lunes, 17 de enero de 2022
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Petra: donde Reyes y Magos una vez caminaron…

La legendaria Petra es una de las más fascinantes ruinas de la Antigüedad. Completamente tallada en la piedra y oculta por siglos, la ciudad descansa protegida por una fortaleza natural de roca.

Redacción (06/01/2022 07:30, Gaudium Press) La legendaria Petra es una de las más fascinantes ruinas de la Antigüedad. Completamente tallada en la piedra y oculta por siglos, la ciudad descansa protegida por una fortaleza natural de roca y por las implacables temperaturas del inhóspito desierto de Edom, en el sur de Jordania, no muy lejos del Mar Muerto.

Su único acceso es la célebre “Siq”, una garganta de 1200m de longitud que serpentea entre paredes de roca llegando a elevarse en algunos puntos hasta 180 m de altura.

Sus constructores fueron los Nabateos. Tan legendarios como la metrópolis que supieron construir, los Nabateos no dejaron tras de sí casi ningún escrito, habiendo desaparecido en las arenas del desierto tan misteriosamente como surgieron, con la soltura de la tenue seda llevada por el cálido viento del desierto, sutiles como el espiritual aroma del incienso perfumando las páginas de un cuento de las “Mil y una Noches”.

Lo cierto es que el incienso y la seda eran elementos tanto vitales como omnipresentes en el arcano mundo Nabateo.

En efecto, mientras los romanos construían sus célebres vías, reduciendo a los pueblos al negligente conformismo de las comunicaciones establecidas, los Nabateos, entretanto, jamás perdieron el absoluto dominio de una navegación guiada por los astros celestes. Como resultado, sus portentosos camellos y sus secretos procesos de almacenamiento de agua, unidos a su proverbial habilidad de guiarse por las estrellas, les hizo posible establecer y operar con éxito la célebre ‘Ruta del Incienso’, que unía el Golfo de Adén, en Yemen, las minas de Saba en el sur de Arabia y el puerto de Gaza en la Tierra Santa, a través de 2400 km de uno de los más indómitos desiertos de la tierra.

Navegantes de los mares de arena

Navegantes eximios de los mares de arena, los Nabateos y sus interminables caravanas dominaron por varios siglos el panorama comercial del Mundo Antiguo, merced a su incomparable capacidad de transportar oro, incienso y mirra para comerciarlos a incalculables precios y despacharlos hacia distantes tierras como Siria, Egipto, Persia, Turquía y Roma.

Así, con el correr de las décadas, de meros nómadas itinerantes pasaron a comandar un vasto y poderoso Imperio, y gracias a sus ingeniosos sistemas de riego que aún maravillan a los estudiosos, fueron capaces de establecer fortalezas y ciudades como la magnífica Petra, cuya mítica grandeza perdura hasta nuestros días.

Sin embargo, más allá de los mudos testimonios de ruinas milenares, la cultura nabatea ocupa la atención de los especialistas en una conexión todavía más fascinante y enigmática: los ‘Reyes’ Magos.

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Retrocedamos a los tiempos en que el cruel Herodes era Rey de Judea y Arethas IV reinaba en Nabatea. Dispersos por las vastitudes de la Persia y del Norte de Arabia, los magos, a un tiempo sabios y místicos, practicaban una curiosa amalgama de creencias babilónicas con matices hebraicos cuyos orígenes se remontaban al Patriarca Abraham. Por otra parte, indicios históricos (1) señalan que los Magos Nabateos que veneraban las estrellas, y que eran además dedicados astrónomos que escrutaban las bóvedas celestes a la búsqueda de indicios de futuros eventos, compartían con el pueblo hebreo el conocimiento de las profecías del Antiguo Testamento anunciadoras de la venida de un Mesías, Rey y Salvador; por tanto, si a esas comunes raíces agregamos el hecho de que en tiempos de Jesús los magos persas habían sido exterminados o reducidos al exilio y la pobreza (2), no es difícil conjeturar que los Magos descritos por San Mateo no hayan venido directamente de Persia. Más bien, la crítica histórica se inclina a pensar que los Reyes Magos llegados a Belén fuesen Magos Nabateos del Norte de Arabia cuya riqueza y poderío estribaban unívocamente en caravanas de oro, incienso y mirra… Y es de ellos que parece hablar el profeta Isaías cuando afirma:

Te cubrirá una multitud de camellos,

dromedarios de Madián y Efá,

todos vendrán de Sabá

cargados de oro e incienso,

y pregonando alabanzas al Señor.” Is.60,6 (3)

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Las lluvias torrenciales del invierno y los tórridos vientos del desierto han hecho poca mella en la abandonada pero aún imponente Capital del Imperio Nabateo. Elusiva e intrigante como los oscuros ojos del beduino, la muda piedra de sus fachadas parece ser el solo cofre que custodia en su silencio el secreto de la verdadera identidad de los Reyes Magos, esos sabios, astrónomos y místicos que guiados por una estrella, un día llegaron a Belén para adorar al Niño Dios.

Y mientras arqueólogos y académicos continuamente revelan nuevos trazos de su pasado milenario, la magnificencia de la capital Nabatea puede quizás resumirse en una frase simple en palabras pero densa en contenido: “Petra, donde Reyes y Magos una vez caminaron…”.

Por Gustavo Kralj

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Bibliografía

(1)Encyclopedia Judaica (2007), reproducida en https://www.encyclopedia.com/religion/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/tayma y citada en Mystery of the Magi: The Quest to Identify the Three Wise Men by Fr. Dwight Longenecker, Regnery History Ed.

(2) Mystery of the Magi: The Quest to Identify the Three Wise Men by Fr. Dwight Longenecker, Regnery History Ed. Ch. 4 subtitulo The Survival of the Magi

(3)Sagrada Biblia

Facultad de Teología

Universidad de Navarra

ED. Universidad de Navarra, S.A.

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