Gritos, reacciones inexplicables y respuestas que, según el sacerdote, superaban la edad de los menores, estos son siete de los casos de supuesta posesión que el exorcista Candido Amantini relató al padre Gabriel Amorth.

Foto: InfoCatólica
Redacción (29/08/2026 17:16, Gaudium Press) Durante más de tres décadas, el padre Candido Amantini, sacerdote pasionista y exorcista de la diócesis de Roma, atendió a personas que, según su testimonio, presentaban signos que él consideraba compatibles con una posesión diabólica. Entre los casos que más llamaron su atención estuvieron los de niños y adolescentes.
Amantini, nacido en 1914 y fallecido en 1992, ejerció durante 36 años como exorcista en la Scala Santa de Roma, donde recibió a numerosas personas que acudían en busca de ayuda. Su figura llegó a ser reconocida dentro de los ambientes católicos dedicados al ministerio del exorcismo y fue apreciada también por el padre Pío, quien lo describió como un sacerdote según el corazón de Dios.
Entre quienes aprendieron de su experiencia estuvo el padre Gabriel Amorth, uno de los exorcistas católicos más conocidos de las últimas décadas. En su libro Habla un exorcista, Amorth recogió algunos de los relatos que Amantini le había contado sobre personas a las que había atendido. Estos son siete de los casos más llamativos relacionados con niños y jóvenes.
- El adolescente al que nadie podía mover
Pierluigi tenía 14 años. Era un muchacho alto y corpulento, con dificultades para estudiar y frecuentes enfrentamientos con sus profesores, aunque, según el relato, no era un joven violento. Una de las situaciones que más sorprendían a quienes lo rodeaban ocurría cuando se sentaba en el suelo con las piernas cruzadas. El muchacho aseguraba que estaba ‘haciendo el indio’, pero quienes intentaban levantarlo no conseguían moverlo.
Después de varios tratamientos médicos que no habían dado resultado, sus padres decidieron llevarlo ante el padre Candido. Durante los exorcismos, el sacerdote afirmó haber identificado en él una verdadera posesión. En una ocasión, Pierluigi permanecía sentado en el rellano de las escaleras del edificio donde vivía. Los vecinos intentaron obligarlo a marcharse y, según el relato, terminaron gritando y alterados hasta que todos los habitantes del inmueble acabaron reunidos en las escaleras.
La Policía también acudió al lugar. Tres agentes intentaron mover al adolescente, pero no consiguieron desplazarlo. El padre Candido les pidió que regresaran a sus casas y después llamó al muchacho. Le dijo que había estado muy bien y que podía entrar con él en casa. Entonces Pierluigi se levantó, tomó su mano y lo siguió. Los exorcismos posteriores produjeron, según Amantini, una mejoría, aunque no una liberación completa.
- El joven que rechazaba la ropa bendecida
Otra madre acudió al sacerdote preocupada por el comportamiento de su hijo. En determinados momentos, el joven se enfadaba violentamente, gritaba, blasfemaba y posteriormente parecía no recordar lo ocurrido. No rezaba y tampoco permitía que un sacerdote lo bendijera.
Un día, mientras estaba trabajando, su madre tomó algunas de sus prendas y pidió que fueran bendecidas mediante una oración del Ritual. Cuando el muchacho regresó a casa, se cambió de ropa sin saber lo que había hecho su madre. Poco después comenzó a quitarse aquellas prendas con furia, hasta el punto de casi arrancárselas. Finalmente volvió a ponerse el mono de trabajo que había llevado durante el día.
Según el relato recogido por Amorth, el joven era capaz de distinguir las prendas que habían sido bendecidas de las demás. Para el padre Candido, aquella reacción constituía uno de los elementos que justificaban continuar con los exorcismos.
- El niño que se burló del exorcista
Pina era una joven a la que el padre Candido estaba exorcizando. En una de las sesiones, el supuesto demonio aseguró que abandonaría a la muchacha la noche siguiente. El sacerdote desconfiaba de aquella afirmación, pues consideraba que los demonios podían mentir durante los exorcismos. Por eso pidió la colaboración de otros sacerdotes y la presencia de un médico. Durante una de las sesiones, tuvieron que sujetar a la joven sobre una mesa debido a sus movimientos violentos. En determinado momento cayó al suelo, pero, según los presentes, su cuerpo disminuyó la velocidad antes de llegar al suelo, como si algo hubiera evitado que se golpeara. Después de horas de trabajo, los sacerdotes decidieron detener la sesión.
A la mañana siguiente, el padre Candido se encontraba atendiendo a un niño de seis o siete años. Según el relato, durante el exorcismo el supuesto demonio comenzó a hablarle y a burlarse de lo ocurrido la noche anterior: “Esta noche habéis trabajado mucho pero no habéis conseguido nada. Os la hemos jugado. ¡Yo también estaba allí!”
