Los recursos para prevenirnos y luchar contra la acción de satanás.
Redacción (29/06/2026 12:55, Gaudium Press) La idea de estas notas es ayudarnos a revalorizar el don de la gracia, también en la lucha contra el maligno. Algo así como una señora que tiene un rosario en la gaveta del criado mudo, un rosario que le había regalado la abuelita, y un día es visitada por alguien que sabe de joyas. Por casualidad, la señora se acuerda, saca el rosario, lo muestra, y el visitante abre los ojos y le brillan las pupilas: ¡pero que es esto aquí…! Para resumir, le explica a la señora que ese rosarito, medio sucio y de alambres algo oscurecidos, está fabricado con zafiros corte en pera Boucheron del siglo XIX… Pues más que los zafiros vale la gracia.
Continuemos y profundicemos pues, el tema ya tratado en anterior nota, sobre cómo el demonio puede influir en las pasiones de un hombre a través de las imágenes. Para ello es forzoso referirnos a la ‘demonología’ tomista, expuesta magistralmente por el Aquinate en la Suma Teológica, especialmente en la Primera Parte, q. 111, y en la Segunda Parte, I-II, q. 80).
Santo Tomás establece una red line teológica y filosófica que el demonio jamás puede cruzar: el bicho no puede cambiar, ni conocer directamente, ni forzar nuestra voluntad, y tampoco puede entrar directamente en nuestro intelecto espiritual. Voluntad e intelecto son como una urna de fuerte cristal de Baccarat, núcleo magnífico del hombre, donde solo habita el alma propia y Dios. También es cierto que por ejemplo el ángel de la guarda, como tiene la misión de custodiarnos, y está ya en la visión beatífica, puede ver en Dios lo que esa urna tiene directa relación con su misión. Y también cuando dirigimos hacia él un pensamiento, o le hacemos un pedido de intercesión, tanto ángeles como bienaventurados ‘acceden’ por exteriorización nuestra a esa urna de cristal.
Las consideraciones anteriores ya pueden ayudarnos a salir de naturalismo: sin mover un músculo, es más, casi sin mover un átomo de nuestro cerebro, podemos poner en movimiento los maravillosos circuitos que unen la tierra con el cielo, con Dios, la Virgen, los ángeles y los bienaventurados, los canales de la gracia. Es el maravilloso poder de la oración, incluso aquella pronunciada solo en el interior de nuestro corazón, una simple jaculatoria mental por ejemplo. Es como imaginar que del hombre pueden salir y salen rayos coloridos poderosísimos, que lo ponen en contacto real con otro universo gigantesco, maravilloso, escondido, pero muy real.
Pero vayamos a la lucha: tenemos enemigos, y grandes enemigos, como son los agentes de satanás.
¿Cómo tienta o influye el maligno? A través de la periferia: los sentidos externos y los internos, a los cuáles sí tiene acceso. El demonio es un psicólogo y un neurocientífico natural perfecto; conoce la conexión exacta entre los fantasmas (imágenes mentales, ‘registros sensibles’ visuales, auditivos, gustativos, olfativos y táctiles) que elabora nuestra imaginación, los recuerdos que tenemos en la memoria, y las pasiones.
Santo Tomás explica que los ángeles (incluidos los caídos) tienen poder sobre la materia corpórea. Dado que la imaginación y las pasiones dependen de elementos corporales (cerebro y sistema nervioso, los ‘humores’/neurotransmisores, flujo sanguíneo, electricidad cerebral y corporea, etc.), el demonio puede influir en ellos de varias maneras:
Acción del Maligno en los ‘espíritus vitales’ (esto no es ningún ser espiritual, sino que Santo Tomás, siguiendo la tradición hipocrática y de Galeno, llama así a ciertas sustancias corporales, físicas y materiales, físicas y materiales, en algo que parecería prever de forma impresionante de lo que hasta hace poco descubrió la medicina y la neurociencia).
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Agitación de imágenes del pasado, o acción sobre la imágenes del presente.
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Despertar violento de una Pasión.
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La Razón se nubla ── La Voluntad elige libremente el mal.
De esta manera, el demonio hace que emerjan a la conciencia imágenes que ya estaban guardadas en la memoria o ‘ayuda’ en la creación de las que en ese momento está fabricando la imaginación al contacto de un objeto sensible. El demonio no puede crear imágenes de la nada (no tiene poder creador), como dice Santo Tomás, no puede hacer que un ciego imagine un carro azul, pero puede tomar un recuerdo, combinarlo, amplificarlo y ponerlo en primera plana con una nitidez perturbadora.
Ejemplos prácticos en un hombre de pasiones vivas
Imaginemos un hombre de pasiones vivas tiene una imaginación muy plástica y una biología que reacciona con fuerza. El maligno puede aprovechar esta “materia prima” inflamable.
Ejemplo 1: Amplificación de la ira accionando imágenes
Imaginemos a un hombre que sufre un desaire menor en su trabajo por parte de un colega o de un superior: “¿Llegó despeinado hoy?”
