lunes, 19 de abril de 2021
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San Juan de Dios, un día encuentra en el camino a un ‘niño’, que le anuncia que Granada será su cruz

Tenía 40 años, había sido soldado, pero sabía que Dios lo destinaba a otras empresas. Y le pide a Dios que le muestre el camino.

Redacción (08/03/2021 07:16, Gaudium Press) Hoy la Iglesia conmemora, entre otros santos, a San Juan de la Cruz.

Se sabe poco de su infancia, como que nació en Alentejo el 8 de marzo de 1495, en un hogar modesto y piadoso.

Siendo aún niño, tenía 8 años de edad, escapa de su casa y sus padres no saben más de él. Sus biografías no nos dan razón para ello. Es acogido por Francisco Cid, jefe de los pastores del Conde de Oropesa, que lo trata como hijo.

Como pastor, contempló a Dios en el Orden del Universo, y va adquiriendo un espíritu místico.

Juan Cidade Duarte se enlista, en 1522, en las tropas españolas enviadas para defender Fuenterrabia. Quería satisfacer su corazón idealista. Pero regresando a Oropesa, le sorprende y conmueve la cantidad de enfermos y pobres que sucumben por falta de alguien que les cuide. Va naciendo la vocación.

Los padres había muerto

Se enlista nuevamente para defender Viena del ataque de los turcos, en 1526, y cuando termina la campaña y es licenciado, le entra el deseo de regresar a su ciudad natal para volver a ver a los padres. Pero solo encuentra un tío, quien le dice que su madre había muerto de pena moral tras su partida, y que su padre había entrado a los franciscanos y también había muerto. La culpa se enciende en su espíritu.

Nuevamente opta por la vida castrense y parte a Ceuta, pero luego, aconsejado por un franciscano, regresa a España.

En Gibraltar, Juan Cidade pide a Dios que le indique claramente el rumbo de su vida. Tenía cuarenta años de edad. Se volvió entonces librero ambulante.

Hasta que un día, al cruzar por una región deshabitada, vio un niño solitario, descalzo, golpeando sus pequeños pies en las piedras del camino. Él quiso darle sus propios zapatos, pero le quedaban muy grandes. Entonces cargó al niño en las espaldas un largo trayecto, y al llegar a una fuente puso al niño a la sombra de un árbol y fue por el agua. Cuando regresó, lo encontró resplandeciente, teniendo en la mano una granada abierta, sobre la cual relucía una cruz. El ‘niño’ le entrega la fruta y le dice: “¡Juan de Dios! ¡Granada [la ciudad] será tu cruz! Y desapareció. Fue entonces Juan Cidade de Dios a Granada.

Asistió en Granada un día a la misa que ofició San Juan de Ávila en 1537; el sermón invitando a la conversión lo conmovió profundamente y al final de la misa, con alta voz pidió perdón por sus pecados.

Alguien lo llevó hasta San Juan de Ávila, con quien se confesó, y le dio ánimo a continuar con la vida cristiana llevada a serio.

Al loco se lo llevan al Hospital Real

Por esos días hizo varias penitencias públicas. La gente lo tomaba como loco, pero a él no le importaba, estaba asumido por la gracia de Dios. La gente creía de verdad que había perdido el juicio, y lo internaron en el Hospital Real, donde se refugiaba de forma promiscua el abanico de la miseria humana.

El ‘remedio’ que se aplicaba a los locos en el Hospital eran las cadenas y los golpes, y así se hizo con San Juan de Dios.

Pero San Juan de Dios, que soportaba con paciencia los golpes y humillaciones a él infligidos, no podía tolerarlos con los otros enfermos, y se lo hacía saber a los enfermeros, que le respondían con más golpes.

Pero llegaba el momento de cumplir con su misión, y poco a poco los custodios se dieron cuenta que no estaban ante un loco, y lo dejaron circular libremente por el Hospital, al tiempo que se hacía en su alma más claro el deseo divino: “Jesucristo me conceda tiempo y me de la gracia de tener un hospital, donde pueda recoger los pobres desamparados y faltos de juicio, y servirlos como deseo”.

Se entrega a la Virgen de Guadalupe

Recorre a pie 400 kilómetros, va hasta el Santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura, pide que Ella proteja sus emprendimientos. Pero cuando llega al Santuario, el sacristán que lo confunde con un ladrón, quiere darle un puntapié y su pierna queda paralizada, sin vida. San Juan de Dios reza a la Virgen y ella le restituye su pierna.

Después de haberse entregado por completo a Nuestra Señora, regresa a Granada a fines de 1539, vende leña y con lo que gana atiende a los necesitados que vagaban por las noches en las calles.

Las personas empiezan a darle donativos y con ese dinero alquila una pequeña casa donde instala su primer hospital, con 46 camas formadas con viejas esteras. Y allá llevó los desamparados que encontró. En el día vendía leña, en la noche cuidaba a los enfermos.

Un día un incendio destruye el Hospital Real, donde él había estado recluso. Los ojos se vuelven a Juan Cidade, recibe un donativo del propio Arzobispo, además de otras personas, lo que le permite compran un antiguo convento carmelita, y allí instala su nuevo hospital, con 200 camas y un gran albergue nocturno.

Un día le contó al Arzobispo la historia del niño que él había atendido un día, y le dijo que éste lo había llamado Juan de Dios. El Arzobispo de Granada le dijo que en adelante ese sería su nombre, y le dio un hábito compuesto de tres piezas, camisa, pantalón y capa, en honra de la Trinidad Beatísima.

Después de ir a pedir el auxilio económico del soberano en Valladolid para su obra, regresa a Granada enfermo. Allí entrega la dirección del hospital a uno de los hijos espirituales que había congregado, y se aloja en casa de uno de los pudientes de la ciudad.

Muere de rodillas

Siendo el 8 de marzo de 1550, y después de ser asistido en sacramentos por el propio Arzobispo, se levanta del lecho, abraza una cruz, y dice. “Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo”; y muere. Su cuerpo inerte permanecía de rodillas, mientras un suave perfume inundaba la habitación.

En 1586 San Pío V erigía la Orden de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios.

Con información de Arautos.org

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