Sor Belén nos sigue acercando a Dios desde la clausura del Cielo. Ocho años después de su muerte, la historia de Sor Belén de la Cruz continúa tocando corazones y mostrando que una vida escondida en la oración puede iluminar al mundo entero.

Foto: Diócesis de Córdoba
Redacción (07/05/2026 16:32, Gaudium Press) Sor Belén de la Cruz, carmelita descalza del convento de San Calixto, en Córdoba, España, falleció en 2018 a los 33 años. Sin embargo, lejos de apagarse con su muerte, su testimonio parece haberse multiplicado con el paso de los años. Su sencillez, su alegría y la manera en que abrazó la enfermedad continúan conmoviendo a cientos de personas que encuentran en ella un ejemplo cercano de fe y confianza en Dios.
Sus padres, Estanislao Pery y María Osborne, autores del libro Sor Belén, carmelita descalza, nuestra hija, han recorrido distintas diócesis compartiendo la historia de su hija y respondiendo una pregunta que hoy muchos siguen haciéndose, ¿Para qué sirve una monja de clausura?
Con motivo de la conferencia que ofrecerán el próximo 23 de mayo en la Basílica del Sagrado Corazón, en el Cerro de los Ángeles, los padres de Sor Belén compartieron recuerdos, anécdotas y enseñanzas que siguen vivos en quienes conocieron a la joven carmelita.
Sor Belén llega a la gente por la sencillez
Años después de su muerte, continúan llegando testimonios de personas que aseguran haber encontrado consuelo espiritual gracias a Sor Belén. Sus padres cuentan que muchos se encomiendan a ella mediante la oración de devoción privada autorizada por el entonces obispo de Córdoba, Mons. Demetrio Fernández.
Pero más allá de los relatos extraordinarios, lo que más sorprende a su familia como Sor Belén con sus gestos sigue tocando almas. “Otros nos recuerdan su recomendación de ‘rezar tres avemarías cada noche’, algo tan sencillo que les llegó profundamente”, explican.
La joven carmelita tenía una forma muy concreta de acercar a las personas a Dios, sin discursos complicados, sin buscar protagonismo y utilizando palabras simples. Sus escritos, aseguran sus padres, siguen ayudando a muchos a enfrentar los problemas de la vida confiando siempre en Dios y a través de la oración.
“Quiero ser carmelita descalza”
Cuando Sor Belén anunció en casa que quería entrar al Carmelo, la noticia sacudió a toda la familia. “Es una situación que uno nunca piensa que le va a suceder”, recuerdan sus padres. Sin embargo, decidieron acompañarla sin presionarla ni detenerla. “Intentamos acompañar a Sor Belén en su decisión, ni empujarla ni retenerla”.
Reconocen que no fue fácil aceptar una vida marcada por la clausura, la pobreza y la obediencia, además de la separación física que implicaba para toda la familia. “Sientes como el peso de una losa solamente de pensar en la vida de clausura”, confiesan.
Sin embargo, hubo algo que les dio paz: Sor Belén no había cambiado. Seguía siendo la misma joven alegre y cercana de siempre. “Era ella, Belén la de siempre”. Con el tiempo comprendieron que sí era posible estar cerca de una monja de clausura. “Nuestra experiencia nos dice: sí, sí se puede estar al lado y muy cerca de una monja de clausura, aunque haya rejas de por medio”.
Frente a quienes cuestionan la utilidad de la vida contemplativa, los padres de Sor Belén aseguran que la respuesta está en los frutos invisibles que brotan de una vida ofrecida a Dios. “Desde la sombra era la luz y, como eligiendo aislarse, se convirtió en el centro de todo”, dijo una de sus hermanas sobre ella.
Con el tiempo, Sor Belén se convirtió en consejera espiritual de muchas personas. Desde el silencio de la clausura, ayudaba a otros a mirar sus problemas con claridad y esperanza. “Nosotros estamos rodeados de tantas cosas y ruido que muchas veces nos impiden ver y oír con claridad”, explican sus padres.
Quienes la visitaban quedaban impresionados por la felicidad que irradiaba. Uno de los testimonios recogidos por la familia la describe así: “Una expresión de felicidad que siempre me impresionaba y que jamás he visto en otra persona, para mí fue una lección eterna de humildad”.
Incluso Mons. Demetrio Fernández, entonces obispo de Córdoba, afirmó durante la homilía de su funeral, “Haber conocido a la hermana Belén nos ha acercado a todos un poco más a Dios”.
Uno de los aspectos que más ha impactado a quienes conocen la historia de Sor Belén fue la manera en que vivió la enfermedad y afrontó la muerte. En medio de una cultura que cada vez habla más de eutanasia y ‘muerte digna’, sus padres recuerdan cómo su hija transmitía paz incluso en el dolor. “Ella nos supo transmitir una enorme serenidad, casi sin palabras”, cuentan. Sor Belén repetía constantemente que la fe transforma completamente el sufrimiento, “¡Qué suerte tenemos de tener fe! Todo se vive de otra manera”. Incluso cuando el dolor se volvía intenso y la oración parecía difícil, ella aconsejaba: “Aunque no puedas rezar, solo una mirada a la cruz de enfrente de la cama, solo decirle ‘buenos días’ o ‘buenas noches’, Jesús está ahí”. Para sus padres, la clave de su fortaleza estuvo siempre en la confianza absoluta en Dios. “Ella nunca perdió la confianza en Dios”, aseguran.
Una santidad escondida
Aunque cada vez más personas hablan de Sor Belén como una joven con fama de santidad, sus padres sonríen al imaginar cómo habría reaccionado ella ante esa posibilidad. “Si ve su foto en la portada de un libro… ¡imagínate!”, comentan entre risas.
Desde pequeña, Sor Belén huía de cualquier reconocimiento. Sus hermanas del convento la describían como alguien “tan calladita, sin darse importancia por nada y para nada”. Todo lo hacía discretamente, evitando llamar la atención. Para ella, la santidad no consistía en hacer cosas extraordinarias. “La santidad no es hacer milagros ni fundar una orden religiosa, sino hacer lo que tenemos que hacer, pero hacerlo con amor”.
“Las monjas de clausura viven para el mundo”
De cara a la conferencia que ofrecerán en la Basílica del Sagrado Corazón, sus padres desean transmitir una idea central, las monjas contemplativas no están apartadas del mundo por desprecio o aislamiento. “Las monjas de vida contemplativa no están encerradas por el mundo”, explican. Y recuerdan unas palabras de Sor Belén que resumen perfectamente el sentido de su vocación: “La vida contemplativa, la vida de oración, es ese corazón que late y da vida al resto; con nuestra vida escondida a los ojos del mundo, pero bien visible a los ojos de Dios, lo que hacemos es ofrecernos para que el mundo viva”.
Con información de Religión en Libertad




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