viernes, 30 de septiembre de 2022
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Los ‘10 mandamientos’ del miserable

Ya sabemos que el peor pecado es el del orgullo, del que provienen los otros. Contra el orgullo, pocas cosas mejores que saberse miserable.

Redacción (07/09/2022 11:51, Gaudium Press) Ya sabemos que el peor pecado es el del orgullo, del que provienen los otros. Fue ese el pecado de satanás, detrás del cual cayó la tercera parte de las legiones angélicas. Fue el pecado de nuestros primeros padres, que querían “ser como dioses”, creyendo la falsa promesa de la serpiente.

Para combatir el orgullo, una de las mayores vacunas es la de sentirse miserable, es decir, débil, y necesitado de toda la ayuda de Dios. Siguen ahora, a manera de esbozo, algunos de los que podrían ser los ‘mandamientos’ del miserable:

1. El miserable amará al Señor su Dios, con todo su corazón, porque sabe que todo lo tiene de Él. Sabe que lo bueno que en sí existe es por bondad divina, y que lo malo, eso sí le pertenece. Y busca permanecer en este amor, en esa restitución y en esta gratitud, a todo momento.

2. El miserable tendrá a María como canal necesario, como medianera, intercesora, como su Madre. El miserable sabe que él es muy poca cosa para pedir audiencia ante Dios directamente, y prefiere que sea la Soberana Reina Madre, que es también su Madre, la que interceda ante el Redentor para la obtención de los muchos favores que necesita, para esta vida y para llegar a la eternidad feliz.

3. El miserable aunque experimentalmente conoce su miseria, sab que su naturaleza caída es orgullosa, y por eso pide a la Madre de Misericordia una conciencia constante y renovada de su miseria, para que no se ensoberbezca.

4. El miserable no se chocará con el título de ‘esclavo’, que San Luis María de Montfort da a los perfectos devotos de la Virgen. Él sabe que en esta total entrega de amor del esclavo a su Señora, el más beneficiado es él, pues con total flexibilidad secundará los deseos de Ella y así Ella vivirá en él.

5. El miserable no se extrañará ni siquiera de su pecado, pues aunque tendrá el horror al pecado del verdadero hijo de Dios, sabe que de su naturaleza debilitada y corrompida lo que resulta es la iniquidad, y por ello, en las caídas, lejos de angustiarse o desanimarse, buscará recomponer pronto la unión con Dios, buscando el auxilio de la gracia.

6. El miserable no buscará la fortaleza humana, no creerá incluso que la práctica de la virtud reconstituirá su fortaleza natural, sino que siempre se sentirá débil, necesitado del auxilio divino, y desde la conciencia de su real debilidad clamará a Dios por la fortaleza divina, para que lo asista en todas sus luchas y lo lleve al cielo.

7. El miserable no será una isla en medio del gran océano, y aunque conoce la necesidad del retiro y el recogimiento de los sentidos para entrar en contacto con Dios, sabe también que necesita de los hermanos, porque Dios normalmente quiere la salvación en medio de la comunidad, donde tendrá que hacer apostolado, y de dónde le llegarán también luces, y notas de la voz de Dios.

8. El miserable buscará ser eximio en la virtud de la Confianza, porque tiene muy presente que quien confía alcanza de Dios y su Madre la virtud y la protección, y sabe que solo no confían los que se creen ‘colosos’, los ‘fuertes’, esos que al final no llegan a la meta. El miserable confía en medio de la tragedia, de las contrariedades, incluso de las caídas, confía en el Amor de Nuestra Señora y se deja amar por Ella. El miserable sabe “que Dios dispone, todas las cosas para el bien de los que lo aman” (Rm 8, 28).

9. El miserable vivirá la ‘infancia espiritual’ del día a día, es decir, él se siente débil ante las grandes pruebas, incluso también las pequeñas, pero sabe que implorando y confiando en la gracia de Dios, podrá vencer los obstáculos, grandes o pequeños, que Dios quiera permitir en su trasegar cotidiano en este mundo. Sabe que debe pedir el “pan nuestro de cada día”, tanto material como espiritual, y que con ese pan, con esa leche materna ofrecida por Dios a los niños espirituales, podrá enfrentar las luchas permitidas o queridas por Dios. El miserable está atento a la voz de Dios en su día a día, y buscará seguir esa voz y no sus propios pareceres.

10. El miserable apreciará la oración y buscará ser hombre de oración. Él tiene conciencia de que Dios no le debe nada, sino que a Él debe todo. Pero también que puede conseguir de Dios todo lo que verdaderamente necesita, si acude a Él y a su Madre en la oración. El miserable ofrece sus oraciones por medio de la Virgen, porque sabe que su oración vale poco ante el Omnipotente, pero conoce también que Dios no desprecia los ruegos intercedidos por su Madre.

Por Saúl Castiblanco

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