses.
Sin embargo, detrás de estas cifras se esconde una paradoja muy francesa, según analiza la periodista Marie-Lucile Kubacki en un reportaje de la Agencia Fides. Francia sigue siendo, por los indicadores habituales, uno de los países más secularizados de Europa: solo el 1,8% de la población asiste a misa semanalmente, apenas el 6% de los bautizados católicos se declara creyente y practicante, y desde 2021 menos de la mitad de los franceses afirma creer en Dios. Entre los jóvenes, menos de una cuarta parte se identifica como católica, y más de un tercio de ellos no reza nunca. Pero ahora miremos en qué consiste la paradoja.
Una fe que “escapa a los radares”
Con todo, el reportaje advierte que estas estadísticas, tomadas de forma aislada, no reflejan adecuadamente la realidad: casi uno de cada dos franceses —más de 32 millones de personas— declara sentirse “vinculado al catolicismo”, y una parte significativa de la población sigue practicando gestos religiosos fuera del marco institucional: encender velas, visitar santuarios, rezar a la Virgen o a los santos, dejar intenciones escritas en las iglesias. Desde 2021, además, se observa un repunte inesperado de solicitudes de bautismo entre adultos jóvenes, justo cuando los bautismos infantiles llevan décadas en descenso.
El sociólogo Yann Raison du Cleuziou describe este fenómeno como el paso de un catolicismo “cultural dominante” a un “archipiélago católico”: una religiosidad popular fragmentada que las encuestas convencionales no alcanzan a captar, sostenida en parte por comunidades tradicionales y en parte por la fe traída por inmigrantes.
También es importante analizar el fenómeno de los “SBNR” (spiritual but not religious), jóvenes que abandonan las estructuras eclesiales pero mantienen búsquedas espirituales personales, a veces mezcladas con elementos de raíz cristiana.
El propio reportaje reportaje al sociólogo llama a la prudencia frente a dos tentaciones que distorsionan la lectura misionera de estos datos: por un lado, una “identitaria», que politiza el patrimonio católico para definir una esencia nacional excluyente; por otro, un “purismo espiritual” que pretende aislar el Evangelio de toda cultura. Según Raison du Cleuziou, ambas posturas son, en realidad, dos caras de la misma secularización.
La multitud que saldrá a las calles de París y a la explanada de Lourdes para aclamar a León XIV será, en definitiva, fruto de la historia compleja y abigarrada del catolicismo francés. Sin embargo, los hijos de la que Juan Pablo II llamó “hija primogénita de la Iglesia” siguen esperando, hoy como ayer, una palabra capaz de despertar en ellos el deseo de “hacer de su vida algo grande”: es decir, debajo del pasto, algo parece que está germinando en la tierra.
La visita papal, la quinta de León XIV al extranjero, incluirá encuentros con el Emmanuel Macron, un discurso en la UNESCO, vísperas en Notre-Dame, misa multitudinaria en los Campos Elíseos y la Plaza de la Concordia, una etapa mariana en Lourdes y la clausura en Metz, cuna de Robert Schuman. Todo un acontecimiento.






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