miércoles, 25 de noviembre de 2020
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San Odón, segundo abad de Cluny, un día vio que su alma era como un bello vaso lleno de serpientes

Su prestigio lo hizo mediador entre reyes, reformador de monasterios.

Redacción (18/11/2020 07:23, Gaudium Press) San Odón, el santo de hoy, fue el segundo abad de Cluny, después del abad Berno.

La abadía de Cluny: su nombre es indisoluble a la edad media, de allí el espíritu benedictino se fue esparciendo por toda la Cristiandad.

Odón se educa en cortes y de gran prestigio, es tonsurado, es hecho canónico, estudia música, pero un día lee la vida de San Benito, y tiene un interior choque que le avisa cuán lejos está de la perfección, y decide hacerse religioso, entrando al monasterio de Baume-les-Messieurs, diócesis de Besançon.

A él le gustaba mucho el estudio, tal vez en detrimento de la oración. Pero una vez tuvo una visión, de su alma como un vaso hermoso lleno de serpientes, y con ello entendió que debía destinar más tiempo a la oración y la contemplación.

El abad Berno lo hace director de la escuela que Cluny tenía en Baume, y cuando muere éste, San Odón lo sucede como abad de Cluny, continuando la obra de reforma de varios monasterios que Berno había emprendido.

Disciplina y caridad

En el gobierno de la abadía, San Odón mantiene la estricta disciplina que había implementado el monje Berno. Pero también usaba de la caridad con sus subordinados.

Un día un estudiante había ido al templo a cantar maitines, en una madrugada de invierno, hallando a un mendigo muerto de frío a la entrada, al que regaló su capa. Durante todo el oficio el estudiante estuvo a su vez tiritando, y cuando regresó a su lecho, después de rezar las laudes, encontró que entre las sábanas había una moneda de oro: San Odón le había dejado lo suficiente para que se comprara otra capa.

Mediador en las disputas en Italia, hasta allá extiende la influencia de Cluny

Viendo tal vez en eso una solución, el Papa León VII convocó a San Odón a Roma para que intentara mediar entre Hugo de Provenza y Alberico, que luchaban por el mando sobre la región. San Odón, que era muy admirado por el de Provenza, logró una paz provisoria casando a Alberico con la hija de Hugo. Pero parece que Dios lo quería allá más para que extendiera la influencia de Cluny a los monasterios, y así lo hizo en la abadía de San Pablo Extramuros, en los monasterios de Monte Cassino, Pavía, Nápoles y Salerno.

Un día un campesino, hombre ignorante, quiso apedrear a San Odón porque los monjes de San Pablo le debían dinero. San Odón pagó al campesino lo que debía y se olvidó del hecho. Pero Alberico se enteró de la afrenta al Abad, y sentenció al campesino a perder su brazo. Solo después de la intervención de San Odón, este hombre pudo conservar la extremidad.

Regresa Odón a Cluny, pero tuvo que volver a Roma dos veces para mantener la paz entre Hugo de Provenza y Alberico, mientras seguía con su labor de reforma de monasterios.

Pero también en Francia, monasterios que estaban secularizados o relajados, regresaban a la observancia por la influencia y acción de San Odón.

Es claro que no faltaron los monjes que se resistían al movimiento de reforma, quienes inventaban calumnias contra el santo o contra la vida en Cluny. Pero la obra de reforma seguía.

Una vez los monjes de Fleury lo recibieron con piedras y armas, y le dijeron que si entraba a su iglesia, lo matarían. El santo esperó tres días, les dirigió palabras caritativas y al final venció la resistencia de los monjes que lo acogieron como padre.

Al regreso de su última ida a Roma, en el monasterio de San Julián de Tours, enfermó y murió, un 18 de noviembre.

Antes de morir compuso un himno en honor a San Martín de Tours: pero ya había compuesto tres libros sobre moral, una biografía de un santo, poemas, himnos. Dicen que escribió varias obras sobre música sagrada, que no resistieron el paso del tiempo.

Con información de El Testigo Fiel

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