sábado, 15 de agosto de 2020
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Hoy conmemoramos al gran San Buenaventura, doctor de la Iglesia, Cardenal, superior de los Franciscanos, y un alma admirativa

Poco se sabe de sus primeros años, sólo que nace en Bagnorea-Italia, tal vez en 1217, y tenía como nombre de pila Giovanni Fidanza.

Redacción (15/07/2020 07:18, Gaudium Press) Celebramos hoy al gran San Buenaventura, porque es hoy la memoria de su inhumación.

Poco se sabe de sus primeros años, sólo que nace en Bagnorea-Italia, tal vez en 1217, y tenía como nombre de pila Giovanni Fidanza.

Entra a la orden del seráfico padre San Francisco, y luego va a estudiar en la Universidad de París, teniendo como tutor al famoso Alejandro de Hales.

El alumno de Hales es brillante y él mismo se torna instructor en su alma mater, de teología y Biblia, entre 1248 y 1257.

Muy escrupuloso, hacía que la visión de sus pecados le impidiese acercarse a la comunión, hasta que un día un milagro del Señor le quitó ese mal.

Va a estudiar a París

Estando en París, compuso su famoso “Comentario sobre las Sentencias de Pedro Lombardo”. Escribió también su tratado “Sobre la vida de perfección”, destinado a la beata Isabel de Francia, hermana de San Luis Rey. Maravillosos tiempos estos, de profesores santos, escritores santos, princesas santas y reyes santos. Es también digna de mención su obra Itinerariuim mentis in Deum (El Itinerario de la mente a Dios), magnífico escrito de contemplación.

No tenía aún 36 años cuando fue elegido superior de los Franciscanos, asumiendo la dirección de la orden en el momento en que había una gran división entre quienes querían aliviar un tanto la regla y los que predicaban inflexibilidad. El aún joven superior escribió a los provinciales exigiendo perfecta observancia de la regla y poner a los relajados en orden, pero evitando que se cayese en un rigorismo farisaico.

Presidió cinco capítulos generales de la comunidad franciscana, en los que San Buenaventura influyó mucho en los destinos de la comunidad. Comenzó este gran doctor a escribir la vida de San Francisco de Asís. Y estando en estas labores lo fue a visitar el gran Santo Tomás, que al verlo en su celda sumido en la contemplación se retiró, profiriendo esta bella frase: “Dejemos a un santo trabajar por otro santo”.

Fueron 17 los años en que gobernó su orden, y por ello se le llama de segundo fundador.

Renuente a las honras

Famoso ya en el mundo católico, Clemente IV lo quiso hacer arzobispo de York, una gran dignidad, pero nuestro santo disuadió de ello al Papa. Sin embargo, Gregorio X lo hace Cardenal obispo de Albano, y le obliga a aceptar el cargo. Se le encomienda que preparara los asuntos a debatir en el Concilio ecuménico de Lyon.

Vivía de forma eximia los consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad. Se le conoce como “Doctor Seráfico” por la virtud que impregnaba su ciencia, una virtud que parecía angélica.

Estando en las labores del Concilio de Lyon, muere San Buenaventura, la noche del 14 al 15 de julio de 1274.

Hace el panegírico del santo, un dominico que después sería Papa, Inocencio V. Dijo de él en la homilía: “Cuantos conocieron a Buenaventura le respetaron y le amaron. Bastaba simplemente con oírle predicar para sentirse movido a tomarle por consejero, porque era un hombre afable, cortés, humilde, cariñoso, compasivo, prudente, casto y adornado de todas las virtudes”.

Fue canonizado en 1482, y hecho Doctor de la Iglesia en 1588.

Con información de Catholic.net

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