domingo, 01 de agosto de 2021
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San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia, tuvo un momento en su juventud de disipación

El antiguo Arzobispo de Canterbury es conocido como “doctor magnífico” y es uno de los fundadores de la escolástica.

Redacción (21/04/2021 07:46, Gaudium Press) San Anselmo de Canterbury, nuestro santo de hoy, obispo y doctor de la Iglesia, nace en el año 1033 en Aosta, y es el primogénito de una familia noble. La diferencia entre sus padres es notoria: mientras que su padre era un hombre disoluto y dilapidador, su madre era recta y de mucha piedad. Ella fue el ángel formador de su hijo en los tiernos años, y luego encomendó su educación a los benedictinos de un priorato de Aosta.

Soñó un día Anselmo, aún era niño, que Dios lo invitaba a un palacio magnífico, donde se entretuvo largo tiempo con Él. Al final el Señor le ofreció para comer “un pan blanquísimo”, lo que le dejó la convicción de que estaba llamado a cumplir una alta misión.

A los 15 años quiso ingresar a la Orden Benedictina, pero su padre lo impidió. Después de la muerte prematura del padre, Anselmo vive un tiempo de disipación moral, en el que descuida sus estudios y se deja arrastrar por pasiones de este mundo.

Errante por el mundo, encuentra la luz que lo guía

Se va de casa y viaja a Francia a buscar experiencias, pero después de tres años, cuando llega a Normandía, va a la abadía benedictina de Bec atraído por la fama del prior, Lanfranco de Pavía. Encuentro decisivo. Bajo la guía de este hombre, San Anselmo retoma los estudios y se convierte en el alumno predilecto del maestro. Se vuelve a despertar su vocación monástica, y a los 27 años entra en la orden y luego es ordenado sacerdote. Retoma el camino que había iniciado de niño.

En 1063 Lanfranco es elegido abad en Caen, y San Anselmo es nombrado prior del monasterio de Bec y maestro de la escuela del claustro. Usa métodos de dulzura en la educación, al tiempo que es muy exigente consigo mismo, invitando con su ejemplo a los demás a seguirle.

Muere el Abad de la abadía de Bed, Erluino, y se quiere que San Anselmo lo suceda. Pero Lanfranco de Pavía había sido hecho Arzobispo de Canterbury, al otro lado de la Mancha, y pide a su antiguo discípulo Anselmo que lo ayude en la renovación de las comunidades religiosas. San Anselmo va hasta allá, su labor se torna muy fructífera, y cuando muere Lanfranco es escogido él como Arzobispo de Canterbury, en el año 1093.

Defiende a la Iglesia de las indebidas injerencias de las autoridades políticas, por lo que es desterrado de su sede en 1103. Al final su constancia vence, Enrique I renuncia a la pretensión de conferir las investiduras eclesiásticas, entre otras, y San Anselmo puede regresar a Inglaterra.

Dedicó los últimos años de su vida a la formación moral del clero y a la profundización en temas teológicos. Muere el 21 de abril de 1109, cuando en la misa se proclamaba el evangelio de Lucas: “Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas; yo, por mi parte, dispongo un reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí, para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino…”. Se realizaba así el sueño del misterioso banquete, que había tenido cuando niño.

Se considera uno de los fundadores de la teología escolástica. Se le da el título de “doctor magnífico”.

Con información de El Testigo Fiel 

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