Sabiendo que el hombre es propenso a la ira, el demonio no toca su voluntad. Lo que hace es agitar su memoria o imaginación, sea en el momento, o cuando esté distraído, incluso en ocasiones mientras duerme. Él puede aumentar en la imaginación unos decibelios al tono de voz con que fue dicha la ‘ofensa’, o hacer aparecer al ‘atacante’ con un ceño más fruncido, o una quijada más en tensión, o puede buscar que el tono de voz (que verdaderamente era de interés por entablar una conversación) parezca algo como una burla, o puede facilitar que la mente traiga imágenes de humillaciones pasadas, o momentos de mayor tensión habidos con esa misma persona. Él buscará deformar la imagen de lo ocurrido actualmente con el colega, a veces agregándole la conmoción de imágenes de traumas antiguos.
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¿El resultado en las pasiones? La imagen combinada puede aparentar tanta violencia que enciende una pasión de ira desproporcionada, con la consecuente conmoción orgánica: El hombre siente físicamente que la sangre le hierve. El demonio logró que una chispita pareciera un incendio forestal a través de la pantalla de la imaginación.
Ejemplo 2: Asalto a la Templanza mediante la reactivación del Deseo
Imaginemos a un hombre que ha decidido firmemente dejar un vicio, por ejemplo el alcohol. Hizo un tratamiento de desintoxicación, se llenó de buenos propósitos y algunas semanas en sobriedad.
Pero entonces, el bicho, excelente psicólogo, espera un momento de vulnerabilidad física (cansancio, hambre o soledad), y en ese instante altera los ‘humores’ corporales, los ‘espíritus vitales’, para generar una caída de dopamina (neurotransmisor de la motivación) o de la serotonina (neurotransmisor de cierta felicidad tranquila) y luego proyecta en su imaginación, con un realismo que puede ser muy vívido, la imagen del placer pasado cuando se tomaba ya el segundo ‘whiskacho’ con amigos, pero de forma vívida, incluyendo sabor, el estímulo visual, la sensación de euforia, por ejemplo.
El resultado en las pasiones es que se enciende la pasión del deseo (concupiscencia de la carne), que puede tener bastante fuerza. La imaginación le presenta ese acto como el único ‘bien’ capaz de aliviar su malestar actual.
Ejemplo 3: Desinfle de la Esperanza mediante el Temor y la Desesperación
Imaginemos ahora a un hombre emprendedor, de pasiones vivas, que está iniciando un proyecto noble para ayudar a su familia o a su comunidad.
Si hay una virtud que detesta el demonio es la de la esperanza, porque ella es una especie de gasolina para alcanzar el bien. Entonces, es claro que si el proyecto el bicho lo asume como bueno, pues busque saturar la imaginación del hombre con imágenes de fracaso: imágenes de fracaso, de humillación, de quedarse sin recursos económicos, de ver a su familia sufriendo, las burlas de sus enemigos. El demonio amplifica el fantasma del riesgo.
De esta manera genera un temor que bloquea la audacia. Si la persona no combate estas imágenes, puede generar tensión, cortisol, puede llegar hasta algo similar a lo que los neuropsicólogos llaman ‘secuestro límbico’, es decir, emociones que bloquean el cerebro pensante, y puede ocurrir incluso que haya cierta parálisis física. Se cae en la desesperación, que puede ser agitada o dormida, y se abandona la obra buena. Y hasta cualquier obra buena.
Los mecanismos de defensa
Dado que el demonio actúa a través de las imágenes para encender las pasiones, Santo Tomás ofrece una estrategia de defensa clara, que coincide perfectamente con la higiene mental:
Vigilancia de los sentidos (Custodia de la mente): Si el demonio solo puede usar las imágenes que se van almacenando en la memoria, pues es importante no alimentarse de basura. Y si ya nos hemos alimentado de basura, tranquilos, que el propio organismo va olvidando mucha cosa si no se la realimenta. Pero la principal arma la diremos más adelante.
Contraataque con imágenes superiores: En el momento en que el maligno proyecta una imagen desordenada (ej. una ofensa para incitar a la ira), la razón debe reaccionar de inmediato proyectando activamente otra imagen superior: la imagen de Cristo perdonando en la cruz, o las consecuencias desastrosas de perder el control, las mil veces que esa persona que me ‘ofendió’ me ha hecho bien, o una imagen a la manera de visión de conjunto, de como esa ‘ofensa’ es algo muy pequeño para que me detenga en eso, considerando la visión magnifica del universo. Son imágenes que expulsan a la otra.
La oración y la gracia (Suma Teológica III): Como la influencia demoníaca toca el cuerpo y los ‘espíritus vitales’, la gracia divina y el auxilio de los ángeles custodios actúan directamente ordenando esos mismos ‘espíritus vitales’, infundiendo paz física y claridad mental para que la razón pueda volver a gobernar las pasiones. No podemos dejar de mencionar aquí el recurso a la Virgen, medianera universal de todas las gracias.
En definitiva, para Santo Tomás, el demonio que sí tiene bastante poder, no deja de ser como lo que los patrísticos llamaban de un perro amarrado: puede ladrar, puede lanzarte imágenes horrorosas o seductoras a la mente y agitar tus pasiones vivas, pero no puede mordernos a menos que nos acerquemos abriéndole la puerta de tu consentimiento voluntario.
Entretanto, para la debilidad de nuestra naturaleza, más las de estas generaciones del clic, la coca Cola y el youtube, el gran recurso es la oración constante y acudir a sacramentos, para que Dios se apiade de nosotros, que todo depende de Dios. El recurso a lo sobrenatural además nos irá sacando de una vida agitada, que es caldo de cultivo para la acción irreflexiva siguiendo las ilusiones de satanás.
Por Saúl Castiblanco







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