lunes, 26 de octubre de 2020
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Nuestra Señora Aparecida, la que un día salvó la misión de tres humildes pescadores

La imagen de la Virgen Aparecida es una Inmaculada Concepción. Esto hace que el Brasil ya venerara este atributo de la Madre de Dios, incluso antes de ser dogma.

Redacción (12/10/2020 08:27, Gaudium Press) La historia de Nuestra Señora Aparecida, patrona del Brasil, es la siguiente.

Era el 12 de octubre de 1717. Se encontraban tres pescadores en el río Paraiba, Domingos García, Felipe Pedroso y Joao Alves, que tenían como misión abastecer de pescado el banquete que habría de ocurrir al día siguiente en el pueblo de Gauratinguetá.

¿El motivo del banquete? En el pueblo se recibiría la importante visita del Conde de Assumar, don Pedro de Almeida y de Portugal, que era gobernador de la provincia de San Pablo y Minas Gerais, quien estaba yendo a Vila Rica.

Durante varias horas los pescadores echaron sus redes sin encontrar nada. Tal vez ya sin muchas esperanzas Joao Alves hizo otro intento, cuando sintieron que algo habían atrapado. Pero antes, habían pedido a la Virgen María su ayuda para coronar con éxito su empresa.

Subieron la malla y para su sorpresa, era una talla de la Virgen María, a la que le faltaba la cabeza. Volvieron a lanzar la red, y con ella vino la cabeza de la talla, que era una Inmaculada Concepción.

La imagen, de sólo 36 centímetros de altura, presentaba un color oscuro.

Inspirados por el hallazgo de la imagen, los pescadores volvieron a lanzar las redes, y como en la historia de la pesca milagrosa, estas casi se reventaron, del numero grandioso de peces que esta última vez encontraron. Pero el gran hallazgo había sido el de la imagen.

La casa de Felipe Pedroso, convertida en santuario

Felipe Pedro llevó la imagen de la Virgen ‘Aparecida’ a su cabaña.

Tal vez él no imaginaba la curiosidad y las olas de peregrinos que allí afluirían. La gente iba, pedía, rezaba el rosario, el gentío iba aumentando.

Luego la imagen fue trasladada a Itaguassú.

Pero pronto hubo que construir una capilla, y luego otra más grande en 1743. Las gracias afluyeron, los milagros se sucedieron.

En 1846 fue iniciada una nueva iglesia, concluida en 1888, adonde se llevó la imagen, la que hoy se conoce como Basílica Vieja.

En 1904 fue coronada canónicamente, y en 1930 Pío XI la declaró patrona del Brasil.

En 1955 se inició la construcción del actual templo, que en 1980, durante su viaje al Brasil, San Juan Pablo II consagró como basílica. Es el santuario mariano más grande del mundo, y el número de peregrinos que allí va se cuenta por millones.

Con información de Vatican News y Aciprensa.

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