En su última Audiencia General antes del receso de verano, el Papa destacó la unidad entre la Liturgia de la Palabra y el Pan Eucarístico como fuentes de renovación para los cristianos.
Redacción (24/06/2026 10:10, Gaudium Press) Este miércoles 24 de junio, durante su última Audiencia General antes del receso de verano, el Papa León XIV retomó el ciclo dedicado a los documentos conciliares. Ante miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre disertó sobre la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la Liturgia, resaltando la influencia de San Agustín en este texto.
Para los cristianos, participar en la Cena del Señor significa, en efecto, «ser instruidos por la Palabra de Dios; alimentarse en la mesa del Cuerpo del Señor; dar gracias a Dios». Es al recibirlo en su Palabra y en la Eucaristía que nos convertimos en lo que recibimos. Nos convertimos en el Cuerpo cuya Cabeza es Cristo resucitado, sentado a la derecha del Padre, quien nos prepara un lugar en el cielo —subrayó el Pontífice—.
La Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística están íntimamente ligadas
León XIV explicó entonces que la Eucaristía es «el sacramento del Reino venidero», es el Pan del camino, que nos conduce a la Patria celestial. Es nuestra forma de sacrificio espiritual, en cuanto camino de unión con Dios y de unión recíproca. Al participar en ella, aprendemos a ofrecernos y a adoptar el estilo de vida de Nuestro Señor Jesucristo, marcado por la entrega gratuita.
Este don nos permite entrar en la dinámica de la unidad, «que ofrece un poderoso antídoto contra los fermentos de la división que socavan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestros corazones». El Papa aseguró que la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística están íntimamente ligadas, hasta el punto de formar un solo acto de culto, pues en la Santa Misa se nos invita a escuchar la Palabra de Dios y a nutrirnos en la mesa del Señor.
La Palabra de Dios y el Pan Eucarístico nos nutren y alimentan
Respecto a la Palabra de Dios, el Santo Padre enfatizó que no se trata solo de adquirir conocimiento intelectual de las Sagradas Escrituras, sino de recibir la Palabra «viva y eficaz», dirigida por Dios a todos y, al mismo tiempo, a cada uno. Y que esta Palabra, junto con el Pan Eucarístico, nos nutre y alimenta, conduciéndonos de la decadencia del pecado a una nueva vida en Cristo.
Finalmente, León XIV aclaró que el Concilio Vaticano II pidió a los fieles que estuvieran bien preparados para recibir «los tesoros de la Biblia». Y que, a través del Leccionario, libro que reúne todas las lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas, se combinaba la «fidelidad a la tradición» con la «apertura al progreso legítimo». «Bebamos con fe de esta fuente de vida divina y dejémonos transformar por el misterio que celebramos», concluyó. (EPC)






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