viernes, 27 de noviembre de 2020
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La conversión debe ser hoy, no mañana, dijo el Papa

En el Ángelus Francisco comentó la parábola de las vírgenes necias.

Ciudad del Vaticano (09/11/2020 18:06, Gaudium Press) En el rezo del Ángelus ayer, en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco meditó en el Evangelio del día, que trata de las vírgenes necias y las vírgenes prudentes. Continuaba así sus reflexiones sobre la vida eterna, iniciadas el fin de semana anterior.

Así resumía el Pontífice el Evangelio:

En tiempos de Jesús existía la costumbre de que las bodas se celebraran de noche; por lo tanto, el cortejo de los invitados debía hacerse con las lámparas encendidas. Algunas damas de honor son necias: toman las lámparas, pero no llevan consigo aceite; las prudentes, en cambio, junto con las lámparas también llevan aceite. El novio tarda, tarda en llegar y todas se adormentan. Cuando una voz advierte que el novio está llegando, las necias en ese momento se dan cuenta de que no tienen aceite para sus lámparas; se lo piden a las prudentes, que responden que no pueden darlo, porque no sería suficiente para todas. Mientras las necias van a comprar aceite, llega el novio. Las muchachas prudentes entran con él en el salón del banquete y se cierra la puerta. Las otras llegan demasiado tarde y son rechazadas.

En esa parábola Jesús “quiere decirnos que debemos estar preparados para el encuentro con Él”, pero “no solo para el encuentro final, sino para los pequeños y grandes encuentros de cada día, en vistas de ese encuentro”.

“ ‘Sí… más adelante me convertiré…’ ¡Conviértete hoy! ¡Cambia tu vida hoy! ‘Sí, sí… mañana’. ¿Es lo mismo decir ‘mañana’? Si queremos estar preparados para el último encuentro con el Señor, debemos cooperar con él a partir de ahora y realizar buenas acciones inspiradas en su amor”, expresó Francisco.

Debemos vivir en función del encuentro con Cristo

Pero resulta que a veces perdemos el “sentido de la espera”, dijo Francisco, de la expectativa del encuentro con Cristo. Por eso es necesario vivir “el hoy que va hacia el mañana”, es decir, hacia el encuentro con Dios.

Y el Señor también puede venir mientras dormimos – concluyó. Pero esto “no nos preocupa, porque tenemos la reserva de aceite acumulada con las buenas obras de cada día, acumulada con aquella espera del Señor”.

“Invoquemos la intercesión de María Santísima, para que nos ayude a vivir, como ella, una fe activa: ella es la lámpara luminosa con la que podemos atravesar la noche más allá de la muerte y alcanzar la gran fiesta de la vida”.

Con información de Vatican News

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