Fue lo que sostuvo G. Roquette, en programa de Le Figaro TV.
Redacción (25/09/2026 09:36, Gaudium Press) La Place de la Concorde es uno de los lugares más simbólicos de Francia, en un país lleno de símbolos para le mundo entero. Allí, —en la antigua Plaza Luis XV, y durante la Revolución Francesa, Plaza de la Revolución— León XIV oficiará el sábado en la tarde la gran misa de su viaje apostólico a Francia, con una asistencia de alrededor de un millón de personas.
Pero para algunos, como el director de redacción de Le Figaro Magazine, Guillaume Roquette, esa eucaristía tiene todas las características de un acto de reparación.
“En definitiva —dice el periodista y analística político—, los Campos Elíseos [donde está ubicada la Plaza] son, de todos modos, el corazón de la vida nacional; es el lugar del desfile del 14 de julio. La plaza de la Concordia es un símbolo considerable, porque antes de la Revolución se llamaba la plaza Real; fue en esa plaza donde el rey Luis XVI fue decapitado, el 21 de enero. Así que es una especie de reapropiación del espacio público por parte de la Iglesia, con motivo de un viaje pontificio.”
La blasfema inauguración de los Olímpicos
Roquette hizo también alusión a una herida que sigue sangrando en el corazón no solo de los católicos franceses, sino del mundo entero:
“Yo tengo un recuerdo bastante preciso, porque, sinceramente, me había escandalizado, de la ceremonia de inauguración de aquellos Juegos Olímpicos. Y, efectivamente, en su momento hizo reaccionar mucho.”
“Sí, porque hubo en particular un momento en que los directores de escena creyeron oportuno imitar, ridiculizar la Santa Cena, que es esa última cena de Cristo que prefigura la Eucaristía. Y es interesante ver que León XIV, él, va a celebrar la Eucaristía, pero no para burlarse de ella, sino para estar verdadera, total y plenamente en comunión.”
También recordó la representación en esos Olímpicos de 2024, en los que se representó a una esposa de Luis XVI decapitada, como un hecho del cual Francia pudiese enorgullecerse:
“Con ese momento, de la misma manera, recordamos esa escena que a mí me había parecido terriblemente bochornosa, en la que María Antonieta, chorreando sangre, sostenía su cabeza entre los brazos para cantar «Ça ira, ça ira» [ndr. himno de la Revolución Francesa]. Pues bien, el papa León XIV va a ir a recogerse en memoria de un centenar de religiosos que fueron asesinados durante la Revolución. Me parece que, aunque quizá no haya sido intención del Vaticano, es una forma de respuesta, casi iba a decir de reparación.”






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