jueves, 01 de octubre de 2020
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Religiosas en África padecen riesgo de hambre a causa de pandemia

Las normas de aislamiento y el alza en precios hace que para las religiosas en África sea difícil abastecerse de alimentos.

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La pandemia de coronavirus representa graves pruebas para las religiosas en África. Foto: Santiago Mejía

Nairobi (25/06/2020 20:35:28, Gaudium Press) La Hna. Grace Candiru, vocero de la Asociación de Mujeres Consagradas en África Oriental y Central (ACWECA), alertó sobre la difícil situación de las religiosas en África durante la pandemia. “Creo que estamos llegando a una situación en la que hermanas no van a poder alimentarse”, declaró la Hna. Candiru, según informó Crux.

En la actualidad, las consagradas enfrentan los desafíos de estrictas normas de aislamiento y una creciente alza en los precios. Ambas situaciones dificultan la obtención de suficiente alimento para ellas y para las personas a quienes sirven. Las religiosas frecuentemente están en la primera línea del servicio a los más vulnerables, lo que las expone a mayores riesgos .

Notables desafíos para las religiosas en África

“El desafío ahora es que las escuelas donde las hermanas hacen apostolado y otros servicios sociales se han estado cerrando”, explicó la Hna. Candiru. El cierre de las actividades significa que las religiosas tampoco tengan medios de sustento con los que proveen a otras hermanas y financian otras actividades. “Es una situación real. Probablemente no muchas personas prestarán atención o pensarán en el bienestar de las hermanas”.

En medio de las dificultades, las religiosas comparten sus limitados recursos con los más necesitados, lo que limita su preparación para la crisis. Por ejemplo, las Hermanas Marianas del Amor Eucarístico en Ghan padecen serios retos. Al servir a niños con defectos de nacimiento, llevaron a los pacientes a su convento para protegerlos durante la pandemia. Sin tener elementos suficientes, buscaron adquirir lo necesario, pero los precios ya se habían triplicado.

“Obtener leche para alimentarlos diariamente se hizo muy, muy difícil”, relató la Hna. Stan Therese Mario Mumuni, Superiora general. “El movimiento se hizo difícil. Nadie venía y nadie salía. Tuvimos que pedirle a los empleados que se quedaran en casa para prevenir que trajeran la enferemedad al hogar”. A las graves dificultades se sumaron nuevos llamados para rescatar niños a los que no se podían negar. “Este es el desafío que Dios quiere que hagamos, porque soos el pueblo que Dios ha elegido de manera especial”, concluyó.

Con información de Crux

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