Este domingo 28 de junio, el Papa León XIV comentó el pasaje del Evangelio de San Mateo (Mt 10:37-42), en el que Jesús recuerda la primacía del vínculo con Dios sobre todos los demás vínculos y bienes.
Foto: Vatican Media
Redacción (29/06/2026 10:31, Gaudium Press) Ayer domingo 28 de junio, el intenso calor no impidió que aproximadamente 20 000 peregrinos se congregaran en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, para la tradicional oración del Ángelus.
Antes de rezar la oración mariana, el Papa León XIV reflexionó sobre el Evangelio de San Mateo (Mt 10:37-42), en el que Jesús presenta las exigencias del discipulado. El Papa transmitió la exhortación de Jesús a seguir sus pasos y ser testigos del Reino de Dios. Sin embargo, advirtió: «No se trata de un simple gesto externo, sino de una entrega total a una relación de amor con Él». Según el Papa, este amor solo da fruto cuando reúne tres elementos fundamentales: desapego, pérdida y aceptación.
Desapego
León XIV reiteró las contundentes palabras de Jesús: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37). El Papa explicó que el Señor desea que sus discípulos se liberen de todo apego excesivo a los bienes terrenales —incluidos los lazos familiares— para dedicarse a la misión y a la difusión de la fe.
«Pero esto se aplica a todos», añadió el Papa. «Incluso los vínculos afectivos más importantes encuentran su plenitud gracias al amor que Cristo nos ofrece». Citó el ejemplo del matrimonio, en el que un hombre y una mujer dejan el hogar de sus padres para formar una nueva familia.
Refiriéndose a San Agustín, fundador de la orden agustiniana a la que pertenece, el Pontífice utilizó la imagen del agricultor: «Solo al ‘perder’ esa semilla, sembrada en la tierra, se puede ver florecer».
La pérdida. Aceptar la pérdida por amor no es fácil, especialmente en una sociedad que la ve como una debilidad y venera el tener y poseer. El Papa reconoció esta dificultad, pero afirmó que el verdadero amor necesariamente incluye la entrega.
«Cuando estamos dispuestos a perder un poco de nosotros mismos para hacer espacio al otro, a perder un poco de tiempo para escuchar a un amigo, a perder un poco de consuelo para compartir una situación difícil…», ejemplificó.
Citando el Evangelio, León XIV recordó: «Quien quiera guardar su vida para sí mismo, la perderá» (cf. Mt 10,39), pues una vida encerrada en el egoísmo se vuelve estéril y no experimenta la alegría del amor.
Jesús, continuó el Papa, abrió el camino: «Se ofreció a sí mismo, se perdió a sí mismo» para que pudiéramos recibir su vida en abundancia. Quien vive con la lógica del dar también podrá generar nueva vida en sus relaciones.
Acogida
La tercera condición para un amor fecundo es la acogida, manifestada en pequeños gestos cotidianos, en la disponibilidad y el servicio a los demás. El Santo Padre recordó que Jesús envió a los discípulos «sin provisiones», es decir, en una situación de necesidad, para que fomentaran la acogida entre las personas que encontraran.
«Al acoger a quienes vienen en nombre de Jesús, lo acogemos a Él y al Padre Celestial que lo envió». «El amor al Señor siempre implica acoger a nuestros hermanos y hermanas», concluyó.



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