miércoles, 25 de noviembre de 2020
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San Juan de Capistrano era franciscano; pero un día tuvo que dirigir un ejército

De joven Juan se entrega al estudio, estudia leyes en Perugia, es alumno de un famoso, Pietro Ubaldo. Reconocido pronto como grande, es elevado a gobernador de la ciudad.

Redacción (23/10/2020 09:10, Gaudium Press) San Juan de Capistrano. Nacce en Italia, en 1385. Se conoce que su padre era un guerrero que iba con el Duque de Anjou en su campaña en la bota itálica.

De joven Juan se entrega al estudio, estudia leyes en Perugia, es alumno de un famoso, Pietro Ubaldo. Reconocido pronto como grande, es elevado a gobernador de la ciudad, con las muchas responsabilidades que esto implicaba, como por ejemplo la negociación de Perugia para poner término a la guerra en la que se encontraba con la familia Malatesta.

Pero en medio de estas negociaciones fue hecho prisionero; y poco después decide abandonar las vías civiles y entrar por las de la vida religiosa, haciéndose franciscano.

Tuvo como maestro a San Bernardino de Siena

Si la educación que recibió en el siglo fue buena, la que adquirió en religión fue mejor, teniendo como maestro a San Bernardino de Siena. Propagó mucho la devoción de su maestro al santo nombre de Jesús.

Espíritu aguzado, percibió gérmenes de decadencia en su comunidad y por ello propugnó por una reforma. Para realizar esta labor, sus hermanos lo eligieron Vicario General en 1438.

Fue un orador insigne. Si la gente sabía que él iba a predicar, acudía en masa. En una ocasión se computaron más de 100.000 personas en su auditorio. Aunque muchos sabían que no podrían escuchar su palabra, se contentaban con verlo.

Se corrió la fama de que hacía milagros, y por esto por donde pasaba se acumulaban los enfermos, a la espera de la curación.

En su tiempo se consumó la caída de Constantinopla a manos de los musulmanes liderados por Mahomet II, en 1453. Ahí no pararía el conquistador, sino que quería seguir avanzando, en un capítulo que creía final del choque de dos civilizaciones. Era preciso que la civilización cristiana se diera cuenta del peligro y se levantase; pero la Cristiandad estaba amolecida, adormecida.

Era preciso una nueva cruzada. Pero la Cristiandad estaba mole

Se requería pues a alguien que convocase a reyes, príncipes y clérigos en defensa de los países de Cristo, y el escogido por el Papa Calixto III fue San Juan de Capistrano. Su acción diplomática fue decisiva para que los príncipes cristianos, que estaba divididos por muchas cuestiones, al final se uniesen en contra del turco.

El comando del ejército se le entregó al noble húngaro Hundyade.

Pero un día, en la batalla decisiva a la altura de Belgrado, este noble se dio cuenta que faltaba quien comandase el ala izquierda del ejército. Y le pidió a San Juan de Capistrano que lo hiciese. San Juan lo hizo, con mucho acierto.

Al terminar la batalla, Mahomet II estaba en fuga, y la victoria había sido completa, y con ello la Iglesia se libraba de una gravísima amenaza.

Tenemos pues a un grandísimo hombre para conmemorar hoy: Santo, orador, estadista, diplomático, vicario general de una importantísima orden, y finalmente general guerrero.

Si se difundiesen más biografías como las de este santo, se le haría un bien a mucho católico que cree que ser cristiano es ser endeble. Y ciertamente mucho indiferente gustaría de ser cristiano.

(Con información del artículo ‘Reflexiones para la fiesta de San Juan de Capistrano’, de autoría de Plinio Corrêa de Oliveira).

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