“Al buscar la coherencia eucarística en una era de relativismo moral, es importante recordar que el objetivo último es la conversión y la readmisión a la comunión”, señaló el prelado.

Foto: Facebook
Redacción (20/07/2026 12:04, Gaudium Press) En una conferencia pronunciada el 14 de julio en el Institute for Catholic Culture bajo el título “The Table of the Lord and the Table of Demons: Eucharistic Coherence and the Age of Moral Relativism”, Mons. Thomas Paprocki, obispo de Springfield, Illinois, reclamó una recuperación de la “coherencia eucarística”, advirtiendo que la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía debe traducirse en la vida moral y en la recepción digna de la comunión
El prelado sostuvo que la misión del National Eucharistic Revival, iniciativa anual lanzada por los obispos en 2022 como respuesta al declive de la fe en la presencia real entre los católicos estadounidenses, no se agota en la renovación de la devoción eucarística, sino que exige una vida coherente con lo que los católicos profesan creer.
La comunión debe ser recibida en gracia de Dios
“Los criterios para la recepción digna de la sagrada comunión se discuten, pero derivan de la comprensión fundamental del significado de la Eucaristía”, afirmó Mons. Paprocki, citando las palabras de Cristo en el Evangelio de Juan: “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6, 53).
El obispo subrayó que la Eucaristía es, simultáneamente, el sacrificio de Cristo hecho presente y el sacramento de la comunión con Dios y con la Iglesia: “El sacramento de la Eucaristía se llama Sagrada Comunión precisamente porque, al situarnos en comunión íntima con el sacrificio de Cristo, nos sitúa en comunión íntima con Él y, a través de Él, los unos con los otros”.
Por ello, recordó que la enseñanza constante de la Iglesia establece que quien recibe la comunión en estado de pecado mortal no solo no recibe la gracia del sacramento, sino que comete pecado de sacrilegio. Citó la advertencia de San Pablo: “Quien come el pan o bebe el cáliz del Señor indignamente tendrá que responder del cuerpo y la sangre del Señor” (1 Cor 11, 27).
Esta comprensión constituye, según Paprocki, el fundamento de lo que la Iglesia denomina “coherencia eucarística”, que definió como la consistencia entre fe y conducta. “Una persona que, por su propia acción, ha roto la comunión con Cristo en su Iglesia, pero recibe el Santísimo Sacramento, actúa de manera incoherente, reclamando y rechazando la comunión al mismo tiempo. Es, por tanto, un contrasigno, una mentira”, afirmó.
El canon 915 y el deber del ministro
Paprocki se refirió expresamente al canon 915 del Código de Derecho Canónico, que establece que “no deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”.
El obispo citó asimismo un memorando de 2004 del entonces cardenal Joseph Ratzinger que interpreta esta norma: cuando una persona “con obstinada persistencia se presenta a recibir la Eucaristía, el ministro de la sagrada comunión debe rechazar distribuírsela”.
Mons. Paprocki sostuvo que quienes apoyan pública y obstinadamente males morales graves como el aborto o la eutanasia quedan comprendidos en las disposiciones del canon 915.
Entre los supuestos que justificarían la denegación de la comunión, el obispo mencionó la cohabitación de heterosexuales sin matrimonio, la actividad sexual de personas homosexuales y los divorciados que contraen nuevo matrimonio sin haber obtenido una declaración de nulidad.
Llevar al arrepentimiento y la reconciliación
Mons. Paprocki precisó que la denegación de la comunión no es un castigo, sino un “remedio medicinal que busca propiciar un cambio de corazón”. Recordó su propia decisión, en 2018, de denegar la Eucaristía al senador Dick Durbin (demócrata por Illinois) por su apoyo legislativo al acceso al aborto, y señaló que la medida pretende alentar a los políticos “a arrepentirse y volver a ser Pro Vida”.
“Al buscar la coherencia eucarística en una era de relativismo moral, es importante recordar que el objetivo último es la conversión y la readmisión a la comunión”, concluyó el prelado. “Incluso cuando se debe tomar una decisión difícil, como no admitir a alguien a la sagrada comunión hasta que haya arrepentimiento y reconciliación, esa disciplina no contradice la ley que la motiva”.
Con información de Infocatólica.





Deje su Comentario