jueves, 13 de agosto de 2020
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Tres hechos milagrosos ocurridos con el Escapulario del Carmen

Que el Escapulario de la Virgen del Carmen ha sido ocasión para muchos milagros, es algo líquido, patente.

Redacción (16/07/2020 08:22, Gaudium Press) Que el Escapulario de la Virgen del Carmen ha sido ocasión para muchos milagros, es algo líquido, patente, según la buena Historia. Contemos tres de ellos, de los narrados por el fraile carmelita Juan Fernández Martín en su obra “Milagros y Prodigios del Santo Escapulario del Carmen”.

La religiosa que un día quiso suicidarse

Es la historia de una religiosa que llegó a ser superiora de las Hermanitas de los Pobres. Muere su padre y se va a vivir a París con la madre, que ya tenía muchos años. Monta un pequeño taller, trabaja, pero su madre cae enferma de cáncer que finalmente la lleva a la muerte, pero también consume las economías que habían hecho. Cuenta la religiosa que en medio de su desesperación, “entré una noche del mes de julio en mí aposento; cogí un gran brasero [recipiente para calentar]; lo llené de carbones y lo encendí, y habiendo cerrado la puerta y la ventana, me acosté para morir dulcemente por asfixia”.

A las cinco de la mañana llega una amiga y la encuentra como muerta, pero pasaba por ahí un famoso médico, el Dr. Recamier, que dijo:

-No señores, no; no debe estar muerta esta mujer; lleva puesto el SANTO ESCAPULARIO; y ningún suicida logra morir, aunque en ello se empeñe, cuando lleva consigo este objeto.

Tomó, pues, en sus manos el Doctor mí Escapulario, volvió a ponérmelo bien, tornó a mirar, a remirar, a palpar mi cuerpo yerto y a examinarme más despacio. ¡Inútil empeño! No lograba encontrar en mí ninguna señal de vida. Más no por eso se daba por vencido el cristianísimo Doctor, en cuyo rostro, muy a las claras, se leían el dolor, la pena, el asombro y la profunda meditación que le embargaban.

-Traed, dijo de repente, traedme dos mazos de madera, y vamos a golpear todo el cuerpo, particularmente por la región del estómago. No puede ser que haya muerto en medio de la desesperación quien lleva puesto el ESCAPULARIO DEL CARMEN.

Comenzaron a menudear suaves golpes de mazo sobre mi cuerpo frío; y el sabio y piadosísimo Doctor examinaba atentamente a cada minuto mis yertos despojos, sin descubrir ni atisbar ninguna señal cierta de vida. Y así se pasó una hora mortal: ellos dándome golpes con los mazos, y él observando con mucha atención y diligencia mi cadáver.

Pero de repente se ilumina la cara del Doctor Recamier, el cual, con lágrimas en los ojos, comenzó a gritar:

-Ya, ya vuelve a la vida este cuerpo. Bien lo decía yo: Nuestro Señora del Carmen no podía dejar morir así a quien llevaba puesto su SANTO ESCAPULARIO

Se lanza el Escapulario al fuego, y este se apaga

Cuenta el P. Francisco Boersio que en Ada, de la jurisdicción de Milán, la casa de Alejandro Coto prendió fuego. Llega tarde a su casa Alejandro, y ya la vio perdida, pues sería muy difícil encontrar ayuda en esa zona despoblada. Pero a alguien se le ocurrió lanzar a las llamas el escapulario del Carmen, pues había escuchado que en una ocasión similar eso se había hecho y el fuego había cedido; pronto las llamas se fueron apagando, hasta extinguirse por entero.

Castigo a uno que se burló del escapulario

Herejes en Puerto Rico, por vuelta de 1923, quisieron ridiculizar la devoción católica. Habían organizado una ‘velada’, con parodia teatral.

En la tal velada tomaban parte una joven de apellido Domínguez, que desempeñaba el papel de princesa. Un joven, Pietri, hacía de sacerdote católico. Pietri exigió dinero a la joven Domínguez. A la negativa de ésta, el cura Pietri, montando en cólera, insultó violentamente a la princesa, diciéndola: “Te vas a condenar, eres mala católica”. La joven Domínguez, para demostrar su catolicidad religiosa, muéstrale un Escapulario de la Virgen del Carmen que pendía de su cuello. El iracundo y frenético cura se lo arrebata de las manos, diciendo: “Esto es una tontería, una por…” levantando el brazo en actitud de arrojar al suelo el bendito Escapulario.

El hereje levanta el brazo, y este se le paraliza. Los otros le preguntan que qué pasa, pero tiene que ser sacado tieso, paralítico y medio idiota. El hecho se conoció porque en esa “velada” había católicos que lo narraron.

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