León XIV invitó a Europa a reencontrar sus raíces cristianas para construir la paz y el futuro.
Foto: Vatican Media
Redacción (28/09/2026 13:58, Gaudium Press) Ante el presidente Emmanuel Macron y diversas autoridades europeas reunidas este lunes 28 de septiembre en el Centro de Congresos Robert Schuman, en Metz, el Papa León XIV pronunció un discurso dedicado al futuro de Europa. Desde las raíces cristianas del continente hasta la defensa de la vida, desde la laicidad hasta la paz, el Santo Padre trazó los contornos de una Europa llamada a redescubrir su patrimonio espiritual para construir su mañana.
En el último día de su viaje apostólico a Francia, León XIV eligió Metz —ciudad histórica, punto de encuentro en el corazón del continente y símbolo de la reconciliación franco-alemana— para este encuentro titulado “En las raíces de Europa por la paz y la unidad”. En su discurso, el Papa explicó: “Estoy muy contento de encontrarme aquí, en esta ciudad histórica, punto de encuentro en el corazón del continente, para un encuentro con un título evocador: En las raíces de Europa por la paz y la unidad”.
El título, según el propio pontífice, se inspira en la figura del Venerable Robert Schuman, a quien rindió un homenaje especial en este centro que lleva su nombre y en la región del Mosela, donde Schuman vivió, reposa y fue representante, durante muchos años, en la Asamblea Nacional. “Fue de esta región, con sus vicisitudes en los siglos XIX y XX, de donde extrajo la inspiración para ayudar a moldear la Europa de hoy y de mañana a través de su célebre Declaración del 9 de mayo de 1950”, afirmó León XIV.
Las raíces cristianas y monásticas
El Papa inició un “viaje” por las raíces de Europa, afirmando que esta se comprende, ante todo, como una realidad cultural e histórica. “Antes incluso de ser una realidad geográfica, Europa se entiende como una realidad cultural e histórica”. Y añadió que no es posible hablar de Europa sin hacer referencia al cristianismo.
León XIV destacó el papel de San Benito, proclamado patrono de Europa por San Pablo VI en 1964 como “mensajero de la paz, constructor de la unidad, maestro de la civilización”. Recordó la influencia de los monjes benedictinos en la ayuda a los pobres, la educación, las universidades, los hospitales, la arquitectura, las ciencias, el derecho y la organización de las ciudades y los Estados. Y declaró con énfasis: “Sin estos fundamentos monásticos, la civilización europea tal como la conocemos no existiría”. En Metz, gracias a San Crodegango y otros, se respiraba un espíritu benedictino de fraternidad, y desde allí el canto gregoriano se difundió por los territorios carolingios.
Citando al propio Robert Schuman, el Papa subrayó: “El cristianismo enseñó la igualdad de naturaleza entre todos los hombres, hijos del mismo Dios, redimidos por el mismo Cristo, sin distinción de raza, color, clase o profesión”. También recordó las palabras de Alcide De Gasperi sobre la “herencia europea común” y la moral unitaria que exalta la responsabilidad de la persona humana.
Laicidad y verdadera colaboración
Sobre el lugar de las Iglesias en las sociedades europeas, León XIV se refirió al artículo 17 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que fomenta “un diálogo abierto, transparente y regular” con las Iglesias, respetando el estatus del que gozan en los Estados miembros. Las instituciones civiles deben respetar la autonomía de las iglesias y promover su libertad de organización, expresión y culto. Este punto es particularmente importante para Francia, donde el laicismo es objeto frecuente de debates sobre la visibilidad del cristianismo en la esfera pública. Y aclaró: “La laicidad que rige la vida de los Estados no implica solo el carácter no confesional de las instituciones civiles, sino que presupone una verdadera colaboración entre las partes, así como el respeto a la autonomía de las Iglesias y la promoción de su libertad de organización, expresión y culto por parte de las autoridades estatales y comunitarias”.
La paz no debe confundirse con un irenismo ingenuo
El Papa denunció que la guerra ha reaparecido incluso en Europa: una nueva “masacre inútil” que causa innumerables víctimas civiles cada día. Insistió en la necesidad de un diálogo paciente, valentía en las negociaciones y disposición a sacrificar algunas posiciones en aras del bien mayor de la paz. El Papa no confunde la búsqueda de la paz con un pacifismo ingenuo. “La búsqueda de la paz en Europa, al igual que en el resto del mundo, no debe confundirse con un irenismo ingenuo”. Sin embargo, insiste en la necesidad de priorizar el diálogo, el respeto al derecho internacional y la negociación, en lugar de considerar la acumulación de armamento como una respuesta suficiente ante las amenazas contemporáneas. “No obstante, hay que tener cuidado con la ilusión del rearme». Promover la paz, según él, es una tarea activa, y no basta simplemente con «contener la hemorragia de la guerra”.
Europa, según Schuman, es un continente donde se prefiere dialogar en lugar de recurrir a las armas y que se basa en el respeto al derecho internacional y en el principio de que pacta sunt servanda. León XIV lamentó que “hoy en día, las relaciones humanas y las relaciones entre los Estados se vuelven cada vez más bárbaras. Se desprecia el valor de la palabra dada; en cambio, la mentira y el engaño son motivo de orgullo”.
Acogida e integración
En cuanto a la migración, el Papa recordó la necesidad de vías legales y seguras para proteger a las personas que huyen de guerras y persecuciones, de luchar contra los traficantes y de ofrecer procesos serios de acogida e integración. Y subrayó: “acoger a una persona significa integrarla como si fuera de la propia familia, ofreciéndole la posibilidad de desarrollar sus talentos, capacidades y sensibilidad, pero también de entrar en el espíritu de la casa que la acoge”. Se trata de un encuentro entre pueblos y culturas que exige el redescubrimiento creativo de las raíces y la escucha atenta del otro.
Llamamiento final a los jóvenes
León XIV reservó la conclusión para los jóvenes, llamados a construir la Europa de hoy y de mañana. Los animó a convertirse en artífices de la paz, a amar la vida, a formar una familia y a defender la dignidad de cada persona. Citando a Schuman, expresó su deseo de que la idea de una Europa reconciliada, unida y fuerte se convierta en el lema de las nuevas generaciones. Y exhortó:
“A los jóvenes les digo: tengan el valor de vivir con responsabilidad la misión de construir la paz en su corazón, en sus relaciones, en su familia, en las escuelas y universidades, en la vida de sus ciudades, de sus países y de toda Europa. No se sometan a la lógica de la violencia y de la opresión. ¡Amen la vida en cada momento y no tengan miedo del futuro!
“No tengan miedo de formar una familia, de tener hijos, de defender la dignidad de cada persona, desde el primer instante en el vientre materno hasta el último suspiro. No tengan miedo de trabajar incansablemente, también a través del compromiso político, en favor del bien de sus comunidades.
“¡Sean constructores de comunidad! Y con ustedes, Europa, sólidamente arraigada, seguirá floreciendo e inspirando al mundo entero”.
El discurso de Metz, disponible en su totalidad en el sitio web oficial de la Santa Sede, perfila una Europa cuya identidad profunda no se reduce a instituciones o fronteras, sino que se nutre de un legado espiritual vivo. Al llamar a los jóvenes a ser constructores de comunidad y defensores de la vida desde el primer instante hasta el último suspiro, León XIV confió a las nuevas generaciones la misión de hacer fructificar esas raíces en tiempos marcados por conflictos e incertidumbres sobre el futuro del continente.



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