miércoles, 25 de noviembre de 2020
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La vía del ‘flash’: camino con el que Dios quiere hacer apostolado con la ‘generación del instinto’

Un día Plinio Corrêa de Oliveira encontró el ‘ojo de la cerradura’ para tratar a las nuevas generaciones.

Redacción (22/10/2020 18:27, Gaudium Press) En nota pasada, caminamos de la mano del Dr. Plinio Corrêa de Oliveira en la descripción de cómo los instintos han ido tomando cuenta del hombre de nuestros días, y han desplazado a la lógica y la voluntad del control del ser.

Ahora intentaremos dar unas pinceladas sobre la forma como el Dr. Plinio descubrió que la Divina Providencia quería que se hiciese apostolado con este – por así decir – nuevo tipo de alma.

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Decía el Dr. Plinio que el deseo de las más recientes generaciones, de tener un contacto privilegiado con las cosas sensibles, era de cierto modo comprensible.

“Conforme explicitó [el Dr. Plinio] en una ocasión, las generaciones que precedieron a la nueva, influidas por el espíritu cartesiano muy en boga en Occidente, tenían la tendencia a sobrevalorar el raciocinio en detrimento de la observación de la realidad palpable”, (1) según explica Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP, en su biografía del Dr. Plinio.

Un movimiento pendular

Para las generaciones antiguas “en comparación con el raciocinio, la observación de la realidad sería algo de segunda clase”.

Sin embargo, y por un movimiento pendular, la hipertrofia del raciocinio, hizo que las generaciones más recientes se revelaran contra ese método de estudio y pensamiento, y se negaran “a asimilar la doctrina en estado puro y seco”. “Ellos sí que esperaban oír de sus maestros ejemplos concretos, descripciones de ambientes y episodios históricos”.

Los conceptos para las nuevas generaciones, no valían mucho si no venían arropados por hechos y seres concretos, ‘materiales’ diríamos.

Cuando Dr. Plinio hacía conferencias a jóvenes, a veces les preguntaba que era lo que les había atraído, “y la respuesta, por lo general, no se refería al núcleo del tema doctrinal desarrollado, sino a un aspecto secundario, como algún ejemplo o metáfora. Su asombro fue enorme, pero inmediatamente se adecuó al nuevo estilo, según relató años después: ‘¡La adaptación que tuve que hacer fue colosal! Estábamos en otro planeta, con otra humanidad…’ ”

Eran los ejemplos, es decir la doctrina con carne, eran las metáforas, es decir figuras literarias ‘materiales’ las que podían suscitar el entusiasmo de las nuevas generaciones.

“Sin embargo – cuenta Mons. João, junto a esta sorpresa discernió también que había una acción de la Providencia en aquellas almas. ‘De repente, tenían un flash sobre un asunto colateral. Una centella no planeada, surgía de lo que yo decía, encendía una hoguera y daba un buen resultado. Y me daba cuenta de que había contribuido para ello una operación de la gracia, puesto que ellos mejoraban’. El Dr. Plinio había encontrado el ‘ojo de la cerradura’ de la generación de los ‘enjolras’ [ndr. jóvenes]. Pero entonces ¿qué era el flash?”.

“El Dr. Plinio llamaba ‘flash’ casi exclusivamente a ciertas gracias actuales de orden místico, repentinas y pasajeras (…): ‘Así como en el momento de sacar una fotografía sale una luz intensa y el objetivo [de la cámara] capta lo que sin esa luz no captaría, así también esta gracia actúa a la manera de un flash, haciendo que el objetivo de nuestra alma vea y grabe aquello que, normalmente, no vería ni grabaría”.

Un ejemplo

Mons. João – aplicando la doctrina del flash – pone un ejemplo de cómo actúa:

“Una persona, por ejemplo, se encuentra en una iglesia al comienzo de una celebración. Inesperadamente, diversos factores del ambiente parecen conjugarse para ejercer sobre ella un efecto emocional de gran intensidad. Repican las campanas, vibran los acordes del órgano y las voces del coro, el incienso se eleva y los rayos del sol penetran generosamente por los vitrales. La escena es habitual y no se reviste de excepcional solemnidad, pero, en esa circunstancia específica, quien está allí, de repente se siente transportado a un universo superior, como si viese reflejos de algo que jamás imaginó que iba a poder contemplar en este mundo. Para ella, el templo brilla como si fuera un espejo del Paraíso Celestial. La respiración se vuelve casi jadeante y las lágrimas corren. Al final, al retirarse de allí, no sabe explicar lo que ocurrió, pero tiene la impresión de haber sido acariciada por Alguien que la ama sin límites”.

Una vía que es mística

Es decir, a partir de la contemplación de una realidad, como el interior de una iglesia, Dios se comunicaba al alma de un modo especial: “Dios entra en contacto directo con el alma, poniéndola en un arrebatamiento”, expresa Mons. João, arrebatamiento que la mueve a practicar la virtud, pues ilumina la inteligencia y fortalece la voluntad. “En efecto, en esos instantes el alma alcanza un alto estado de unión con Dios, característico del don de la sabiduría. El Dr. Plinio mostraba cuánto consideraba esta gracia mística como uno de los mayores beneficios que se pueden recibir de la Providencia.”

Y cuando pasan los ‘flashes’, tenidos por ejemplo al contemplar un atardecer, el rostro de una persona virtuosa, un hecho de la vida de un santo, ¿qué hacer? Es preciso cultivar esa gracia “por el recuerdo. Una vez pasado el entusiasmo sensible, el ‘flash’ ‘deja en el alma un consuelo y un perfume’, como explicaba el Dr. Plinio. Es el momento de sacarle provecho, dándole valor e importancia, procurando profundizar su significado y fijar su recuerdo. Y recomendaba. ‘Entre un flash y otro, debemos hacer el esfuerzo de recordar el último asiduamente, de manera que nuestra vida pueda estar continuamente iluminada por los flashes que tuvimos”.

Es un nuevo camino espiritual, perfectamente adecuado a la ‘generación del instinto’, camino dependiente totalmente de la gracia de Dios, es cierto, por que los flashes no son sino gracia. Pero Dios no nos niega su gracia ni sus flashes.

Por Saúl Castiblanco

(1) Mons. João Scognamiglio Clá Dias, EP. El Don de la Sabiduría en la mente, Vida y Obra de Plinio Corrêa de Oliveira. Tomo IV – Víctima Expiatoria. Libreria Editrice Vaticana. p. 566 Las notas siguientes, son tomadas de la misma obra.

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