domingo, 27 de septiembre de 2020
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Hoy celebramos vida y muerte de San Eleazar, doctor de la ley, que prefirió el martirio a simular que incumplía la ley de Dios

Era Eleazar un escriba y doctor de la ley, en el S. II antes de Jesucristo. Sus hechos so

Redacción (12/08/2020 06:39, Gaudium Press) Hoy conmemoramos la vida y muerte de San Eleázar, que fue martirizado porque a su anciana edad no quiso simular que incumplía la ley.

Era Eleazar un escriba y doctor de la ley, en el S. II antes de Jesucristo. Cuentan los libros de los Macabeos (1 Macabeos 1:57-63; 2 Macabeos 6:18-31) que “Eleazar era de los principales especialistas en explicar al pueblo la Ley del Señor. Era varón de avanzada edad y de muy noble aspecto. Los enviados del impío rey Antíoco, querían obligarlo a desobedecer la santa ley de Dios, pero él prefiriendo una muerte honrosa a una vida infame, dispuso marchar voluntariamente al suplicio del apaleamiento, después de rechazar valientemente todo lo que iba contra las leyes santas”.

El siniestro Antíoco

Se trataba del rey Antíoco IV de Siria, de la dinastía seléucida, que saqueó Jerusalén, quiso suprimir la religión judía, haciendo que se adorasen los dioses-demonios griegos, y que se incumplieran las normas judías.

Los que estaban encargados de obtener que los israelitas renunciaran a sus antiguas y sagradas costumbres, lo invitaban a simular que sí hacía lo que la ley prohibía, aunque no lo hiciera, para que obrando así se librara de la muerte y por su antigua amistad con ellos alcanzara benevolencia y buen trato.” Eran los ‘amigos’ los que querían que Eleazar prevaricara; pero Eleazar se mantuvo firme.

Desde niño fue cumplidor de la ley divina. En su vejez el roble también se mantuvo sólido y pidió que mejor lo enviaran a la muerte, en vez de hacerle propuestas que iban en contra de su conciencia.

No quiso atraer infamia a su vejez

Pronunció entonces estas sublimes letras: “A mi edad no es digno fingir hacer lo malo, aunque lo que se haga sea bueno. Porque después muchos jóvenes, creyendo que Eleazar a los 90 años se ha pasado a las costumbres de los que no tienen ninguna religión, se podrán desviar, y yo por haber simulado lo que no era cierto con el pretexto de conservar el poco tiempo de vida que aún me queda atraería deshonra e infamia a mi vejez. Porque aunque yo lograra en el presente librarme de los castigos de los hombres, ni vivo ni muerto podré librarme de los castigos que Dios tiene reservados para los que van contra su santa Ley. Por eso al sacrificar ahora valientemente la vida, me mostraré digno de mi ancianidad, dejando a los jóvenes un ejemplo noble, al morir generosamente, con valentía y nobleza, por defender las leyes de nuestra sagrada religión”.

Partió entonces Eleazar al suplicio. Los que antes habían querido endulzarle el oído, ahora lo trataban con dureza. Así es el demonio, que primero intenta encantar, pero que cuando no lo consigue, aúlla y grita, pero nada puede delante de la gracia de Dios. Eleazar fue entonces apedreado.

Cuando estaba siendo martirizado proclamó: “El Señor Dios que posee la ciencia santa, sabe muy bien que yo pudiéndome librar de la muerte, soporto por su amor los crueles dolores que produce en mí este apaleamiento, pero en mi alma lo sufro con gusto porque se trata de demostrarle a mi Dios cuanto lo quiero y lo estimo”.

Con información de Catholic.net

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