jueves, 01 de diciembre de 2022
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General de Villiers: Francia debe cambiar a modelos hacia lo bello, lo verdadero, lo bueno

Pierre de Villiers es una institución en Francia, lo sigue siendo, a pesar de haberle renunciado a Macron por discrepancias con él. Opiniones del católico militar.

Pierre de Villiers par Claude Truong Ngoc septembre 2015

Foto: Claude Truong Nogc en Wikipedia

Redacción (26/09/2022 16:32, Gaudium Press) Todavía quedan hombres con honra en la dulce y bella Francia.

Como el General Pierre de Villiers, toda una institución, católico, amado por sus soldados, padre de seis hijos, quien no pudo con ciertas disposiciones de Macron y por eso renunció al cargo de nada más nada menos que Jefe de Estado Mayor de la Defensa.

De familia vandeana – es decir, descendiente de esos heroicos que murieron luchado por Dieu et le Roi, y que fueron trucidados en uno de los peores genocidios que recuerden los tiempos modernos – es también hermano Philippe de Villiers, el político de derecha y fundador del famoso Puy du Fou,  para muchos el parque temático más interesante del mundo, entre otras razones por su excelente cobertura y profundización histórica, muy didáctica.

ReligiónEnLibertad hizo un reportaje sobre el militar, en el que resaltó algunos de sus pronunciamientos acerca del futuro del país y la amenaza que para él representa el islam radical, del cual extraemos apartes.

Ser católico es servir y entregarse

“La fe católica me fue transmitida en mi infancia con un sentido de servicio y entrega, que son sus elementos esenciales. Este es el camino hacia la verdadera felicidad que mis padres pudieron mostrarme”, dijo el general en entrevista con La Vie. Es orgulloso también de su misión como esposo y padre, y siempre tuvo claro que “la transmisión de la fe estaría en el corazón de nuestro hogar. Mi mayor orgullo hoy, mi alegría como padre, es que mis seis hijos han guardado el tesoro de su educación cristiana”.

No se cree ni “un gran espiritual ni un contemplativo: me acerco a Dios por la acción, en particular por relacionarme con los demás. Muy modestamente y por coherencia, siempre he tratado de encarnar mi fe practicando la caridad fraterna, con especial atención a los más frágiles, los heridos, los enfermos”.

“Personalmente, mi relación con Dios ha madurado en escenarios de guerra y en contacto con la muerte, los heridos y las familias en duelo. De Kosovo a Bataclan, pasando por Afganistán, una Palabra inspiró, apoyó, fortaleció mi compromiso: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13), afirma.

Lo preocupa la deriva y falta de reacción de su país al crecimiento y terrorismo yihadista. Por ejemplo, cuando del ataque a la catedral de la Asunción de Niza en el 2020, él declaró a Famille Chrétienne que era “un acto de guerra que tiene como objetivo la existencia misma de nuestra nación y nuestra civilización cristiana”. “A raíz de este acto atroz quiero decir: ¡ya está bien! Hay que tomar el control”, expresó.

Ataques como los ocurridos a la iglesias en Francia, o atentados como el asesinato del P. Hamel en el norte, no son mera casualidad sino porque “los católicos practicantes simplemente encarnan la civilización cristiana”. “Esta civilización es el objetivo preferencial de los terroristas islamistas que quieren imponer un nuevo modelo de sociedad en torno a la sharia. Están luchando contra el modelo occidental y su fundamento cristiano. El Estado Islámico ha sido derrotado, pero la ideología islamista todavía sueña con establecer califatos. Repito, su objetivo es borrar del mapa nuestra herencia judeocristiana”.

¡No se detendrán!”

Para el general es claro que los atentados “¡No se detendrán! Creer en una desaparición espontánea del terrorismo es un gran error analítico. Esta guerra debe librarse, y como cualquier guerra será larga y difícil”. “Estamos en una guerra real. Por tanto, debemos cerrar filas y reconstruir el crisol nacional para evitar que estos jóvenes que nos golpean sean cada vez más numerosos”. Por supuesto, también hay que trabajar diversos frentes como vivienda, educación, también seguridad.

Para el General de Villiers lo que hay que defender está contenido en la doctrina social de la Iglesia, esos son “nuestros valores”: “Confianza, fraternidad, coraje, perdón, benevolencia”.

Tiene él incluso una mirada hasta compasiva con los jóvenes que caen en las garras del yihadismo: Son chicos “sin esperanza que son presa fácil del salafismo y el islam radical”.

Pero en la actual situacion hay que mostrar la auctoritas:

“Significa poder elevarse a algo más grande que está más allá de nosotros. Por falta de autoridad, algunos jóvenes caen en la fascinación de una ideología en la que la barbarie no es un simple medio sino un fin. Depende de Francia saber ofrecer algo más. Yo propongo pasar de una sociedad de contramodelos a una de modelos que nos eleven hacia lo bello, lo verdadero, lo bueno”.

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