viernes, 03 de febrero de 2023
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San Gerardo Sagredo, iba a Jerusalén pero el rey San Esteban de Hungría lo tomó como tutor de su hijo

San Gerardo Sagredo era de Venecia.

San Gerardo Sagredo

Redacción (24/09/2021 07:02, Gaudium Press) San Gerardo Sagredo fue el apóstol vastas regiones en Hungría.

Nace en Venecia a inicios del S. XI. Entra muy joven al monasterio benedictino de San Giorgio Maggiore en Venecia, pero parte después a peregrinar a Jerusalén.

Sin embargo, al pasar por Hungría conoce al rey San Esteban, quien lo retiene para sí, para que fuese el tutor de su hijo, el Beato Emeric, al tiempo que predicaba la Palabra de Dios.

Habiendo fundado San Esteban Rey la sede episcopal de Csanad, nombra a Gerardo como su primer obispo.

Convirtió a muchos de los paganos de su diócesis en cristianos.

A pesar de sus actividades como obispo, San Gerardo tenía muchos momentos de vida contemplativa, donde se nutría para su fructífero apostolado.

Además era escritor sacro.

Muerto San Esteban, el reino entró en caos, y se iniciaron revueltas contra el cristianismo incluyendo una persecución.

Un día que San Gerardo celebraba la eucaristía en un pueblito, una premonición le llegó, de que ese mismo día sufría el martirio.

Terminada la visita a la aldea, el obispo y su comitiva partieron hacia la ciudad de Buda. Cuando iban a cruzar el río los detiene un oficial idólatra, y sin mediar palabra, él y sus soldados apedrean a San Gerardo que se hallaba dentro de una barca, amarrada a un pilote.

Algunos de los soldados se metieron al agua, volcaron la embarcación y sacaron a rastras al santo obispo. Asido a los brazos de sus captores, se incorporó hasta ponerse de rodillas y oró en voz alta con las palabras de San Esteban, el Protomártir: “¡Señor, no les toméis en cuenta esta culpa!”. Pero habiendo pronunciado estas palabras le atravesaron el pecho con una lanza, y luego arrojaron su cuerpo al Danubio.

Era el 24 de septiembre de 1046.

Sus reliquias fueron colocadas junto a las de San Esteban y su hijo el Beato Emeric.

Con información de Catholic.net

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