miércoles, 28 de octubre de 2020
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Santa Margarita María Alacoque, a la que un día Jesús le dio una chispa de su Sagrado Corazón

Incluso en días de invierno, la Santa tenía que abrir las ventanas por el calor que producía la chispa de amor dada por Cristo.

Redacción (16/10/2020 12:08, Gaudium Press) Santa Margarita María Alacoque, aquella a quien apareció el Sagrado Corazón.

Nació el 25 de julio de 1647 en Janots, Borgoña, Francia. Inspirada por la gracia, hizo voto de castidad perpetua a la edad de 4 años.

Huérfana de un padre, fue llevada al colegio de las Clarisas, pero tuvo que regresar poco después por enfermedad. Luego hizo voto a la Virgen de volverse religiosa si se curaba, y recuperó su salud.

Esclava en su propia casa

Cuando murió el padre, y su abuela y dos tías se apoderaron de los bienes y la mamá de Margarita y sus cinco hijos quedaron como esclavos. No permitían que Margarita saliese a misa entre semana a la Iglesia. Ella se retiraba a un rincón, y allí lloraba. Pero entonces comprendió que sus penas eran a imitación de lo que sufrió Cristo en la Pasión, y con ese pensamiento las pudo soportar mejor. Sin embargo mucho la hacía sufrir los maltratos hacia la mamá.

Cuando cumplió 18 años comenzó a arreglarse con más dedicación y a frecuentar fiestas con jóvenes. Pero su corazón se sentía hastiado. No obstante la familia no le permitía dedicarse a la vida de piedad.

Un día después de comulgar sintió que Jesús le decía: “Soy lo mejor que en esta vida puedes elegir. Si te decides a dedicarte a mi servicio tendrás paz y alegría. Si te quedas en el mundo tendrás tristeza y amargura”. Desde ese momento su deseo de hacerse religiosa fue mucho más firme.

San Francisco de Sales la llama

Al contemplar un cuadro de San Francisco de Sales, se sintió fuertemente llamada a formar parte de sus hijas, las Visitandinas, y se unió al Convento de Paray-le-Monial, el 20 de junio de 1671.

En este monasterio vivió de las gracias místicas y del intenso contacto con Nuestro Señor Jesucristo. Como esto causase extrañeza a las superioras, Jesús “adaptó” sus gracias a la regla de la Congregación y le dio tres armas para la lucha diaria por la purificación y transformación de su alma: una conciencia delicada y un horror a la más mínima falta; santa obediencia; y su santa cruz.

Fue en el convento ayudante de una hermana que tenía recio carácter, y el temperamento tranquilo de Santa Margarita la desesperaba, lo que ocasionaba malos tratos. También la superiora empleaba de dureza con ella.

Se le revela el Sagrado Corazón

Recibió las hermosas revelaciones de la misericordia del Corazón de Jesús: “Hé aquí está el Corazón que tanto amó a los hombres y por ellos fue tan poco amado”. El 27 de diciembre de 1673, por primera vez se le apareció el Sagrado Corazón, cuando ella estaba rezando ante el Santísimo en la noche. De repente se abrió el sagrario y apareció Jesús, como está representado en los cuadros populares del Sagrado Corazón. Su corazón estaba rodeado de llamas y con una corona de espinas arriba. “He aquí el corazón que tanto ha amado a la gente y en cambio recibe ingratitud y olvido. Tú debes procurar desagraviarme”, le dijo Cristo. Las apariciones continuaron por 18 meses.

El Sagrado Corazón le hizo bellas promesas: “Bendecirá las casas donde sea expuesta y honrada la imagen de mi Sagrado Corazón. Dará paz a las familias. A los pecadores los volverá buenos y a los que ya son buenos los volverá santos. Asistirá en la hora de la muerte a los que me ofrezcan la comunión de los primeros Viernes para pedirme perdón por tantos pecados que se cometen”.

Cuando Santa Margarita le preguntó que por qué la había escogido para propagar esa devoción, Jesús le respondió: “Te he escogido a ti que eres un abismo de miserias, para que aparezca más mi poder. Y en cuanto a tu frialdad para amar a Dios, te regalo una chispita del amor de mi Corazón”. Y le dio una chispa de la llama que ardía sobre su Corazón. Desde ese momento la santa empezó a sentir un amor grandísimo hacia Dios. El calor de su corazón se manifestaba de forma física, de manera que en pleno invierno, a varios grados bajo cero, tenía que abrir la ventana de su habitación porque sentía que se iba a quemar con tan grande llama de amor a Dios que sentía en su corazón.

Jesús le permitió sufrir mucho por la incomprensión de las superioras y hermanas de hábito, pero le dio como confesor al gran San Claudio de La Colombière.

Un día enfermó gravemente, y la superiora le dijo: “Creeré que sí son ciertas las apariciones de que habla, si el Corazón de Jesús le concede la curación”. Santa Margarita se curó y la superiora creyó.

Fue hecha Maestra de novicias y a estas enseñó la devoción al Sagrado Corazón. Un día Cristo le dijo: “Si quieres agradarme confía en Mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí”.

Murió el 17 de octubre de 1690. Sólo tres años después de su muerte, comenzó a ser divulgada la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, de que fue tan gran entusiasta.

Fue canonizada en 1920 por el Papa Benedicto XV.

(Con información de EWTN, y Arautos.org)

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