lunes, 06 de diciembre de 2021
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Santa Gertrudis, inteligentísima, leía mucho obras mundanas, hasta que Cristo se le apareció

Mística, recibió los estigmas, era erudita.

Redacción (16/11/2021 08:48, Gaudium Press) Hoy conmemoramos a Santa Gertrudis, virgen benedictina.

Gertrudis, nombre de origen gótico, significa fiel (trud) defensora (ger); es por tanto un término que ya habla de ella. Es patrono de los místicos, por sus muchos fenómenos de ese tipo que vivió aquí en la Tierra.

Nace alrededor del año 1256 en Eisleben, Alemania, y desde que tenía 5 años sus padres la colocan como alumna con las benedictinas de Rodesdorf.

La superiora del convento nota la rutilante inteligencia de la niña y la incentiva en el camino de los estudios, además del cumplimiento de la regla. Le era muy fácil la literatura, el estudios de las ciencias, y tenía desde joven una dicción exquisita. Su tía, la superiora del convento, que era Santa Matilde, se regalaba de contento en la contemplación de la chica.

En esa alma, Dios reunió el brillo y el frescor de las más bellas flores a la candidez de la inocencia, de manera que encantaba todas las miradas como atraía todos los corazones”, dice de ella una contemporánea.

Embriagada por el torrente del Divino Amor

Sin embargo, se aficionó demasiado a los estudios profanos, son solo un medio y no un fin, y por ello, cuando tenía 26 años, Cristo se le aparece, según su propia narración: “Estaba yo en un rincón de la capilla donde acostumbraba hacer mis tibias oraciones, cuando se me apareció Nuestro Señor y me dijo: – Hasta ahora te has dedicado a comer polvo como los que no tienen fe. De allí has tratado de extraer miel y sólo has encontrado espinas. Desde ahora dedícate a meditar en mis mensajes y ahí sí encontrarás el verdadero maná que te alimentará y te dará la fortaleza y la paz”. En esa visión le fueron impresos los estigmas del Salvador. A este momento ella lo llamaba su “conversión”.

Desde ese momento se dedicó más a estudiar teología, biblia, y a la lectura de los Padres de la Iglesia.

Las personas comenzaron a consultarla y siempre respondía con mucha propiedad. Para que sus consultantes tuvieran sus ayudas a la mano, escribió algunas obras en lengua vernácula, aunque otras escribió en latín. Esas obras se perdieron.

El poder de intercesión de los santos, gigantesco

En un año que hacía mucho frío, afectando hombres, animales y cosechas, Santa Gertrudis imploró a Dios alivio, recibiendo esta respuesta de Cristo: “Hija, has de saber que todas tus oraciones son oídas”. Ella insistió y le pidió una prueba de su bondad haciendo que cesase el frío. Cuando salió de la Iglesia, la nieve ya se estaba derritiendo.

Tenía una especial devoción a la eucaristía, y se dice de ella que era especialmente amante de la humanidad de Jesús, siendo una especie de precursora de la devoción al Sagrado Corazón. Inclusive se afirma que algunas de las revelaciones de Jesús a Santa Gertrudis tienen similitudes a las revelaciones que hizo después a Santa Margarita María Alacoque.

Un día Cristo se le aparece y le dice “Gertrudis, tú serás mi heraldo”, por lo que ella escribió en cinco volúmenes lo que Cristo le decía en sus apariciones, y le puso a esa obra el título de “Heraldos de la amorosa bondad de Dios”.

Por ejemplo, un día le presentó su Corazón con la forma de un turíbulo de oro, del que subían al Padre tantas columnas de incienso como tipos de hombres había por los cuáles Él dio la vida.

Su amor por Jesús fue tan grande, que el mismo Cristo lo atestiguó: Santa Matilde le pregunta a Jesús: “Señor, fuera de la Santa Hostia, ¿dónde te puedo encontrar?” – Y Jesús le responde: “Búscame en el corazón de Gertrudis”.

Según la tradición, fallece en el año 1302 o 1303. Ella había compuesto un pequeño tratado de preparación para la muerte, que ciertamente fue su guía en ese trance.

Con información de Aciprensa

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