Se trata de la rama femenina y masculina de la Schola Gregoriana Maria Mater Dei, dirigida por Angélica Daza, formada en la Sorbona.
Redacción (02/04/2026 10:49, Gaudium Press) Ayer de tarde, en el histórico y barroco templo de San Ignacio en Bogotá, que conserva algunos de los frescos y pinturas más apreciados del país, tuvo lugar un concierto sui generis, interpretado en mayor medida por voces jóvenes.
26 personas, la rama femenina y masculina de la Schola Gregoriana Maria Mater Dei, conformada hace 9 años en la capital colombiana, se juntaron para interpretar el concierto Sub Umbra Crucis, Bajo la sombra de la Cruz, que constó primordialmente del “Primer nocturno de Maitines del Viernes Santo”, es decir parte de las oraciones que los monjes cantaban y aún cantan en la madrugada del día en que la Iglesia conmemora la muerte de Cristo. Es por tanto, lo que se llamaba un trecho del ‘oficio de tinieblas’, con textos de antífonas, salmos y responsorios que guardan relación directa al sacrificio redentor, en latín pero que contaban con traducción en una pantalla al español.
Tras el Primer Nocturno se interpretaron algunos himnos del viernes santo y un trecho de los ‘Improperios’ o reproches de Cristo a su pueblo que lo ha rechazado, y que realmente parten cualquier corazón no endurecido.
La fundadora y directora del coro, Angélica Daza, formada en la escuela del Coro Gregoriano de París, y maestra en musicología de la Sorbonne, quien siempre amó la música gregoriana, cuenta que cuando regresó a Colombia después de sus estudios encontró un ambiente “diferente”, con “más interés por el gregoriano” y por ello decidió conformar el coro, primero con un grupo de mujeres, pues la Schola masculina se formó hace dos años, “y hoy ya somos 26 personas”, declaró.
Dice que gente joven se siente atraída al gregoriano por “muchas razones”, también “por el amor a lo antiguo”, y es que el gregoriano está íntimamente ligado a la historia de la música. Cuenta que una presentación no está solo antecedida por los ensayos de canto de lo que se interpretará, sino que ella da clases virtuales preparatorias sobre historia del gregoriano, semiología, los diversos repertorios, etc. Y le sorprende como hay algunos jóvenes que en contacto con el mundo del gregoriano, a veces un contacto enteramente novedoso, “hay algo que les mueve [el corazón], alguna cosa que es muy poderosa del gregoriano”.
Tras el concierto, que se realizó con una iglesia completamente llena, los integrantes intercambiaron algunas palabras con un público conmovido e interesado, donde también había muchos rostros jóvenes.
Paz, inocencia, sacralidad y hasta una nota exorcística, se sintieron ayer en esa iglesia de los jesuitas, cabalgando sobre una música que tiene aroma de eternidad. (SCM)







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