martes, 11 de mayo de 2021
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Papa emérito rezó una jaculatoria cuando se enteró de la muerte de Hans Küng

Ambos fueron los peritos más jóvenes en el Concilio Vaticano II.

Redacción (09/04/2021 09:54, Gaudium Press) Hans Küng, el teólogo heterodoxo que murió el pasado 6 de abril en Tubinga, y el Papa Ratzinger, eran más que viejos conocidos. Fueron los dos los peritos más jóvenes del Concilio Vaticano II, y eran ya figuras de destaque, cuando allí intercambiaron opiniones y su relación se estrechó.

Contrario a la infalibilidad pontificia tal como la definió el Concilio Vaticano, le fue revocada su licencia para enseñar como teólogo católico en 1979, por parte de la Congregación que después dirigiría el propio Mons. Ratzinger, Doctrina de la Fe.

Una larga lista de posiciones no católicas

Küng desde muy joven se fue alejando de la doctrina de la centralidad de la Iglesia para la salvación. Por lo demás su interés fue derivando hacia una ética laica, que decía se basaba en los valores morales de las ‘grandes religiones’, pero que en absoluto se fundamentaba en la moral católica. Es claro: en temas como ‘sacerdocio’ femenino, la eutanasia, entre varios otros, Küng había dejado de ser católico.

El Papa Ratzinger lo recibió en Castelgandolfo en septiembre de 2005, cuando llevaba solo 5 meses de pontificado. Era un gesto de bondad del Pontífice ante el pedido de Küng; pero quedaba establecido desde antes del encuentro, que no se abordarían temas de contradicción entre el pensamiento de Küng y el magisterio de la Iglesia. Ese gesto de bondad se daba después de que Küng declarara su “decepción gigantesca” por la elevación de Ratzinger al pontificado, y no impidió las repetidas críticas posteriores de Küng al Papa alemán. Pero bueno, son las cosas de la bondad.

Ahora, cuenta el secretario privado de Benedicto, Mons. Ganswein que inmediatamente éste se entera de la muerte de Küng, él susurra en Latin un claro “Requiescant in pace”. Era el último y no ciertamente el único pedido al cielo, de que tuviera misericordia con esa alma, que tanto error había proclamado a los 4 vientos, pero que aún así merecía la consideración de todo un anciano Papa emérito. (SCM)

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