miércoles, 14 de octubre de 2026
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Papa: castidad en el noviazgo y apertura a la vida en el matrimonio, en homilía por aniversario de Amoris Laetitia

La homilía preparada por el Pontífice fue leída por el Cardenal Tagle.

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Foto: Vatican Media

Redacción (14/10/2026 09:57, Gaudium Press) El Papa León XIV ha reivindicado la educación en la castidad de los jóvenes que se preparan para el matrimonio y recuerda que «sin familias fuertes, abiertas al don de los hijos, atentas a su educación y crecimiento, el mundo no tiene futuro». Estos fueron dos de los ejes de la homilía que el Pontífice preparó para la misa, con la que hoy miércoles se clausuró en la plaza de San Pedro el encuentro por el 10.º aniversario de Amoris laetitia, y que fue leída por el Cardenal Luis Antonio Tagle, decano del Colegio Cardenalicio.

Siguiendo la exhortación, el Papa recuerda que a los novios hay que enseñarles «la importancia de las virtudes», entre las que destaca la castidad, «condición preciosa para el crecimiento genuino del amor interpersonal». Esa caridad, «fundamental para nuestra existencia y nuestra convivencia como seres humanos», afirma, «sustenta también los valores de apertura y respeto por la vida, desde la concepción hasta la muerte natural». El texto sitúa además en el hogar «la primera escuela del afecto» y lamenta que el hábito de rezar juntos en casa se haya «debilitado considerablemente».

El Pontífice no pudo presidir la celebración porque se recupera de la intervención quirúrgica a la que se sometió en la tarde del martes en el Policlínico Agostino Gemelli de Roma, que concluyó con éxito y sin complicaciones. La misa la presidió el Cardenal Tagle, que además actuó por mandato especial del Papa para manifestar públicamente la comunión eclesiástica concedida al Patriarca de los caldeos.

El amor de los esposos como «lenta fusión»

La homilía arranca con las palabras con las que el Papa Francisco abrió la exhortación hace diez años, «la alegría del amor que se vive en las familias es también el júbilo de la Iglesia», y presenta la Eucaristía como ofrenda al Señor de «los frutos del trabajo que, en este tiempo, hemos realizado en torno a tal documento, tratando de asimilar su riqueza y de poner en práctica sus directrices pastorales».

León XIV parte del himno a la caridad de San Pablo (1 Cor 12,31-13,13), proclamado en la primera lectura, que Amoris laetitia toma en su cuarto capítulo como base de su meditación sobre las virtudes del matrimonio cristiano, una unión «afectiva, espiritual y oblativa» e icono del amor de Dios. Gracias a esas virtudes, explica, los esposos crecen juntos, maduran cada uno en su singularidad y realizan una semejanza recíproca.

Recuerda también el Papa que el apóstol se dirigía a una comunidad rica en carismas pero necesitada de madurar en la caridad, sin la cual el hombre es como «un metal que resuena o platillos que retumban» (1 Cor 13,1), es decir, «una voz desprovista de amor, un oído incapaz de transmitir mensajes al corazón, una individualidad distante, fría e impenetrable». «No estamos hechos para esto», afirma, y lo vincula al Salmo responsorial, que llama a los fieles «pueblo» y «rebaño» de un Dios cuyo «amor permanece para siempre» (Sal 99,5), amor que es el fundamento de las familias.

La castidad y una educación en el amor desde la cuna

Es «por amor verdadero» que la exhortación pide formar en las virtudes a quienes se preparan para el matrimonio, con un lugar preferente para la castidad.

León XIV elogia los programas parroquiales y pastorales de preparación, aunque advierte que «estos programas por sí solos no bastan si no van precedidos y apoyados por una educación en el amor que acompañe todo el crecimiento del niño, desde la infancia».

De ahí que la caridad doméstica, «concreta, con sus momentos de dificultad, errores y fracasos, pero maravillosa en su impredecible rutina diaria», sea para el Papa «la primera escuela del afecto, el primer aprendizaje precioso e irremplazable en la ‘alegría del amor’». Pide por ello valorar y apoyar a tantas familias que viven su vocación «con discreción, pero con una fidelidad a veces heroica».

Una Iglesia «familia de familias»

A partir del mandamiento del amor (Jn 15,12), la homilía invita a crecer como una Iglesia que sea «familia de familias», en un clima de cuidado mutuo que aliente a los jóvenes esposos, ayude a los padres en la crianza y reconozca a los ancianos como «testigos de sabiduría y virtud, incluso cuando su fuerza física disminuya». Incluso los más frágiles y quienes atraviesan momentos de crisis, añade, encontrarán allí apoyo, «rodeados de afecto y protegidos del juicio y los prejuicios». Cita a este respecto la Relatio finalis de la XIV Asamblea General del Sínodo de los Obispos: «por muy herida que puede estar una familia, esta puede crecer gracias al amor».

León XIV insiste en esa apertura a la vida, de la que la familia es «depositaria por excelencia» y «faro del bien de la humanidad». Recuerda que Francisco ya advirtió que «ninguna unión precaria o cerrada a la comunicación de la vida nos asegura el futuro de la sociedad», y concluye que sin familias fuertes y abiertas a los hijos «el mundo no tiene futuro».

La oración en casa, «alimento sólido y medicina sanadora»

El último bloque de la homilía se detiene en la invitación de Jesús a pedir al Padre en su nombre, que según el Papa recuerda que «la familia es un lugar privilegiado de oración». Y lamenta que hoy, en muchas partes del mundo, el hábito de rezar juntos en el hogar, «antes de las comidas, al principio y al final del día, o en ocasiones especiales», se haya «debilitado considerablemente».

Frente a ello, recuerda que Amoris laetitia insiste en que «es preciso resaltar la importancia de la espiritualidad familiar, de la oración y de la participación en la Eucaristía dominical», y recomienda que las familias se reúnan «regularmente para que crezca la vida espiritual y la solidaridad en las exigencias concretas de la vida».

«La oración común y los sacramentos desempeñan un papel muy importante en la vida familiar porque, al abrir los corazones a la acción de Dios, nos permiten llegar juntos a lugares a los que nunca llegaríamos solos», escribe el Pontífice, que los define como «alimento sólido y medicina sanadora» y exhorta «fervientemente a todos a redescubrir y promover esta práctica».

Al final de la homilía, el Pontífice, vía su delegado el Cardenal Tagle, manifestó la comunión eclesiástica con el Patriarca caldeo.

Dirigiéndose al Patriarca, le aseguró «el afecto de toda la Iglesia católica y la oración por los fieles confiados a su cuidado pastoral, que desde hace tiempo son puestos a prueba, pero que se mantienen firmes y, a menudo, heroicos al dar testimonio de la fe en Jesús en medio de muchas adversidades».

La celebración concluyó con la encomienda de todas las familias a la Sagrada Familia de Nazaret.

Con información de Infocatólica.

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