“Patricio vivió haciendo el bien y murió entregando todo”, recordó el obispo auxiliar de Guayaquil durante la despedida del sacerdote redentorista, cuya muerte en plena celebración eucarística conmocionó a fieles de Ecuador y de otros países.
Redacción (19/10/2026 15:08, Gaudium Press) La iglesia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Guayaquil (Ecuador), volvió a reunir a cientos de fieles para despedir al padre Patricio Sánchez Molinari, el sacerdote redentorista que murió el sábado 17 de octubre tras ser golpeado por una pesada cruz de madera que se desprendió de la pared detrás del altar mientras celebraba la Eucaristía, transmitida en directo. Un día después de su fallecimiento, el domingo 18 de octubre, la comunidad parroquial se congregó en el mismo templo donde había ocurrido la tragedia. Esta vez, el féretro del sacerdote reposaba frente al altar en el que había celebrado su última misa, en una despedida marcada por la tristeza, las oraciones y los testimonios de quienes encontraron en él a un pastor cercano. “Patricio vivió haciendo el bien y murió entregando todo”, expresó el obispo auxiliar de Guayaquil, John Kwamevi Cudjoe, durante la celebración eucarística en memoria del religioso. Sus palabras resumieron el sentimiento de una comunidad que todavía intentaba asimilar la inesperada pérdida de su párroco.
La celebración de despedida tuvo lugar en el templo donde el padre Patricio había ejercido su ministerio y acompañado espiritualmente a los fieles durante años. Según informaron medios locales, entre ellos El Universo, la ceremonia estuvo cargada de emotividad y reunió a numerosos feligreses y religiosos que habían compartido con él la vida parroquial. La presencia del féretro frente al altar tuvo un significado para quienes conocían las circunstancias de su muerte. Apenas un día antes, mientras presidía la misa, el sacerdote había sido alcanzado por una cruz de madera de grandes dimensiones que se desprendió de la pared situada detrás del altar. El accidente, ocurrido durante una transmisión en directo, se difundió rápidamente y provocó numerosas reacciones de consternación. Sin embargo, durante las ceremonias de despedida, la atención también se dirigió hacia la vida del sacerdote, su servicio pastoral y el recuerdo que dejó entre las personas que lo conocieron.
El obispo auxiliar recordó que Sánchez Molinari tenía 52 años y que el viernes 16 de octubre había celebrado 15 años de sacerdocio. Además, destacó su trayectoria religiosa, que superaba las dos décadas, y la manera en que anunciaba el Evangelio, predicando, según sus palabras, “con la fuerza del Espíritu Santo”.
Un hombre sencillo y amante de la Eucaristía
Durante la homilía de despedida, el obispo también invitó a los presentes a contemplar la muerte del sacerdote desde una perspectiva humana y cristiana, más allá de los comentarios y las reacciones que se habían multiplicado en las redes sociales. El llamado fue a recordar al padre Patricio por su vida, su sencillez y su amor por la celebración eucarística, precisamente el lugar y el momento en que ocurrió su fallecimiento.
Cudjoe lo describió como un hombre sencillo y amante de la Eucaristía, que murió celebrándola, una expresión que reflejó la relación del sacerdote con el ministerio que había asumido años atrás. Los feligreses también compartieron testimonios sobre su labor en la parroquia. Para muchos, el padre Patricio no era únicamente quien presidía las misas, sino un sacerdote cuya predicación había dejado una huella personal y espiritual.
De acuerdo con los testimonios recogidos por El Universo, algunos fieles destacaron todo lo que había hecho por la comunidad y aseguraron que su palabra salvó a muchas personas. Estas expresiones de gratitud acompañaron las celebraciones que se realizaron para darle el último adiós, en medio de la tristeza por una muerte inesperada que interrumpió su servicio pastoral.
