La Iglesia celebra hoy a Nuestra Señora del Buen Remedio, advocación mariana nacida de la súplica de un santo fundador angustiado por la falta de recursos para rescatar cautivos.
Redacción (08/10/2026 10:44, Gaudium Press) Bajo la advocación de Madre del Buen Remedio, que la Iglesia celebra cada 8 de octubre, la Santísima Virgen se presenta como dispensadora de los auxilios sobrenaturales y materiales que necesitamos en este valle de lágrimas. El término «remedio», del latín remedium, designa todo lo que previene, alivia o elimina un mal, incluso moral o espiritual. El mayor de los males es el pecado, y el remedio supremo es Jesucristo, a quien María dio al mundo. Si Ella nos entregó el remedio más grande, cabe esperar de su maternal cuidado también las demás ayudas que necesitamos.
El origen de la devoción se remonta a la Europa del siglo XII, cuando muchos cristianos eran apresados y llevados como esclavos al norte de África y a Oriente Medio. San Juan de Mata, quien según la tradición vio en su primera misa a Cristo con dos cautivos en las manos, fundó con San Félix de Valois la Orden de la Santísima Trinidad, aprobada por Inocencio III en 1198. Su gran obstáculo era económico: los captores solo liberaban a los presos a cambio de cuantiosas sumas.
Según la tradición, en 1202, en Valencia, la Virgen se apareció a San Juan de Mata y le entregó una bolsa de monedas para el rescate, hecho que se repitió ocho años después en Túnez. El 8 de septiembre de 1212, María se apareció a San Félix con el hábito trinitario y le entregó el escapulario de la orden. De ahí que se la represente con la bolsa de monedas y el escapulario, cuyos colores (blanco, azul y rojo) simbolizan a la Santísima Trinidad. En 1688 la orden la proclamó su patrona y Juan XXIII le dio estatus oficial en la Iglesia con la carta apostólica Sacrarium Trinitatis. Una de sus representaciones más difundidas está en la basílica de San Crisógono, en Roma.
En tiempos recientes, Mons. João Scognamiglio Clá Dias, fundador de los Heraldos del Evangelio, conoció en 2003 a la Madre Angélica, fundadora de EWTN, quien le entregó la novena a Nuestra Señora del Buen Remedio, con la que, según contó, obtuvo los recursos para su santuario. Mons. João la rezó desde entonces y atribuye a esta novena perpetua la construcción de las primeras obras de los Heraldos, entre ellas la basílica de Nuestra Señora del Rosario, en Caieiras (São Paulo).
Ante las crisis espirituales, los problemas familiares, las enfermedades o las dificultades económicas, el artículo invita a invocar a la Virgen con confianza filial: Ella obtiene lo necesario o, si no puede librarnos del dolor, nos consuela y nos da gracias para llevar la cruz con fidelidad.






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