Al cumplirse el primer aniversario de la elección del cardenal Robert Prevost como Sucesor de Pedro, el padre Santiago Martín ofrece un balance esperanzador de su pontificado, un papa que, según sus propias palabras, “sigue siendo un desconocido” —no por opacidad, sino por la virtud poco común de la prudencia gubernamental.
Redacción (08/05/2026 10:25, Gaudium Press) Hoy, hace un año, y con un rostro visiblemente conmovido, el hasta entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos salía al balcón del Palacio Apostólico vaticano, para saludar a la multitud ahí reunida, no ya como purpurado sino como el 267 Papa de la Iglesia Católica. La elección había sido rápida, solo se requirieron cuatro escrutinios para que los Cardenales definiesen. Incluso algunas voces recogiendo indiscreciones, afirman que esto estuvo a punto de ocurrir en la tercera, algo que sorprende, pues en las reuniones de cardenales previas al cónclave se habían debatido situaciones bastante difíciles de la Iglesia, y ante graves problemas, pues las personas se gastan más tiempo en las soluciones. También fueron varios los cardenales que hablaron de una presencia del Espíritu Santo muy fuerte que facilitó la elección.
Al cumplirse el primer aniversario de la elección del cardenal Robert Prevost como Sucesor de Pedro, el padre Santiago Martín, fundador de los Franciscanos de María, ofrece un balance abarcativo y esperanzador del pontificado de León XIV, un papa que, según sus propias palabras, “sigue siendo un desconocido” —no por opacidad, sino por la virtud poco común de la prudencia gubernamental.
Una elección providencial
El padre Martín recuerda que la elección del cardenal Prevost tomó al mundo por sorpresa. Pocos esperaban un papa norteamericano, y días antes del cónclave circuló un informe que buscaba debilitarlo. Sin embargo, los cardenales demostraron entereza: decidieron que “no estaban dispuestos a aceptar boicots o cargas de profundidad contra un candidato en vísperas de la elección cuando no había pruebas suficientes.”
Una elección que, vista en perspectiva, resultó providencial
El método que señala el Franciscano de María, en el Papa León, es la mucha observación antes de la acción. El P. Marín profundiza en la metodología de gobierno del Pontífice, y afirma que, lejos de la improvisación, León XIV aplica con disciplina un principio arraigado en la cultura anglosajona: “Esperar un año, ver, consultar y cuando llega el momento, decidir”. No es inacción. Es sabiduría, asegura.
Gestos que hablan: recuperar la tradición
Este Papa, a pesar de doctor en derecho canónico y por tanto intelectual basado en la razón, no desconoce el poderoso lenguaje de los símbolos, una sociedad de la imagen. Desde su primera aparición en el balcón de San Pedro, León XIV ha enviado señales elocuentes. Ha recuperado la residencia en el Palacio Apostólico, retomado la tradición de descanso en Castel Gandolfo —que volverá a ser de uso pontificio y no museo desde julio— y ha marcado un estilo litúrgico propio. El padre Martín subraya que estas decisiones “están poniendo muy nerviosos a los liberales”, quienes “ya empiezan a creer que no se trata de una táctica, sino de algo mucho más profundo”.
Doctrina sin ambigüedades
Quizás el aspecto más destacado del balance es la coherencia doctrinal del pontificado. En palabras del padre Martín: “En este año no ha habido ni una sola ocasión en que en los grandes temas haya hablado, haya enseñado en contra de la doctrina tradicional.”
León XIV ha sido claro en tres frentes sensibles: Bendiciones a parejas homosexuales, diciendo que “se bendice a las personas” y para implorar la gracia de Dios. Ha reafirmado igualmente que “el matrimonio es solo y exclusivamente la unión de un hombre y una mujer”, y aunque se muestra sensible con los sufrimientos de los inmigrantes, también manifiesta la necesidad del equilibrio entre el derecho de los Estados a regular sus fronteras y la dignidad de todo ser humano, incluidos los migrantes irregulares.
Nombramientos que revelan una brújula
Si bien se reconoce que no es un papa tan fácil de dibujar, por un ejercicio cauteloso de la virtud de la prudencia, también es verdad que los nombramientos realizados van revelando la orientación del pontificado. El padre Martín destaca especialmente el del nuevo prefecto para los Obispos: un experto en derecho canónico que había sido más bien relegado en el anterior pontificado, precisamente por haber redactado el documento que sirvió de base para frenar las conclusiones del sínodo alemán. Su designación es, en sí misma, un mensaje, para aquel que lo quiera ver.
La gran misión: unir a la Iglesia
León XIV se ha fijado un objetivo que el padre Martín considera el hilo conductor de todo su gobierno: “Unir a la Iglesia”. También es cierto que en gran medida, ese fue el gran pedido realizado en las congregaciones cardenalicias previas al cónclave. Una meta que, según el sacerdote, implica un diagnóstico valiente —reconocer que la Iglesia estaba dividida— y una estrategia igualmente valiente: ser fiel a la tradición para que “los conservadores se sientan cómodos en la Iglesia y vuelvan a sentir que esta es también su iglesia y su casa.”
Una invitación a acompañarle en oración
El padre Martín concluye su análisis con una petición fraternal: rezar el rosario cada día por el Papa durante esta semana, uniéndose espiritualmente a su peregrinación a Pompeya. “Pidamos a Nuestra Señora del Buen Consejo que le ayude a discernir qué es lo que hay que hacer para guiar esta nave de la Iglesia (…) siendo siempre fieles a Jesucristo.”






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