Las últimas palabras del sacerdote sobre la muerte
Uno de los aspectos que más impacto causó tras el fallecimiento del padre Patricio fueron las palabras que pronunció durante su última homilía, poco antes del accidente. “Queridos hermanos, un día, todos los que estamos aquí también vamos a morir”, dijo el sacerdote mientras celebraba la Eucaristía. La frase adquirió una resonancia particular después de conocerse lo sucedido. El hecho de que hubiera reflexionado sobre la muerte momentos antes de perder la vida provocó numerosas reacciones entre quienes vieron la transmisión o conocieron posteriormente sus últimas palabras.
Nacido en Cuenca, Ecuador, en 1973, Sánchez Molinari también había hablado durante aquella celebración sobre la importancia de dedicar tiempo de calidad a los hijos, la pareja y los demás seres queridos. Su reflexión invitaba a reconocer el valor de los vínculos personales y a no dar por sentado el tiempo compartido con quienes forman parte de la vida cotidiana. Después de su muerte, ese mensaje fue recordado por numerosos usuarios y medios de comunicación. Mientras tanto, seguían existiendo interrogantes sobre las circunstancias que provocaron el desprendimiento de la cruz de madera. La difusión del accidente llevó a muchas personas a interesarse por lo sucedido, aunque la despedida religiosa estuvo centrada especialmente en la memoria del sacerdote y en la oración por su eterno descanso.
El arzobispo de Guayaquil, el cardenal Luis Cabrera, también manifestó sus condolencias ante la muerte del religioso. Por su parte, la Archidiócesis de Guayaquil agradeció las numerosas muestras de solidaridad recibidas desde distintos lugares del mundo. “Agradecemos todos los mensajes de condolencias desde diferentes partes del mundo y especialmente, sus oraciones por el eterno descanso del alma del Padre Patricio Sánchez”, expresó la institución eclesiástica.
Los mensajes evidenciaron la repercusión que tuvo el fallecimiento del sacerdote más allá de su comunidad parroquial. La noticia, conocida a través de la transmisión de la misa y de los posteriores informes de prensa, llegó a numerosos fieles que se unieron a las oraciones por su descanso eterno. Para la comunidad de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, la despedida también fue una oportunidad para agradecer el tiempo que el padre Patricio dedicó a su misión sacerdotal y para encomendar su alma a Dios.
Patricio Sánchez Molinari pertenecía a la Congregación del Santísimo Redentor, un instituto religioso misionero fundado en Italia en 1732 por san Alfonso María de Ligorio. La congregación nació con el propósito de anunciar el Evangelio especialmente a las personas más abandonadas, entre ellas los campesinos y pastores que tenían dificultades para acceder a la atención pastoral. Este compromiso misionero continúa formando parte de su identidad y de su trabajo evangelizador en diferentes países.
San Alfonso María de Ligorio, proclamado Doctor de la Iglesia en 1871, también es reconocido como patrono de confesores y moralistas. Además de su labor pastoral, destacó por su extensa producción de obras espirituales y teológicas. En Hispanoamérica, el padre Patricio desarrolló su vocación dentro de la Provincia Andino-Caribeña de los redentoristas, que comprende Colombia, Ecuador y Venezuela. El carisma de esta familia religiosa se expresa en el propósito de «ser apóstoles de fe robusta, esperanza alegre y ardiente caridad». Los testimonios compartidos tras la muerte de Sánchez Molinari destacaron precisamente su entrega pastoral y su cercanía con los fieles.
Una despedida en el marco de la Jornada Mundial de las Misiones
La muerte del padre Patricio también coincidió con la celebración del centenario de la Jornada Mundial de las Misiones, una fecha que recuerda la labor evangelizadora de los misioneros y su servicio a las comunidades de todo el mundo. Su pertenencia a una congregación de marcado carácter misionero daba un significado particular a esta coincidencia. Durante años, el sacerdote había formado parte de una familia religiosa comprometida con llevar el Evangelio y acompañar espiritualmente a quienes necesitaban orientación y consuelo.
Con información de Religión en Libertad






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