miércoles, 11 de marzo de 2026
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“Así aprendí a ser padre”: las cinco enseñanzas que David Hahn recibió de su padre Scott Hahn

El testimonio de un padre puede convertirse en la mejor escuela espiritual. Eso es lo que cuenta David Hahn al recordar las enseñanzas que recibió de su padre, el famoso Scott Hahn.

scott hann y su hijo ordenado

Foto: InfoCartólica

Redacción ( 03/11/2026 10:44 , Gaudium Press ) En el mundo católico contemporáneo, el nombre de Scott Hahn es ampliamente conocido por sus libros, conferencias y su incansable labor apologética. Sin embargo, más allá de su trayectoria académica y pastoral, su vocación ha sido la de esposo y padre.

Casado con Kimberly Hahn —apologista y escritora católica estadounidense—, Scott es padre de seis hijos —dos de ellos sacerdotes— y abuelo de más de veinte nietos. En ese ambiente familiar creció su hijo David Hahn, quien hoy también es teólogo y padre de familia.

Recientemente, David compartió en el medio católico The Catholic Herald algunas de las lecciones más importantes que aprendió observando a su padre durante su infancia y juventud. No se trata de teorías abstractas sobre educación, sino de enseñanzas encarnadas en gestos cotidianos y conversaciones familiares.

Según David, estas cinco claves resumen lo que significa vivir una auténtica paternidad cristiana.

  1. A la gente no le importa cuánto sabes hasta que sabe cuánto te importa

La primera enseñanza que David recuerda es un principio que su padre repetía constantemente durante su formación, antes de enseñar algo, hay que demostrar interés real por la persona. “Mi padre me repitió muchas veces un principio durante mi educación: antes de compartir lo que sabía, debía interesarme primero por la persona con la que hablaba”. David recuerda un episodio ocurrido en Roma que ilustra bien esta actitud. Mientras estaban en el vestíbulo de un hotel, un grupo de seminaristas reconoció a Scott Hahn y se acercó a saludarlo. La situación podría haber sido incómoda para jóvenes que admiraban a un teólogo famoso, pero Hahn rompió rápidamente el hielo preguntando: de dónde venían, cómo era su región, qué estaban estudiando.

En pocos minutos, la tensión desapareció. Esta actitud se repetía constantemente, tanto con desconocidos como dentro de su propia familia. Para David, la lección fue clara, los hijos escuchan a sus padres cuando saben que son realmente importantes para ellos.

“Me importaba mucho lo que pensaba mi padre porque sabía lo mucho que él se preocupaba por mí”. Por eso, ahora que él mismo es padre, intenta imitar esos gestos,  pasear con sus hijos, jugar con ellos o reservar tiempo para conversar.

  1. Las relaciones correctas son más importantes que simplemente tener razón

Otra enseñanza que marcó a David fue la capacidad de su padre para reconocer errores y pedir perdón. Como en cualquier familia, hubo discusiones. Pero después de los conflictos, Scott Hahn solía dar un paso que no todos los padres están dispuestos a dar, volver y pedir disculpas. David recuerda una discusión especialmente fuerte en su adolescencia. La conversación terminó con palabras duras y un portazo. Sin embargo, apenas unos minutos después, su padre tocó suavemente la puerta de su habitación. “Entró con una expresión más suave y una disculpa por su mal genio”. Lo que más impresionó a David no fue simplemente la disculpa, sino el hecho de que su padre fuera capaz de hacerlo incluso cuando tenía razón.

“Me enseñó la fuerza para reparar las relaciones por encima de la autosatisfacción”. Ese ejemplo estaba unido a otra práctica constante en la vida de Hahn, la confesión sacramental.

David explica que su padre acudía con frecuencia al sacramento y también animaba a sus hijos a hacerlo, mostrando que pedir perdón a Dios y a los demás forma parte del camino cristiano.

  1. Cuida tu expresión facial: tus hijos te están observando

La tercera lección surgió en el contexto de la vida litúrgica. Durante su adolescencia, David estudió en una escuela donde se celebraban diversas tradiciones litúrgicas orientales y occidentales. Aquella riqueza espiritual, sin embargo, tuvo un efecto que el no esperaba, comenzó a mirar con desprecio algunas misas ordinarias en su parroquia.

“Rara vez salía de un Novus Ordo sin criticar al celebrante, su homilía o la falta de ornamentos litúrgicos”. Pero su padre nunca respondió con críticas ni alimentó esa actitud. En lugar de eso, enseñó con el ejemplo. David recuerda que mientras él examinaba cada detalle con mirada crítica, su padre permanecía con la cabeza inclinada en oración. “No tenía la cabeza levantada escrutando cada faceta de la liturgia… tenía la cabeza inclinada en oración”. Scott Hahn tampoco hacía gestos de desagrado ni muecas ante lo que le incomodaba. Su rostro reflejaba gratitud.

Así, David comprendió que Dios es más importante que nuestras críticas. “La forma correcta de participar en la misa… era con alegría y gratitud por el regalo que se le había concedido a alguien tan indigno”

  1. No te creas tu propio bombo publicitario

Otra virtud que su padre le transmitió fue la humildad. David recuerda una conversación de su infancia en la que se quejaba de que sus amigos eran más inteligentes, más atléticos o más talentosos que él.

Su padre lo escuchó con paciencia. Luego lo llevó al jardín, arrancó una brizna de hierba y se la mostró. “Compararnos unos con otros es como que una brizna de hierba se compare con otra”. Después añadió, “A la luz de la distancia del sol, su altura es casi insignificante”.

La lección era clara, un cristiano no debe compararse con los demás, sino con Cristo. Esta perspectiva ayudó a David a comprender que los éxitos y fracasos humanos son relativos cuando se miran desde la eternidad.

  1. Dar prioridad a la oración

La última enseñanza, y la más importante según David, fue la centralidad de la oración en la vida familiar. Cada mañana sabía dónde encontrar a su padre. “En la sala de estar, rezando sus oraciones”. Pero la escena no estaba completa sin mencionar a su madre. “Mi madre se encontraba en la habitación contigua haciendo lo mismo”.

Crecer viendo a sus padres rezar marcó profundamente su vida espiritual.“Fue un regalo maravilloso crecer sabiendo que mis padres eran amigos de Dios”. Hoy, como padre, David desea transmitir el mismo tesoro a sus propios hijos, que vean con sus propios ojos que el encuentro con Dios es la prioridad del día.

 

Al final de su reflexión, David Hahn resume lo que considera el corazón de la paternidad cristiana. Los padres —dice— guían a sus familias hacia el cielo cuando viven gestos concretos:

  • cuando muestran a sus hijos cuánto los aman
  • cuando reconocen sus errores y piden perdón
  • cuando practican la paciencia y el autocontrol
  • cuando mantienen la mirada puesta en Cristo
  • y cuando hacen de la oración el centro de su vida.

“Hombres, así es como llevaremos a nuestras familias al cielo”. Para David, estas enseñanzas no son simplemente consejos pedagógicos. Son el fruto de haber crecido en un hogar donde la fe no era una teoría, sino una vida compartida día a día. «Estas son algunas de las cosas que he aprendido de mi padre, Scott Hahn. Por la gracia de Dios, espero que sean de alguna ayuda».

Con información de Religión en Libertad

 

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