domingo, 12 de julio de 2020
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Hoy la Iglesia celebra a San Marcelino sacerdote, y San Pedro exorcista, mártires, poderosos protectores

Estando encarcelados, dijeron al encargado de la prisión que si él y su familia se convertían, su hija quedaría liberada del espíritu maligno que la poseía.

Redacción (02/06/2020 07:02, Gaudium Press) Hoy la Iglesia celebrahoy  la memoria de San Marcelino sacerdote, y San Pedro exorcísta, mártires (año 304) bajo la persecución de Diocleciano, que fue llamada la Gran Persecución, yque es la última pero la más violenta de todas las arremetidas de los emperadores romanos contra el cristianismo.

San Marcelino era un presbítero que gozaba del afecto de muchos romanos. San Pedro era no más que un cristiano fervoroso, pero que tenía el carisma exorcístico, el poder de expulsar demonios.

Denunciados como cristianos, que en esos días eran peor que los parias, fueron a dar a la cárcel. Pero allí, tomados por la fuerza del Espíritu Santo, se dedicaron a predicar, a evangelizar y alcanzaron éxito en su misión.

Prometen que el demonio dejará de atormentar a la hija de su carcelero

Se narra que incluso le prometieron a su carcelero, que tenía una hija que estaba atormentada por el demonio, posesa, que si se convertía él y su familia al cristianismo, la niña quedaría liberada de ese dominio del maligno. Así lo hizo Artemio, que así se llamaba el carcelero, junto con su esposa Cándida, y su hija Paulina, la cual quedaría sana.

Finalmente llegó el día de la ejecución, pues Dios no les quiso ahorrar a estos hombres la muerte honrosa por Cristo. Fueron ellos llevados a un lugar conocido como la “Selva Negra”, lugar oculto y en secreto, para que los cristianos no pudieran luego tomar sus cuerpos. Tuvieron que incluso limpiar el lugar por donde correría luego su sangre. Pero el propio verdugo quedó tan conmovido con la digna muerte de estos dos hombres, que un día contó donde estaban sepultados.

Fueron pues los cristianos, rescataron los cuerpos y finalmente se les dio sepultura cristiana. En el sitio de su martirio, el emperador Constantino edificó una basílica, que era un lugar cercano al lugar donde reposaban los restos de su madre, Santa Helena, antes de que por orden del mismo emperador fueran llevados a la nueva sede de su imperio, Constantinopla.

Los nombres de los mártires Marcelino y Pedro fueron introducidos por el Papa Virgilio en el canon romano de la Misa.

El Papa Gregorio IV obsequió los restos de estos mártires a Eginhard, biógrafo de Carlomagno. Finalmente, los cuerpos fueron depositados en el monasterio de Selingestadt, a 22 kilómetros de Frankfort. En el traslado de estas reliquias, se narra que ocurrieron varios milagros.

Y por ello la gente adquirió la costumbre de rezar: “Marcelino y Pedro, poderosos protectores, escuchad nuestras oraciones”.

Con información de EWTN y Catholic.net

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