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‘He decidido ser santa’: la historia de Teresita, la joven madrileña, guapa y de fuerte carácter que murió a los 19 años

Guapa, alegre, deportista y mariana, María Teresa González-Quevedo y Cadarso sorprendió a todos cuando, con apenas 10 años, escribió en su diario: “He decidido ser santa”.

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Redacción (25/05/2026 17:02, Gaudium Press) Mientras el mundo entero vuelve la mirada hacia figuras juveniles de santidad como Carlo Acutis, también resurgen historias menos conocidas, pero muy conmovedoras, como la de la venerable María Teresa González-Quevedo y Cadarso, conocida cariñosamente como Teresita.

Era madrileña, alegre, de fuerte carácter y gran sensibilidad espiritual. Murió en 1950, con apenas 19 años, dejando tras de sí el testimonio de una joven que quiso entregarlo todo a Dios desde muy pequeña.

Una niña inquieta

Teresita nació en Madrid el Sábado Santo de 1930, en el seno de una familia acomodada y católica. Su padre era un reconocido médico y vivían frente al Palacio Real. Era la menor de tres hermanos y desde pequeña recibió una sólida formación cristiana.

En casa la llamaban ‘la venenita’, por ser testaruda e irascible. Su frase favorita en la mesa era: “No me gusta”. De niña, además, casi nunca pedía perdón. Pero poco a poco, la fe fue moldeando su corazón.

Cada noche, la familia se reunía a rezar el Rosario ante una imagen de la Virgen Inmaculada. Allí nació el gran amor de Teresita por María. El Rosario se convirtió en su oración favorita y, con apenas cinco años, corría emocionada a enseñárselo a la niñera y a la cocinera.

Durante la Guerra Civil Española, la familia tuvo que abandonar Madrid y refugiarse en Santander. Allí Teresita conoció a varios niños pobres que jugaban cerca de su casa. Al principio no quiso acercarse a ellos porque le molestaban sus manos sucias y sus malos modales. Cuando se lo contó a su padre, recibió una respuesta que la marcaría para siempre: “Esos niños son más pobres que el Niño Jesús y le rezan igual que lo haces tú”.

Aquellas palabras le cambiaron el corazón. Empezó a invitarlos a casa, les enseñaba a lavarse, les daba chocolate caliente y compartía sus juguetes con ellos. Desde entonces, cada pequeño sacrificio que hacía se lo ofrecía a la Virgen María.

Otro acontecimiento familiar también la ayudó a madurar, uno de sus tíos murió mártir durante la guerra y sus siete hijos quedaron huérfanos. Todos fueron acogidos por la familia Quevedo. Aquella convivencia enseñó a Teresita a pensar menos en sí misma y más en los demás.

Con apenas diez años, pidió permiso para asistir a unos Ejercicios Espirituales junto a chicas mayores que se preparaban para la Confirmación. Fue allí donde escribió en su diario una frase que envolvería toda su vida, “He decidido ser santa”.

Su amor a la Virgen era tan grande que comenzó a llamarla ‘mi madrecita’. A los 13 años ingresó en la Congregación Mariana de su colegio y eligió para su medalla una frase que resumía perfectamente su ideal de vida: “Madre mía, que quien me mire, te vea”.

También escribió esta hermosa oración de consagración: “Oh dulce Virgen María, Madre mía, hoy me ofrezco completamente a vos. Os pido le deis mi cuerpo, mis ojos, oídos y lengua, mi alma y corazón a Jesús. Soy toda vuestra, santa Madre de Dios. ¡Guárdame! Amén”.

Teresita no era una muchacha apartada del mundo. Le encantaba salir con amigos, ver películas, practicar deportes y vestir bien. De hecho, llegó a ser capitana del equipo de baloncesto y fue premiada como “la mejor vestida”.

Su película favorita era The Song of Bernadette. Sin embargo, mientras crecía, también maduraba en ella una entrega cada vez más radical a Dios. El día de la Inmaculada Concepción, con 15 años, escribió en una estampita dirigida a la Virgen: “Santísima Madre, hoy solemnemente prometo vivir santa y castamente para siempre. Mi único deseo es seros a vosotros, Jesús y María, del mayor agrado”. Una de sus amigas comentó alguna vez que pensaba disfrutar primero de la vida y entrar al convento cuando fuera mayor “para asegurarse el cielo”. La respuesta de Teresita fue inmediata: “¡Qué tacaña y egoísta! ¡Cómo que te crees que Jesús te va a admitir ya achacosa, cuando hayas ofrecido lo mejor de tu vida al mundo! Jesús tiene mejor gusto, y quiere como ofrenda la juventud con sus alegrías y sus ilusiones”.

