domingo, 12 de julio de 2020
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Hoy celebramos a San Guillermo Abad, fundador, taumaturgo, ermitaño, monje, inmaculado en la pureza

Es San Guillermo Abad un santo de la gran edad media, con todo lo que esto implica de fe pura, de grandeza.

Newark (25/06/2020 06:57, Gaudium Press) Es San Guillermo Abad un santo de la gran edad media, con todo lo que esto implica de fe pura, de grandeza. Nace en Vercelli –norte de Italia– en el año 1085, y es poco conocida su infancia y juventud. Es el fundador de los Monjes de Montevirgen.

A los monjes que trataban de imitar su vida les decía:

Es necesario que mediante el trabajo de nuestras manos nos procuremos el sustento para el cuerpo, el vestido aunque pobre y medios necesarios para poder socorrer a los pobres. Pero ello no debe ocupar todo el día, ya que debemos encontrar tiempo suficiente para dedicarlo al cuidado de la oración con la que granjeamos nuestra salvación y la de nuestros hermanos”: la primacía de lo sobrenatural, de la gracia, la búsqueda de la gracia y la protección del cielo antes que nada.

Siendo joven hizo una peregrinación a Santiago de Compostela, lo que era una de las grandes tradiciones penitenciales cristianas de entonces, y gracias a Dios aún lo sigue siendo. Sólo que este joven peregrino iba cargado de cadenas, apenas comía, era una figura desoladora que se arrastraba por el camino. Pero como las cadenas eran visibles, y siguiendo el dictamen evangélico quería que los hombres no se enteraran de su penitencia, pidió a un caballero una coraza y un casquete para que sus sacrificios solo fueran contemplados por Dios.

En la corte los mundanos se reían a costa del ‘extraño’ Guillermo, de sus excentricidades, de sus locuras. Y entre los burlones había una mujer de vida deshonesta que al escuchar que se decía que era virtuoso, prometió a los cortesanos que lo haría caer en pecado.

Se arregló la dama, se emperifolló, y fue a visitar al santo. Este la recibió de forma simpática, tuvieron larga conversación, y la mujer ya estaba cantando victoria. Regresa a la corte, cuenta a los mundanos de forma anticipada la derrota de la virtud del santo, pues había quedado de encontrarse con él esa noche.

Efectivamente ella fue, y el santo, amable, la invitó a recostarse junto a él en el “lecho nupcial” que había preparado, que no era sino una extensión de brasas y llamaradas, sobre las cuáles se arrojó Guillermo. Inés vio estupefacta que las llamas no tocaban al santo, sintió el poder de Dios y de la santidad, percibió la vergüenza de su pecado, sufrió el dolor de la conciencia, y comenzó desde ahí una vida de penitencia que la llevó a la vida religiosa, en la cual murió santamente.

Cuentan tradiciones que un lobo devoró un día el asno del santo, y que en su inocencia San Guillermo lo reprendió, tornándolo su manso amigo.

Su legado fue la fundación del Monasterio de Montevergine, cuyo halo representaba un apelo a la conciencia y un llamado a la conversión de todos los que estaban transitando la vía hacia el infierno. Pero sobre todo era el aura de virtud de San Guillermo, lo que hacía que todo tipo de hombres abandonaran su mala vida, y que muchos incluso se volvieran monjes.

Era su monte, el monte de su monasterio, el Monte de la Virgen, un verdadero Tabor desde el cual partían benéficos rayos para la conversión de toda esa región.

Murió nuestro santo el 25 de junio de 1142.

Con información de Catholic.net.

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