lunes, 20 de abril de 2026
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Mons. Gänswein: La renuncia de Benedicto “fue la lucha interna de una decisión, un desafío”

El secretario personal de Benedicto XVI revela los momentos más íntimos de la renuncia, en entrevista con Ezio Mauro para el docufilm sobre el pontificado de Francisco.

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Redacción (20/04/2026 13:07, Gaudium Press) En el marco del docufilm “Francesco – Cronache di un papato”, conducido por el periodista Ezio Mauro, Monseñor Georg Gänswein —secretario personal de Benedicto XVI y actual Nuncio Apostólico en las Repúblicas Bálticas— ofrece un testimonio muy interesante y de primera mano de uno de los episodios más singulares de la historia moderna de la Iglesia: la renuncia al pontificado del Papa Ratzinger.

La última puerta cerrada

El prelado alemán recuerda con emoción contenida el momento en que dejó para siempre el Palacio Apostólico, lugar de residencia de los Pontífices Romanos.

“La primera cosa que recuerdo es la despedida del Palacio Apostólico. Yo fui el último en dejar el apartamento, apagué las luces —esto fue para mí un acto ya muy conmovedor, pero también muy triste. Cerré la puerta. Y luego salimos”, relató el Arzobispo Gänswein, quien reconoció que lloró: “Me conmoví, y cuando vi al cardenal Comastri llorar, se rompió algo en mí. Intenté contenerme, pero la presión era demasiado grande, una especie de tsunami arriba, abajo, al lado. Ya no sabía dónde estaba.”

Cuando supo la decisión

El entonces Prefecto de la Casa Pontificia reveló que Benedicto XVI le comunicó su decisión en Castel Gandolfo, a fines de septiembre de 2012. La reacción de Gänswein fue inmediata y directa: “Santo Padre, es imposible, esto simplemente no es posible.” Y fue más lejos: “Le dije directamente, tal como hablo con usted ahora: Santo Padre, no. Se puede y se debe pensar en reducir los compromisos, eso sí. Pero renunciar es imposible.”

Ante esa resistencia, el Papa Ratzinger respondió con serena firmeza: le comunicó que no se trataba de una tesis a discutir, sino de una decisión tomada. “No es una quaestio disputanda, está decidida”, le habría dicho.

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Gänswein admite que, mirando hacia atrás, habían ocurrido signos previos que no supo interpretar: “A comienzos de julio me di cuenta de que el Papa estaba muy cerrado, muy pensativo. Pensaba que estaba concentrado en el tercer volumen sobre Jesús, que estaba terminando. Cuando a fines de septiembre me reveló su decisión, comprendí que me había equivocado: no era el libro lo que le preocupaba, sino la lucha interna de esta decisión, un desafío.”

El día del anuncio

El 11 de febrero de 2013, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, Mons. Gänswein acompañó al Papa hasta el Consistorio en un silencio total: “No hablamos, nada. El silencio era absoluto, porque no era el momento de las palabras.” El nuncio recuerda que Benedicto leyó el anuncio de su renuncia en latín —decisión deliberada, porque según el propio Papa “un anuncio así debe hacerse en la lengua de la Iglesia, la lengua madre”— y que en la sala se palpó la confusión entre los cardenales hasta que las palabras del Cardenal Sodano —hablando de “un rayo en cielo sereno”— lo hicieron definitivamente comprensible para todos.

El Papa de rodillas ante la historia

Preguntado sobre si la renuncia de Ratzinger hizo al papado “más humano”, Gänswein reflexionó: “Lo sagrado es lo sagrado, y también tiene aspectos humanos. Creo que con su renuncia el Papa Benedicto demostró que el Papa, siendo siempre el sucesor de Pedro, sigue siendo una persona humana con todas sus fuerzas, pero también con sus debilidades.” Y añadió: “Hacen falta las dos. Porque se necesita fuerza para aceptar la propia debilidad.”

La primera impresión de Ratzinger

El prelado también evocó su primer encuentro personal con Joseph Ratzinger, en el Colegio Teutónico del Vaticano el 10 de enero de 1995: “Mi primera impresión es inolvidable: una personalidad fuerte pero muy natural. Manso pero muy, muy decidido.”

Un pontificado, tres Papas

En el marco del docufilm dedicado a Francisco, Mons. Gänswein tuvo ocasión de reflexionar sobre los tres pontífices que conoció de cerca. Ante la propuesta de identificar a Juan Pablo II con el alma, a Ratzinger con la razón y a Francisco con el corazón, respondió con elegancia y cautela: “Que las tres palabras son correctas, pero también son demasiado simples.”

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