viernes, 23 de febrero de 2024
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Una jarra de cerveza absoluta: la vía espiritual de Plinio Corrêa de Oliveira

“Es lo que él también llamaba de ‘sacralización’…”

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Foto: YesMore Content en Unplash

Redacción (03/12/2023 18:02, Gaudium Press)  Definitivamente Plinio Corrêa de Oliveira es fundador de una escuela espiritual novedosa.

Declaraba él en una reunión con sus discípulos su admiración por la síntesis teológica de Santo Tomás de Aquino, por el conocimiento psicológico-espiritual de San Ignacio, por lo místico y atemporal del espíritu benedictino, pero su conciencia lo obligaba a afirmar que su vía espiritual era nueva, y que, resumiendo, era la contemplación de Dios en un Orden del Universo arquetipizado, desde un atardecer, una catedral, la Iglesia Católica, hasta la hormiguita que pasa por el camino del jardín de nuestra casa. En todo el Universo esa vía espiritual buscaría a Dios, vería a Dios, el Universo le serviría de puente para ir hasta el Creador.

Es lo que él llamaba también de “sacralización”, es decir el camino “por el cual el ser humano discierne alguna cualidad en otro ser humano o en otra cosa, que lleva a aquella cosa a un límite por donde se percibe el nexo de aquello con el cielo empíreo”, con el reino celestial, con Dios.

Esta es una vía propia al alma inocente, admirativa.

Ante un vaso de cerveza, el alma inocente del niño Plinio buscaba penetrar en el color dorado y sus diversas tonalidades, en las burbujas, en el cuello blanco espumoso que se formaba arriba, los ‘degustaba’, los ‘saboreaba’ con su espíritu, y con frecuencia a partir de esa observación, ‘sublimaba’ todo para imaginar la jarra de cerveza perfecta, de color, forma y sabor perfectos, acercándose en esa imaginación a la ‘cerveza perfecta’ presente en la Mente Divina: de esta manera la contemplación de los seres creados lo llevaba al Creador.

Esto es algo que, como vía espiritual es novedoso, pues si bien muchos místicos vieron a Dios en la Creación, son muchos menos los que hacían de esta contemplación un camino preferencial para ir a Dios, y ninguno hizo suyo como vía espiritual ese ‘puente intermedio’ que es la sublimación del Orden Creado.

“Ese Dios que es el fondo de lo que yo estoy viendo en la jarra de cerveza, ese Dios que yo no puedo imaginar, pero que un día cuando yo vea a Dios [en la visión beatífica], yo veré la explicación de la jarra de la cerveza”. El orden creado sublimado, era pues en la mente del Dr.  Plinio un acercamiento a los absolutos presentes en la mente divina: “En la visión beatífica ese fondo supremo de las cosas, entonces de una sublimidad, de una excelencia, de una perfección inigualables, esto [será lo que] yo veré en el fondo. Entonces todo ese proceso mío es una preparación del alma para, puesta delante de Dios, ya directamente lo alcance a Él”.

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Foto: Sabrianna en Unplash

Por ejemplo, él contemplaba con frecuencia de niño un bello jarrón de alabastro que había en su hogar, que la tradición familiar decía había pertenecido a un emperador del Brasil. Admiraba su dureza, su fortaleza, sus asas doradas, una cierta textura ‘sedosa’ de la piedra, todo ello lo dejaba fascinado. Y en la profundización contemplativa de las cualidades de ese objeto, veía él que se iba constituyendo la idea del “jarrón arquetípico”, el “jarrón absoluto”, con las cualidades, modos de ser y propiedades, que tendría ese jarrón absoluto.

Este ejercicio el Dr. Plinio lo hizo constantemente, hasta el final de su vida, con innúmeros de los seres que se prestaban a su contemplación, componiendo en su espíritu una visión de conjunto sublimada, del reflejo global de Dios en la Creación.

Afirmaba el Dr. Plinio que esta Contemplación Sublimativa del Orden del Universo era como un traspasar de velos que a medida que por ahí se caminaba los velos se volvían cada vez más delgados, más finos, hasta que al final, el alma podría exclamar: “¡Pero si eso… es Dios!”

Entre tanto, hay dos seres en la Creación que no son susceptibles de ser sublimados, pues ya son perfectísimos, que son la Virgen y la Humanidad Santísima del Verbo Encarnado. La consideración de estos dos seres, para el Dr. Plinio era la confirmación de que su Vía Contemplativa y Sublimante de la Creación era legítima, pues ya existía en el orden de los seres creados dos que eran ‘velos delgadísimos perfectos’, verdaderos espejos sublimes de Dios, por donde nuestra naturaleza puede casi ‘ver’ a Dios Presente y Etéreo.

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Foto: Rachel Cook en Unplash

Por lo demás, ese camino profundizante y sublimante de la Creación hace muy entretenida la vida, porque como todo puede ser objeto de sublimación y de camino al Creador (un pajarillo, el atardecer, las personas) y como el Creador es lo que nos reporta la felicidad fundamental, no hay mejor ejercicio que este para exorcizar el tedio que va invadiendo muchas vidas.

Pero ocurre que por el pecado, la agitación del mundo, y la instauración del dogma de que todo lo que no sea producir dinero es inútil, los hombres abandonaron esa vía.

Porque es la vía de toda alma inocente, solo que explicitada, convertida en principios y en camino privilegiado espiritual, que reclama ser regado por la gracia, y que con la ayuda de la gracia los hombres pueden emprender.

Pidamos a la Virgen, que “guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 16), que restaure en nuestras almas el asombro de la presencia divina en el Orden Creado.

Por Saúl Castiblanco

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