jueves, 04 de marzo de 2021
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¿Un héroe católico? Don Blas de Lezo

En estos tiempos de falta de buenos modelos, ahí va uno que la historia no pudo ocultar.

Monumento a Don Blas de Lezo en Cartagena de Indias, teniendo al fondo el Castillo de San Felipe de Barajas

Redacción (29/01/2021 11:41, Gaudium Press) En estos tiempos de católicos flojos y tibios, esos que creen que la combatividad por la fe y los principios es falta de caridad cristiana, en estos días en que incluso se le llama ‘católico’ a un presidente que lo único que hace es promover el abominable aborto en el mundo entero, es bueno recordar ciertas figuras históricas que restauran en el alma la noción de virilidad y heroicidad cristianas. Uno de ellos don Blas de Lezo.

En el momento que escribimos estas líneas lo hacemos delante del Castillo de San Felipe, tal vez el monumento colonial más importante de América. Ante esta bella, seria y robusta nave de piedra se estrellaron un día las tropas inglesas que querían no solo saquear Cartagena de Indias, sino emprender la conquista de la américa española, en 1741.

El verdadero muro era Don Blas de Lezo

Venía incluso un hermano de George Washington entre los oficiales de las tropas del almirante Vernon. Pero el verdadero muro de piedra contra el que se chocaron los protestantes tiene nombre de carne y huesos de España, se llamaba Blas de Lezo.

Vernon traía una flota nada más ni nada menos mayor que la armada invencible: 180 naves, 15.000 tripulantes para esas embarcaciones, más de 8.000 soldados de infantería de desembarco con artillería de asedio, 4.000 milicianos americanos bajo el mando de Lawrence Washington y 2.000 nativos jamaiquinos macheteros.

Y a estas fuerzas verdaderamente gigantescas, se enfrentó Don Blas, con un gran castillo como el de San Felipe, pero con pocos hombres, y eso sí, su bravura, esa que era orgullo de la nobleza vasca, esa que se ocupaba comúnmente de “garantizar la defensa frente a toda amenaza exterior, y precisamente este servicio a la comunidad era lo que les otorgaba su posición de privilegio. Este será exactamente el caso de Don Blas, el sentimiento de pertenencia a una clase llamada al servicio de las demás será una idea que permeará toda su vida”. (1) Eso se llama caridad cristiana.

Una caridad que no es boba, que es astuta.

Una caridad que es astuta

Como cuando por ejemplo en el asedio de los ingleses de Vernon al Castillo de San Felipe.

Los ingleses ya tenían listas las escaleras para escalar los muros de castillo. Pero sin que se dieran cuenta, don Blas mandó a abrir un foso, no muy profundo, pero lo suficiente para que las escaleras se quedaran cortas y los pobres ingleses fuesen caza fácil. Caridad cristiana de don Blas, no boba, no estúpida, caridad con los miles de nativos que siguieron recibiendo el bautismo católico porque hubo una vez un aguerrido hombre que fue astuto y guerrero.

Un hombre católico, que por donde guerreó llevaba siempre un crucifijo de plata; un hombre que era mitad cuerpo hombre, pues en sus andanzas navales había perdido una pierna, estaba tuerto, tenía inutilizado un brazo, pero que nadie dudaba en obedecer una de sus órdenes; un comandante que incluso en pleno sitio de Cartagena por Vernon, el peor, no olvidaba que él y sus tropas estaban defendiendo una causa más alta que incluso España, y era la causa de la pervivencia de la fe católica:

El día clave, y en el auge del fragor de la lucha por la toma del Castillo de San Felipe, los defensores de este fuerte y de todos los escenarios de combate en la bahía de Cartagena cesaron el fuego, pues había que rezar el Ángelus: “El ángel del Señor anunció a María…”, entonó el P. Tomás Lobo; “y concibió por obra del Espíritu Santo…”, se respondió. Los ingleses, un tanto ‘ateos’, no podían sino renegar del ‘fanatismo’ católico del De Lezo y sus bravos

Por Saúl Castiblanco

1 Quintero Saravia, Gonzalo M. Don Blas de Lezo – Defensor de Cartagena de Indias. Ed. Planeta. Bogotá. 2002. p. 29.

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