El Padre José Maria Prada fue asesinado en Brasil por negarse a celebrar un matrimonio inválido. Antes de morir, afirmó: “Preferiría morir”. Su historia es un testimonio de fidelidad a la verdad y a la santidad del matrimonio.

Foto: Diocese de Salgueiro
Redacción (11/05/2026 16:33, Gaudium Press) La historia del Padre José Maria Prada sigue impactando por la radicalidad de su fidelidad. No murió en una guerra, ni en medio de una persecución masiva. Murió dentro de una casa parroquial, asesinado por mantenerse firme en aquello que la Iglesia enseña sobre el matrimonio. Su historia ocurrió en Brasil, en 1991, pero continúa resonando hasta hoy porque plantea una pregunta incómoda, ¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar por defender la verdad?
El padre Jose María
El Padre José Maria Prada nació en 1928, en el noreste de Portugal. Desde joven sintió el llamado al sacerdocio e ingresó a la Congregación del Santísimo Redentor, conocidos como los Redentoristas, una comunidad dedicada especialmente a la evangelización y a las misiones populares.
Fue ordenado sacerdote en 1953 y, apenas dos años después, dejó su tierra natal para partir hacia África como misionero. Pasó más de veinte años en Angola, entregado completamente al servicio pastoral, en medio de condiciones difíciles y una rutina exigente.
Quienes convivieron con él recuerdan a un sacerdote tranquilo, disciplinado, cercano al pueblo y muy coherente con aquello que predicaba. No era un hombre de discursos grandilocuentes, sino de convicciones firmes. Más tarde fue enviado a Brasil. Pasó por comunidades del interior de São Paulo hasta llegar finalmente al sertón pernambucano, una región marcada por el calor intenso, la pobreza y la fe del pueblo. Allí asumió la parroquia de San Antonio, en la ciudad de Salgueiro. Nadie imaginaba entonces que aquella parroquia se convertiría en el escenario de su martirio.
El matrimonio que no podía celebrarse
Todo comenzó con una petición aparentemente común. Un hombre, identificado como sargento de la Policía Militar, buscó al sacerdote para casarse por la Iglesia. Como corresponde en estos casos, el Padre José Maria inició la investigación previa necesaria antes de celebrar el sacramento. Entonces descubrió que el hombre ya estaba unido sacramentalmente con otra mujer. La doctrina de la Iglesia sobre esto es clara e inmutable, “El matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jamás” (CIC 1640).
Por esa razón, el sacerdote entendió que no podía celebrar aquella unión. No se trataba de una decisión personal ni de una preferencia pastoral. Era una cuestión de fidelidad al sacramento. La respuesta fue no.
Pero el hombre no aceptó la negativa.
Según diversos relatos, regresó varias veces intentando convencer al sacerdote. Primero insistió, luego intentó presionarlo. Después ofreció dinero. Nada funcionó.
El Padre José Maria se mantuvo firme. No alteró documentos, no buscó excusas jurídicas ni intentó relativizar la situación para evitar conflictos. Entendía perfectamente la gravedad de celebrar un matrimonio inválido delante de Dios y de la Iglesia. Con el paso de los días, las presiones se transformaron en amenazas. Pero el sacerdote siguió sin ceder. Algunas personas cercanas afirmaron que, ante la insistencia del hombre, el Padre José Maria respondió “Preferiría morir antes que celebrar aquel matrimonio”.
La mañana del 29 de abril de 1991 parecía transcurrir normalmente en la parroquia de Salgueiro, pero cerca de las 11 de la mañana, el sargento volvió a la casa parroquial, entró armado. Sin una larga discusión, disparó contra el sacerdote.
Fueron cinco disparos, una muerte inmediata. El Padre José Maria tenía 63 años y así terminó la vida de un hombre que decidió mantenerse fiel hasta las últimas consecuencias a aquello que prometió el día de su ordenación sacerdotal. No murió defendiendo intereses personales, bienes materiales o poder. Murió defendiendo la santidad del matrimonio y la fidelidad a los sacramentos.
Un recuerdo, San Juan Bautista
Para muchos fieles, el asesinato del Padre José Maria evocó inmediatamente la figura de San Juan Bautista, el precursor de Cristo también fue asesinado después de denunciar públicamente una unión ilegítima, también él eligió decir la verdad aunque eso le costara la vida. Por eso, con el paso del tiempo, numerosos católicos comenzaron a considerar al sacerdote portugués como un auténtico mártir de la santidad matrimonial. Su historia empezó a transmitirse de boca en boca, especialmente entre sacerdotes y comunidades católicas de Brasil.
La noticia del asesinato provocó conmoción en Salgueiro y en toda la región. El funeral reunió a sacerdotes, religiosos, fieles y autoridades eclesiásticas. La iglesia se llenó de personas impactadas por la brutalidad del crimen y, al mismo tiempo, admiradas por la firmeza del sacerdote. Muchos recuerdan especialmente un momento del cortejo fúnebre, la camisa que el Padre José Maria llevaba puesta el día del asesinato —todavía manchada de sangre— fue llevada al frente de la procesión. No hacían falta discursos.
Aquella imagen hablaba por sí sola. Su corazón fue posteriormente conservado en la Iglesia de San Antonio con una inscripción que resume cómo gran parte del pueblo comenzó a recordarlo, “Mártir de la santidad del matrimonio”.
Su historia continúa siendo compartida porque toca un punto sensible del mundo actual, la dificultad de mantenerse fiel cuando la verdad comienza a tener un costo. Vivimos tiempos donde muchas veces se espera que la fe se adapte a las circunstancias, que los principios cedan ante la presión o que la verdad se acomode para evitar conflictos. El Padre José Maria eligió otro camino. Pudo haber evitado problemas. Pudo haber cedido para proteger su propia vida. Pudo haber buscado una solución más fácil, pero entendió que un sacerdote no es dueño de los sacramentos, es servidor de ellos, por eso permaneció firme.
Con información de Religión en Libertad





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