domingo, 09 de agosto de 2020
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Hoy celebramos al Beato Urbano II, el que convocó las cruzadas

Nace Urbano II por vuelta de 1042, con el nombre de Otto, de una familia de caballeros en Châtillon-sur-Mame.

Redacción (28/07/2020 07:25, Gaudium Press) La vida de Urbano II tiene ese tonus de lucha constante que caracteriza muchas vidas medievales.

Nace Urbano II por vuelta de 1042, con el nombre de Otto, de una familia de caballeros de Châtillon-sur-Mame, en la Champagna francesa, y por eso se le conocía como Otto u Odón de Châtillon. Muere el 29 de julio de 1099, es decir, pocos días después de la llegada de los cristianos de la Primera Cruzada a Jerusalén que ocurrió el 7 de junio de 1099, después de tres años de camino. Jerusalén cae en poder de los cristianos el 15 de julio de ese año, por lo que Urbano II no pudo saber que su convocatoria había sido coronada con el éxito. Veamos.

Educación

Tuvo la gracia de que sus estudios en Reims fueron supervisados por un santo, San Bruno, que fue luego fundador de los cartujos. Allí fue canónigo y archidiácono.

Pero atraído por la vida monacal fue al monasterio de Cluny, y ahí se hizo religioso, siendo abad otro santo, San Hugo. Bendita Edad Media francesa, tierra y época de santos.

Pero resulta que San Gregorio VII Papa estaba empeñado en la reforma de la Iglesia, y para ello pidió al abad San Hugo que le enviara monjes que lo ayudaran en esa tarea. San Hugo pensó en el monje Otto.

Rápidamente el Papa Santo vio el valor del monje, y en 1078 fue creado Cardenal Obispo de Ostia, además de tenerlo como su principal consejero.

Fue legado papal en Francia y Alemania, y mientras estuvo en Sajonia colocó en cargos importantes a gente fiel al Papa Gregorio. Recordemos que nos encontramos en plena confrontación de las investiduras, la lucha entre el emperador Enrique IV y San Gregorio VII.

Muerto San Gregorio lo sucede Víctor III, pero cuando este fallece los obispos saben que tanto Gregorio VII como Víctor lo habían indicado a él como sucesor, y el 12 de marzo de 1088 los obispos reunidos en Terracina lo eligen por unanimidad como Papa, asumiendo el nombre de Urbano II.

Lucha interna en la Iglesia

Sin embargo, el emperador Enrique IV no deseaba una Iglesia fiel a su peor enemigo Gregorio VII y por ello apoyaba con todas sus fuerzas al antipapa Guiberto. Solo apoyaban en el campo civil al Papa los Normandos, pero con frecuencia estos se encontraban en guerra civil.

Roma en manos de las fuerzas imperiales, pero el Papa sostenido por la fe en Cristo, vuelve y excomulga el emperador, y también excomulga al antipapa títere del emperador. Esta vez tropas fieles al Papa vencen y Urbano II puede entrar a Roma.

Urbano II va al sur de Italia, convoca concilio en Melfi, y allí se promulgan decretos contra el matrimonio clerical y contra la simonía, es decir la compra o venta de bienes espirituales con objetos materiales.

Pero cuando los romanos, volubles, se enteran que las tropas imperiales tienen éxito en contra de las tropas de la condesa Matilde de Canossa – amiga del papado –, se vuelven contra Urbano II, y llaman al antipapa Guiberto para que ocupe el trono de Pedro. Esto hace que Urbano II tenga que vagar en el exilio por el sur de Italia, durante cerca de tres años, donde por lo demás seguía gobernando la Iglesia, promulgando decretos para favorecer la disciplina eclesiástica; continuaba celebrando concilios.

Pero la suerte cambió para las tropas del emperador disoluto Enrique IV, que sufrieron represión de las de Matilde de Canossa. Se dice que el propio hijo de Enrique IV, Conrado, viendo con horror la depravación de su padre, se pasó al bando de la condesa Matilde. La caída de la estrella de Enrique IV permitió el regreso de Urbano II a Roma.

Concilios de Piacenza y Clermont

Luego Urbano II celebró un concilio en Piacenza, donde ayudó a una esposa de Enrique IV que había sido tratada con injusticia por ese hombre. También allí convocó al Rey de Francia que se había juntado de forma adulterina con la esposa de Fulques de Anjou. El rey se excusó, el Papa le concedió una prórroga, pero quedaba claro quien era el monarca universal en materia espiritual. En este concilio de Piacenza, Urbano II empezó a hablar de cruzadas.

Vino luego el Concilio en Clermont, a finales del año 1095. Ya antes, el emperador romano de Oriente Alexius I había pedido ayuda al Pontífice para enfrentar a los turcos seljúcidas, que amenazaban al imperio de Constantinopla.

En Clermont, estaban reunidos 13 arzobispos, 235 obispos, y más de 90 abades, es decir un grandísimo número de autoridades de la Iglesia en torno a su Papa. Después de ratificar con decretos propios todas las medidas contra la simonía, las investiduras y el matrimonio clerical, después de excomulgar al rey de Francia por adulterio (después el rey francés se arrepentiría y despediría a la adúltera), se decidió que un ejército de caballeros cristianos iría a Tierra Santa a rescatar el sepulcro de Jesucristo en manos de los sarracenos. Esta también era una empresa de ayuda de todas las Iglesias de oriente amenazadas o sojuzgadas por los musulmanes. Nació entonces lo que el mundo hoy conoce como cruzadas.

Regresa Urbano II a Roma en 1097, ayudado por lo que eran ya ejércitos cruzados, pues otra vez la Ciudad Eterna estaba en manos del antipapa, pero estos soldados disciplinados causaron terror en los partidarios de Guiberto.

En octubre de 1098 celebra un concilio en Bari y luego en abril de 1099 celebra Urbano II su último concilio en la propia Roma, donde nuevamente convocó el apoyo a los cruzados que ya estaban llegando a Jerusalén. Muere en julio.

León XIII lo beatifica el 14 de julio de 1881.

Con información de Aciprensa

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