Por primera vez desde hace un siglo, los parlamentarios de Hungría jurarán su cargo sobre la Santa Corona. Esta iniciativa conjunta del nuevo Primer Ministro y otros partidos ofrece un poderoso signo de retorno a las raíces históricas y católicas del país.

Corona, Espada y Orbe de Hungría – Foto: Wikipedia
Redacción (22/04/2026 08:13, Gaudium Press) Contrariamente a las expectativas, el nuevo Parlamento húngaro salido de las recientes elecciones comenzará sus actividades de la forma más tradicional posible, en una reafirmación de sus raíces monárquicas y católicas. En varios aspectos, la caída de Orban, bestia negra del progresismo europeo, y su sustitución por Péter Magyar, ha supuesto una desilusión para aquellos que esperaban que el cambio trajera consigo una Hungría más europeísta y menos orgullosa de su identidad nacional.
Más allá de la retórica electoral que prácticamente le obligaba a enfrentarse con su predecesor, Magyar está mostrando ser mucho más parecido a Orban de lo que se esperaba. No solo ha sugerido que el propio Orban podría ser un buen sucesor de Úrsula von der Leyen al frente de la Comisión Europea y ha reiterado que Hungría debe tener buenas relaciones con Rusia, sino que además tanto él como todos los parlamentarios húngaros jurarán su cargo ante la Corona de San Esteban.
La idea del juramento ante la Santa Corona de San Esteban provino del partido nacionalista y euroescéptico Mi Hazánk (Nuestro País) y fue aceptada por el partido Tisza del nuevo Primer Ministro y por el partido Fidesz-KDNP de Orban. Por primera vez desde hace más de un siglo, los legisladores y gobernantes húngaros volverían a considerar que su lealtad se presta, ante todo, a la Corona.
Esta novedad es, en realidad, una vuelta a las raíces más profundas de Hungría. La Corona está estrechamente vinculada a la identidad nacional húngara y también a su fe católica, ya que fue un regalo del Papa Silvestre II para la coronación de San Esteban, que tuvo lugar en el año 1000. El Papa quiso reconocer así su carácter de primer monarca católico de Hungría. En su coronación (o, según otras tradiciones, en su lecho de muerte), San Esteban levantó la Corona para ofrecérsela a Nuestra Señora, bajo su advocación de Nagyboldogasszony (la Asunción). Desde entonces, la santísima Virgen es Regina Hungariae, reina de Hungría.
La Corona del Santo, se considera como depositaria del poder real
De este modo, la Santa Corona se convirtió en el principal símbolo de la existencia de Hungría como nación y también como nación católica. Prácticamente todos los reyes húngaros fueron coronados con ella desde el año 1000 hasta 1916, cuando asumió el trono el Archiduque Carlos I de Austria y IV de Hungría, último emperador del imperio austrohúngaro. Tal es su importancia, que a menudo se considera que los tres reyes que no fueron coronados con ella no constituyeron verdaderos reyes húngaros y que la propia Corona es la auténtica depositaria del poder real, que solamente es ejercido temporalmente por cada monarca.
El imperio austrohúngaro se disolvió en 1918, tras la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, al terminar la Segunda Guerra Mundial, se abolió oficialmente la monarquía y la Corona acabó en manos de los Estados Unidos, que no quisieron entregarla a la Hungría dominada por los soviéticos. No retornó al país magiar hasta 1978.

Foto: Wikipedia
El hecho de que los parlamentarios húngaros vuelvan a jurar su cargo sobre ella es un símbolo de que Hungría no acepta disolverse en una Unión Europea transnacional, en una Europa de meros ciudadanos económicos e intercambiables, sin raíces históricas y nacionales propias. Es, por lo tanto, un símbolo de resistencia frente a la globalización posmoderna y quizá también pueda convertirse un día en símbolo del retorno de los húngaros a sus raíces católicas.
Con información de Infocatólica





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