domingo, 01 de agosto de 2021
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¿Quién es el buen pastor?

Se podrá reconocer al buen pastor en la medida en que permita o no que entre los hombres no haya una orientación precisa en relación a la Verdad; y, por otro lado, distinguir la acción del mal pastor, que rompe la unidad de la doctrina con enseñanzas dudosas, que admiten interpretaciones igualmente dudosas.

Redacción (19/07/2021 18:36, Gaudium Press) A lo largo de la historia, los hechos parecen demostrar, e incluso mostrar, que todo hombre necesita ser guiado por alguien más que es para él una representación de Dios mismo, indicándole los caminos. y dirección a seguir en la vida. En el Antiguo Testamento, las Sagradas Escrituras nos presentan numerosos hechos que ilustran esta dependencia. En el libro del Génesis se verifica que Noé, “varón justo y perfecto entre los hombres de su generación” (Génesis 6, 9) fue elegido por Dios para guiar y anunciar a la humanidad corrupta que, si no cambiaba su conducta, sería devastada por el diluvio. Asimismo, en el libro del Éxodo se lee que Moisés, “que vivía cara a cara con el Señor, como habla un hombre con su amigo” (Cf. Ex 33,11), fue elegido por el Señor para salvar el pueblo de Israel de la esclavitud a los egipcios.

Ahora bien, esta dependencia de un guía exige evidentemente que el hombre haga un juicio sobre sus pastores, con el fin de discernir claramente si lo llevarán a determinadas metas.

En el primer libro de los Macabeos, vemos cómo Matatías, ante la desolación en la que se encontraba Israel, reunió con él a un puñado de fieles que lo eligieron como líder del pueblo, con el fin de establecer la paz y el orden en la tierra santa. (Cfr. 1Mc 2, 1-20).

Sin embargo, ¿con base en qué criterios debemos analizar a los pastores para ver si realmente ejercen su rol de maestro y guía del pueblo de Dios con santidad y eficacia?

Entre pastor y pastor

En el Evangelio, Nuestro Señor nos ofrece algunos elementos. En primer lugar, el evangelista observa que el Divino Maestro le dice a la multitud: “Id solos a un lugar desierto” (Mc 6,31). Quiso decir que el Buen Pastor, sobre todo, es el que sabe retirarse y tener una vida interior profunda y una gran virtud. También es alguien cuya relación con Dios es seria y profunda, y cuyas palabras y acciones son, por lo tanto, el resultado del recogimiento más que de la espontaneidad e impulsividad temperamental.

Además, San Marcos afirma que: “muchos vieron partir a los apóstoles y reconocieron que eran ellos” (cf. Mc 6, 33). Dios le da a cada bautizado un cierto “instinto” por el cual puede reconocer y seguir a los buenos pastores. A través de esta intuición, el hombre sabe discernir su intención de orientar o no para bien, a los fines establecidos por Dios. Así, cuando comienzan a surgir dudas sobre si el pastor conduce hacia el bien, y cuando estas dudas persisten basadas en hechos o impresiones indiscutibles, es necesario estar atento…

Un último punto que puede ayudarnos a discernir al buen pastor está contenido en el pasaje del Evangelio que dice: “Jesús vio una gran multitud y tuvo compasión, porque eran como ovejas sin pastor” (Mc 6,34). Ahora, como cada maestro y guía de almas tiene la obligación de ser reflejo del Divino Maestro y Buen Pastor, debe tener compasión de sus ovejas cuando se da cuenta de que están sin una guía clara, ofreciéndoles los medios para seguir en el camino del bien y de la virtud. Eso es lo que hizo Nuestro Señor. Cuando vio que la multitud estaba a la deriva, se compadeció de ella y le mostró el verdadero camino.

El “estar sin rumbo” para el hombre moderno es, muchas veces, la falta de clarificación de la doctrina. Desafortunadamente, a menudo sucede que una gran variedad de ideas y doctrinas son difundidas por la sociedad sin saber cuáles están realmente de acuerdo con la enseñanza del Divino Redentor.

Cuando el evangelista afirma que la multitud caminaba como ovejas sin pastor (cf. Mc 6,34), demuestra que carecen de unidad de doctrina y de pensamiento; y, dado que los hombres necesitan conocer la Verdad, y saber, en términos de la Verdad, qué creer y cómo actuar, era necesario que el Hombre-Dios les ofreciera una unidad de doctrina. Esto es exactamente lo que dice San Pablo en la segunda lectura: “de lo que estaba dividido hizo una unidad” (Ef 2, 14).

Guiar de acuerdo a la verdad

Por tanto, los que están llamados a conducir y guiar las almas, deben seguir el ejemplo de Nuestro Señor, deben preocuparse siempre por mantener esta unidad en la verdadera doctrina católica; porque sólo así serán infaliblemente fieles a Aquel que es Camino, Verdad y Vida (Jn 14, 6).

De esta manera, se podrá reconocer al buen pastor en la medida en que permita o no que entre los hombres haya una orientación precisa en relación a la verdad; y, por otro lado, distinguir la acción del mal pastor, que rompe la unidad de la doctrina con enseñanzas dudosas, que admiten interpretaciones igualmente dudosas. Al respecto, Jeremías está muy bien expresado en la primera lectura: “¡Ay de los pastores que permiten que el rebaño de mi prado se pierda y se esparza!”. (Jr 23, 1).

La liturgia de hoy, por tanto, nos invita no sólo a examinarnos a nosotros mismos en qué medida cumplimos o no un papel de guiar a los demás por el camino del bien, sino también a estar atentos al respecto de quienes deben guiarnos para realizar los propósitos divinos.

Sigamos a los buenos pastores; no nos dejemos llevar, eventualmente, por los malos, y recemos por todos para que sean lo que Dios quiere de cada uno: unos en la perseverancia, otros en la conversión urgente.

Por Guillermo Maia

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