En 2025 se arrestó en Irán a 254 cristianos, el doble que el año anterior. Los conversos del islam, el grupo más perseguido.

Panorámica de Teherán – Foto: Wikipedia
Redacción (03/03/2026 09:46, Gaudium Press) La Iglesia en Irán afronta su momento más crítico en décadas. Mientras el país atraviesa una crisis política y militar sin precedentes desde finales de 2025, los cristianos, especialmente los conversos del islam, sufren una represión que se ha disparado hasta niveles alarmantes: 254 arrestados en 2025, el doble que el año anterior, con condenas acumuladas que superan los 280 años de prisión.
Una presencia milenaria, cada vez más acorralada
El cristianismo lleva arraigado en Persia desde los primeros siglos de la era cristiana. Hoy, sin embargo, constituye una minoría numéricamente reducida en un país que supera los 92 millones de habitantes. Las estimaciones oscilan entre 117.700 y más de un millón de creyentes, según se incluyan o no los convertidos procedentes del islam, un factor que condiciona radicalmente las cifras.
La mayoría de los cristianos reconocidos pertenece a las comunidades armenia y asirio-caldea, ambas con sus propias tradiciones litúrgicas y culturales, y concentradas principalmente en Teherán y la región de Isfahán. Estas comunidades cuentan con tres escaños parlamentarios, dos armenios y uno asirio-caldeo, desde 1984.
Dominique Mathieu, Cardenal belga y Arzobispo de Teherán-Isfahán, describía con precisión la realidad de estas comunidades en una entrevista concedida a CathoBel en febrero de 2025: «Los asirios y los armenios tienen sus asociaciones e incluso diputados en el Parlamento. Cada una de estas dos comunidades comprende una Iglesia oriental y una rama católica, pero también hay protestantes. Los armenios católicos son apenas 30 familias en todo el país. Tienen un obispo en Teherán. En cuanto a los católicos asirios, llevan el nombre de asirio-caldeos. Su arzobispo es originario de Irak. Son aproximadamente mil quinientos. Y luego están los latinos, es decir, los católicos romanos. Entre ellos hay una importante comunidad de mujeres católicas venidas de Asia. Se estima que son 1.300».
La Constitución iraní reconoce formalmente a estos grupos como minorías protegidas, pero esa protección resulta en gran medida teórica. Discriminaciones administrativas, restricciones profesionales, limitaciones en el acceso a la educación y la obligación de someterse a la legislación islámica marcan su vida cotidiana.
Los conversos: el grupo más perseguido
El perfil más expuesto a la represión es el de los conversos procedentes del islam. Las autoridades los consideran una amenaza para la seguridad nacional y los someten a arrestos, registros domiciliarios, torturas y largas penas de prisión. Las iglesias oficiales tienen prohibido acogerlos, lo que obliga a estos creyentes a reunirse en iglesias domésticas clandestinas.
Las organizaciones Article 18, CSW y Open Doors documentaron en 2025 un endurecimiento sistemático de la justicia iraní contra los cristianos. Los acusados suelen enfrentarse a cargos de «propaganda contraria al islam» o de «colaboración con potencias extranjeras». Ese año, Narges Nasri, una mujer embarazada, fue condenada a 16 años de prisión, diez de ellos por «actividades de propaganda contrarias a la ley islámica». Según International Christian Concern, Irán figura entre los países más opresivos del mundo para los cristianos.
Conviene señalar que la persecución de los conversos del Islam al cristianismo no es exclusiva de Irán. Al contrario, es la práctica habitual en la mayoría de los países musulmanes, desde Mauritania, Marruecos y Argelia hasta Pakistán o Afganistán, pasando por Arabia Saudita. Con una justificación basada en un hadiz atribuido al propio Mahoma (“al que cambie de religión, mátalo”), los países musulmanes suelen prohibir la conversión del Islam a otra religión y penar esa conversión o la evangelización entre musulmanes con penas que van de las multas y la prisión a la misma pena de muerte.
Crisis política, apagón informativo y comunidades invisibles
Desde finales de 2025, Irán atraviesa una convulsión política y social de magnitud excepcional: manifestaciones masivas, represión violenta, cortes de Internet y una escalada militar regional que ha implicado a Irán, Israel y Estados Unidos. Según varios medios y organizaciones no gubernamentales, las autoridades han matado a miles de manifestantes, lo que ha agravado la vulnerabilidad de todas las minorías religiosas.
En enero de 2026 el Estado intensificó los cortes de comunicaciones, dejando a las comunidades cristianas casi invisibles ante el mundo exterior. El Cardenal Mathieu vivió de cerca los intercambios de ataques entre el 13 y el 24 de junio de 2025, y en ese contexto continuó celebrando la eucaristía según las circunstancias y «la conveniencia de los pocos fieles que no habían abandonado la capital». Sobre la posibilidad de la paz, era categórico: «La paz no asoma todavía en el horizonte».
Tras los ataques estadounidenses e israelíes de finales de febrero de 2026, la comunicación con las comunidades cristianas iraníes se ha vuelto prácticamente imposible. Los bloqueos de satélite e Internet han aislado a estos creyentes, incapaces de contactar con la diáspora. Responsables eclesiales hablan de una «anticipación de un cambio», mezclada con el miedo ante posibles represalias del régimen.
La diáspora, puente entre la fe y el silencio
La emigración cristiana iraní es anterior a la revolución de 1979, pero se aceleró notablemente a partir de ese año. Hoy, decenas de miles de cristianos de origen iraní residen en Europa, Estados Unidos y Canadá. Desde 2025, esta diáspora ha asumido un protagonismo creciente como voz de los que no pueden hablar.
En enero de 2026, las concentraciones mundiales de solidaridad movilizaron a más de 250.000 personas en Múnich, 350.000 en Toronto y otras 350.000 en Los Ángeles para denunciar la represión en Irán. Más allá de las manifestaciones, estas comunidades sostienen económicamente las iglesias domésticas, financian proyectos de traducción bíblica y se esfuerzan por mantener el contacto con los creyantes dentro del país pese al apagón digital impuesto por Teherán. Muchos miembros de la diáspora señalan también un aumento notable de las conversiones al cristianismo dentro de Irán, pese a los riesgos que ello conlleva, y sostienen un mensaje de esperanza para un país en profunda transformación.
Con información de Infocatólica / CathoBel




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