La afirmación llevó al sacerdote a considerar la posibilidad de que una misma presencia pudiera manifestarse en distintas personas.
- Las dos niñas y el mismo nombre
En otro caso, el padre Candido atendió a una niña y preguntó al supuesto demonio cómo se llamaba. La respuesta fue Zabulón. Después del exorcismo, el sacerdote pidió a la menor que permaneciera rezando delante del Sagrario. Entonces comenzó a atender a otra niña que, según el relato, presentaba características similares. Al preguntarle el nombre de la presencia que decía manifestarse en ella, recibió nuevamente la misma respuesta, Zabulón.
El padre Candido quiso comprobar si se trataba, según él, de la misma presencia. Le ordenó que regresara junto a la primera niña. La menor comenzó a emitir un fuerte aullido y, de acuerdo con el relato, quedó repentinamente tranquila. Al mismo tiempo, la niña que estaba rezando comenzó a emitir el mismo sonido. El sacerdote volvió a ordenar que regresara con él. Entonces, según quienes estaban presentes, la reacción se produjo nuevamente en la primera niña, mientras la segunda recuperaba la calma.
- El niño de once años que respondió al exorcista
Otro de los episodios relatados por Amorth tuvo como protagonista a un niño de once años. Durante el exorcismo, el padre Candido decidió formularle preguntas que, a su juicio, eran demasiado complejas para un menor de esa edad.
Le preguntó qué pensaba de los científicos que negaban la existencia de Dios y de los demonios.
La respuesta fue, “¡Qué va, altísimas inteligencias! ¡Son altísimas ignorancias!” El sacerdote continuó preguntando. Quiso saber qué pensaba de quienes negaban conscientemente la existencia de Dios. Según el relato, el niño se levantó de repente y respondió con furia, “Fíjate bien. Recuerda que hemos querido reivindicar nuestra libertad incluso delante de él. Le hemos dicho que no para siempre”.
Candido insistió en que explicara qué sentido tenía aquella supuesta libertad si, separado de Dios, el ser humano no era nada. El niño comenzó entonces a retorcerse, llorar y babear, mientras repetía desesperadamente, “¡No me hagas este proceso! ¡No me hagas este proceso!” Para el sacerdote, la reacción y las respuestas constituían uno de los elementos que consideraba más significativos durante sus interrogatorios.
- La adolescente que, según el relato, entendía latín y griego
Una joven campesina de 17 años llegó también ante el padre Candido. Su conocimiento del italiano era limitado porque estaba acostumbrada a hablar principalmente en dialecto. Durante el exorcismo estaban presentes otros dos sacerdotes que comenzaron a formularle preguntas cuando, según el relato, se manifestó la supuesta presencia demoníaca.
Candido continuaba rezando las fórmulas del exorcismo en latín y, en determinado momento, introdujo palabras en griego para ordenar que aquella presencia guardara silencio y dejara tranquila a la joven. La muchacha reaccionó inmediatamente y respondió, “¿Por qué ordenas que me calle? ¡Díselo más bien a estos dos que no paran de interrogar!” Para Amantini, aquel episodio constituía otro de los fenómenos que llamaban su atención durante los exorcismos.
- La niña que habló sobre el infierno
Entre los interrogatorios que más impresionaban al padre Candido estaban los realizados a menores. El sacerdote consideraba especialmente llamativas aquellas respuestas que, desde su perspectiva, parecían superar los conocimientos esperables para su edad. En una ocasión preguntó a una niña de 13 años qué relación tendrían en el infierno dos personas que durante su vida se habían odiado y que terminarían allí juntas. La respuesta atribuida al supuesto demonio fue, “¡Qué tonto eres! Allá abajo cada uno vive replegado sobre sí mismo y desgarrado por sus remordimientos. No existe ninguna relación con nadie; cada uno se encuentra en la soledad más absoluta, llorando desesperadamente por el mal que ha hecho. Es como un cementerio”.
Para el padre Candido, estos interrogatorios formaban parte de su manera de evaluar los fenómenos que encontraba durante el ministerio del exorcismo. Los siete episodios fueron transmitidos posteriormente por el padre Gabriel Amorth en Habla un exorcista, donde recogió experiencias que, según explicó, había conocido directamente a través de Candido Amantini.
La Iglesia católica, por su parte, establece que antes de considerar un caso como una posesión diabólica deben descartarse posibles explicaciones médicas, psicológicas o psiquiátricas. Por ello, estos relatos pertenecen al ámbito de los testimonios sobre exorcismo y de la experiencia pastoral de sus protagonistas, y no constituyen por sí mismos una comprobación científica de los fenómenos descritos.
Con información de Religión en Libertad





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