viernes, 25 de junio de 2021
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Las vacunas anti Covid y la salud física, mental y espiritual

¿Cuál es el daño psicológico que el continuo bombardeo inmisericorde de noticias acerca del Covid 19 puede causar en las personas?

Foto: Quapta.es

Redacción (23/12/2020 12:31, Gaudium Press) Tras la publicación de la Congregación vaticana de la Doctrina de la Fe, sobre la licitud o no de usar vacunas obtenidas a partir de líneas celulares de niños abortados  , aunada a todo lo que en estos días se viene diciendo sobre el mismo tema ‘vacunas’, no hay quien en el orbe no hable de la materia y hasta se obsesione con ella. Es este último el punto que queremos abordar, desde la psicología.

La importancia de mantener la paz

Diversos estudios sugieren que un alto porcentaje (80% o más) de los infectados por el virus no manifiestan síntomas. Y esto es porque en la mayoría de esos casos la respuesta inicial del sistema inmunitario (respuesta inmunitaria innata) al virus es efectiva.

Lo anterior ratifica algo que ya es de uso común y es la importancia de tener una estructura inmunitaria adecuada, regulada.

Y para esto, ya está demostrado, que además de llevar una vida ‘saludable’ (alimentación variada, no exceso de alcohol, no tabaco, buenos hábitos de sueño, ejercicio, etc.), es importante evitar el estrés crónico y la angustia, lo que son temas más psíquicos que físicos, pero que se interrelacionan completamente.

Todo lo anterior nos mueve a pensar en el posible daño psicológico que el continuo bombardeo inmisericorde de noticias acerca del Covid 19 puede causar en las personas, con la consecuente afectación de su salud mental y el consiguiente posible deterioro de la salud física.

El que quiera salvar su vida, la perderá’

No podemos dejar de apuntar, que la facilidad con que los medios de comunicación están atrayendo públicos a sus noticias sobre Covid 19, es entendible por – además de un inteligente ‘bombardeo’ – una preocupación que tildaremos no enteramente cristiana y excesiva del hombre moderno con la vida terrena.

Si para la persona – en términos teóricos o prácticos – no existe la vida eterna sino solo esta de los días de 24 horas, pues es normal que quiera conservar ese bien a todo costo y de una manera hiper-vigilante.

Y esto, paradójicamente, puede fácilmente ocasionar que al aumentar esa hipervigilancia los recursos físicos se desgasten en demasía y no se repongan, ocasionando el famoso estrés, o generando justamente esas ansiedades que terminan afectando el sistema inmune.

Es entonces cuando recordamos la frase de Jesús, en el evangelio de San Mateo: “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará” (16,26)

Ese texto siempre se ha aplicado a la vida eterna que el hombre gana, cuando desgasta y entrega su vida terrena por amor a Cristo. Pero en este marco actual, y de acuerdo a lo dicho anteriormente, también podría decirse que quien confía en Dios y piensa en agradarlo cumpliendo sus leyes, adquiere una paz de alma, una situación anti-estrés y anti-ansiedad, que incluso es capaz de fortalecer la propia vida física, las defensas anti Covid.

No es des-preocuparse, es no pre-ocuparse.

Por ello, creemos que la fórmula saludable podría ser: menos noticias Covid, y más noticias de Dios; menos apego a la vida terrena y más pensar en la vida eterna; menos periódico del día y más catecismo preparatorio para el Reino eterno, ese que termina nunca-jamás.

Por Saúl Castiblanco

Psicólogo forense

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