“Cada día soy más feliz”

En sus cartas, Teresita dejaba ver su gran alegría. En una dirigida a su tía Irene escribió:  Cada día soy más feliz. ¡Nuestro Señor me ha amado tanto! Por esta razón quiero ser muy generosa y no negarle nada de lo que me pida”.

Aunque muchos jóvenes se sentían atraídos por su belleza, ella tenía claro su camino. Soñaba con ser misionera, ir a China y entregar su vida completamente a Cristo. En mayo de 1947 brotó de su corazón una súplica que la sorprendió incluso a ella misma: “¡Madre mía, dame vocación religiosa!”. Después, asustada, confesó a una amiga: “¡Mira que si la Virgen me la da de verdad!”. Pero la llamada era auténtica. Tras hablar con su director espiritual y con una tía religiosa, decidió ingresar en las Carmelitas de la Caridad de Vedruna. Eligió una fecha muy especial: el 23 de febrero de 1948. Quiso ese día porque 2+3=5, el número de letras de MARIA. Además, pidió a la Virgen que nevase ese día porque le encantaba la nieve. Aunque no había pronóstico, Madrid amaneció cubierto de blanco.

Muy poco tiempo después de entrar al convento, comenzaron los problemas de salud. Una extraña fiebre reveló una pleuresía aguda. En su diario escribió: “Durante la Comunión, tenía tantas ganas de entregarme completamente a Jesús para demostrarle cuánto quería amarlo, que me ofrecí como víctima para que hiciera de mí lo que quisiera”. A una compañera le dijo también: “Para ser santa el primer paso es la confianza, y después abandonarse en manos de la Virgen, para que Dios haga lo que quiera…”.

En enero de 1950 sufrió un fuerte dolor de cabeza. Su padre, médico, le diagnosticó meningitis tuberculosa. Ya no había esperanza humana. Sin embargo, Teresita reaccionó con serenidad y alegría. Su maestra de novicias le preguntó un día: “Pero, si tú no has ganado el cielo, ¿cómo vas a conseguirlo tan pronto?”. Y ella respondió con sencillez: “¡¡Claro que no me lo he ganado!! Pero me lo regalan; ya sabes tú lo del Buen Ladrón. Si Jesús y María me lo quieren regalar, ellos son muy dueños”.

“Madre mía, ven a recibirme”

Durante sus últimos días, el sufrimiento físico fue enorme, pero nunca dejó de rezar ni de repetir jaculatorias marianas. Entre dolores decía: “¡Jesús, te amo por los que no te aman!… ¡Madre mía! ¡mil veces morir antes que ofenderte!”.

Finalmente, el 8 de abril de 1950, Sábado Santo del Año Jubilar, tras recibir la Eucaristía y profesar sus votos religiosos “in artículo mortis”, pronunció sus últimas palabras:“¡Madre mía, ven a recibirme… y llévame contigo al cielo!”.

Murió con apenas 19 años.

La causa de beatificación de Teresita avanzó rápidamente y fue declarada venerable por Juan Pablo II el 9 de junio de 1983.

Su tumba se encuentra en el convento de las Carmelitas de la Caridad de Vedruna, en Carabanchel Bajo, Madrid, donde cada día llegan personas que le encomiendan enfermedades, problemas familiares y necesidades personales.

En 2023, decenas de jóvenes estadounidenses que regresaban de la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa visitaron su sepulcro, atraídos por el ejemplo de esta joven española que, como Carlo Acutis, comprendió desde muy pequeña que la santidad no era algo lejano ni reservado a unos pocos.

Porque Teresita, con su carácter fuerte, su alegría contagiosa y su amor inmenso por la Virgen, demostró que también una adolescente moderna podía repetir con toda verdad: “He decidido ser santa”.

Cronología de su vida:

1930: Nace el día 14 de abril. El día 20 fue su bautismo.

1938: Primera comunión el día 29 de julio.

1939: Confirmación el día 9 de noviembre.

1944: El 14 de diciembre forma parte de la Congregación Mariana.

1948: El 23 de febrero, ingresa en la Congregación de Carmelitas de la Caridad, en el noviciado de Madrid-Carabanchel. Eligió el día 23 porque 2+3=5 (las letras de MARIA). Pidió a la Virgen que ese día nevase porque le gustaba mucho la nieve y, aunque el día anterior no pronosticaba nada, el día 23 Madrid se levantó con una capa de nieve.

1950: El 20 de enero, siendo novicia, cae gravemente enferma.

1950: El 24 de enero, hace su profesión “in artículo mortis”.

1950: El 8 de abril, sábado santo, muere en concepto de santidad. La causa de su fallecimiento fue una meningitis tuberculosa.

1967: El 25 de abril, se introduce la causa en Roma.

1983: El 9 de junio el Papa Juan Pablo II (hoy San Juan Pablo II), la declara venerable y el 13 de diciembre se hizo su lectura pública en Madrid.

Con información de Religión en Libertad

 

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