sábado, 06 de marzo de 2021
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La vida del cristiano “es una batalla contra el espíritu del mal”, dijo el Papa

Francisco, ayer en el Ángelus, profundizó en el Evangelio de San Marcos que narra las tentaciones que Jesús sufrió en el desierto.

Redacción (22/02/2021 09:13, Gaudium Press) En su meditación ayer, antes de la oración del Ángelus, el Papa Francisco advirtió contra escuchar los susurros de las tentaciones del demonio.

La base de la meditación era el texto del evangelio de San Marcos, que relata cómo el diablo quiso tentar a Jesús en el desierto, después de que el Señor había ayunado por 40 días.

El Tentador “aprovechando la fragilidad y las necesidades humanas, insinúa su voz engañosa, alternativa a la de Dios”. “El tentador seduce” señaló.

“Todo el ministerio de Cristo es una lucha contra el Maligno en sus múltiples manifestaciones: curaciones de enfermedades, exorcismos de los endemoniados, perdón de los pecados. Es una lucha. Después de la primera fase en la que Jesús demuestra que habla y actúa con el poder de Dios, parece que el diablo prevalezca cuando el Hijo de Dios es rechazado, abandonado y finalmente capturado y condenado a muerte”. “Pareciera que el vencedor es el diablo”, pero verdaderamente “la muerte era el último ‘desierto’ a atravesar para derrotar definitivamente a Satanás y liberarnos a todos de su poder”.

No podemos olvidar que nos enfrentamos al espíritu del mal

Este evangelio nos enseña que la vida del cristiano “es una batalla contra el espíritu del mal”, indicó Francisco.

“Debemos ser conscientes de la presencia de este enemigo astuto, interesado en nuestra condena eterna, en nuestro fracaso, y prepararnos para defendernos de él y combatirlo”. Además “la gracia de Dios nos asegura, mediante la fe, la oración y la penitencia, la victoria sobre el enemigo”.

Cuando se acerca el demonio, la tentación es hablar con él, como hizo Eva. Esto lo debemos evitar.

Cuando entremos en el ‘desierto’ de las tentaciones, debemos entrar con valentía, orando, meditando, con momentos de contemplación y silencio.

Al final, estamos convocados “a caminar por las sendas de Dios, renovando las promesas de nuestro bautismo: renunciar a Satanás, a todas sus obras y a todas sus seducciones”.

Con información de Vatican News

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