La confesión “convierte la intimidad en un ámbito sagrado de confidencialidad, respeto y olvido” y “regala paz y serenidad de conciencia, consuelo espiritual y fortaleza”, escribe Mons. Gómez García.
Redacción (28/10/2026 09:05, Gaudium Press) Mons. Xabier Gómez García, OP, obispo de Sant Feliu de Llobregat, en Barcelona, España, recordó en su su carta dominical del 25 de octubre la importancia del Sacramento de la Confesión.
En el documento, el prelado hace un diagnóstico de la realidad actual: “Vivimos en una sociedad exhibicionista”, en la que las redes sociales invitan a mostrar dónde estamos, qué comemos, qué pensamos e incluso cómo nos sentimos, y en la que muchas expresiones musicales y audiovisuales convierten lo íntimo en materia de exhibición.
Tras esa necesidad compulsiva de expresarse, advierte, late muchas veces un deseo legítimo de ser vistos, escuchados y queridos. Pero la atención a la imagen tiene un precio: “Exponemos y explotamos nuestra imagen, pero descuidamos la arquitectura de nuestro ser profundo, la paz del alma”.
El remordimiento “nos avisa cuando hemos cometido un error real, impulsándonos a pedir perdón (a Dios y a los otros en el caso de los creyentes), y motivándonos a reparar el daño o cambiar nuestra conducta en el futuro”, escribe el obispo. “En este contexto, los católicos podemos y debemos acudir al sacramento del perdón. Sería un error pensar que es algo trasnochado”.
“Todos necesitamos la misericordia de Dios”
La confesión, explica, “convierte la intimidad en un ámbito sagrado de confidencialidad, respeto y olvido”, donde es posible nombrar errores, inmadureces o pecados sin temor a ser juzgado ni a quedar atrapado por ellos. “Solo hay algo tan liberador como escuchar decir ‘yo te perdono’ y es oír decir ‘yo te querré siempre’”.
“Todos necesitamos la misericordia de Dios”, insiste. Lo define como un sacramento de curación, “tan bello y desarmado como la humildad que lo hace posible”, que “regala paz y serenidad de conciencia, consuelo espiritual y fortaleza para volver a la vida cotidiana”. Y marca una frontera expresa, porque la confesión no se confunde con el acompañamiento espiritual ni con la terapia psicológica, que pertenecen a otros ámbitos.
Invitación a los sacerdotes
La carta concluye con un encargo a los sacerdotes. El obispo les invita a “revisar los horarios, los espacios, la ambientación, la motivación y la acogida”, para que el sacramento sea accesible en la vida ordinaria de las parroquias.
“Ofrezcamos una escucha sacramental exquisita, paciente y compasiva, capaz de hacer de cada confesión una experiencia liberadora y gratuita”, pide, y cierra con un criterio sencillo: “Tratando a quien llega como quisiéramos ser tratados”.
Con información de Infocatólica.






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