jueves, 13 de agosto de 2026
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“La Iglesia es eterna”: el mensaje del obispo Kukah ante el auge y la persecución en Nigeria

Mientras la Iglesia enfrenta una crisis de influencia en varios países de Occidente, Nigeria vive un crecimiento de participación de los jóvenes, la vida familiar.

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Foto: Escuela de formación misionera

Redacción (13/08/2026 16:37, Gaudium Press) Nigeria se ha convertido en uno de los países donde la Iglesia católica experimenta una de las mayores muestras de vitalidad. Con alrededor de 35 millones de católicos y una asistencia semanal a la misa cercana al 95%, el país africano presenta una realidad que contrasta con la pérdida de práctica religiosa registrada en distintas naciones occidentales.

Para el obispo de Sokoto, Mathew Hassan Kukah, este crecimiento no puede reducirse únicamente a las cifras. A su juicio, el verdadero desafío consiste en garantizar que el aumento de fieles se traduzca en una fe sólida, capaz de transformar la vida de las personas y mantenerse firme ante las dificultades. “Más allá de las cifras, debemos insistir en los frutos de esta fe, porque eso es lo que puede sostenernos”, afirma.

Aunque hablar de un giro católico en Nigeria puede resultar impreciso, debido a que el país nunca experimentó un abandono generalizado de la fe, sí existen características que recuerdan algunos de los fenómenos observados recientemente en Occidente, una mayor presencia de jóvenes, la importancia de la religión en la vida cotidiana y una estrecha relación entre la fe, la familia y las costumbres.

El Obispo Kukah atribuye buena parte de esta vitalidad al trabajo realizado durante décadas por los misioneros, así como a la educación, los servicios sociales y los sacrificios que acompañaron la expansión de la Iglesia. A ello se sumó el testimonio de una generación de sacerdotes y obispos africanos que contribuyó a fortalecer la identidad católica del país. El obispo destaca especialmente la influencia de figuras como los cardenales Ekandem, Francis Arinze, Dominic Okogie y John Onaiyekan, cuya vida y liderazgo, según explica, inspiraron a numerosos jóvenes. “Su imponente estatura tenía un gran atractivo e inspiró a toda una generación de jóvenes”, recuerda.

Para el Obispo, la Iglesia no puede medir su éxito únicamente por el número de templos, sacerdotes o fieles. Su misión debe conservar la capacidad de influir en la sociedad desde la vida cotidiana y desde el testimonio cristiano. Por eso recuerda algunas de las imágenes utilizadas por Jesús para explicar la misión de sus discípulos, la luz, la levadura y la ciudad sobre la colina.

La familia, clave para transmitir la fe

Uno de los elementos fundamentales del crecimiento católico en Nigeria es la familia. En buena parte de África, la transmisión de la fe continúa produciéndose principalmente dentro del hogar. Datos presentados recientemente por Church Life Africa señalan que entre el 85% y el 90% del crecimiento del catolicismo africano procede de familias católicas que tienen hijos, mientras que entre el 10% y el 15% corresponde a conversiones de adultos y procesos de evangelización.

El obispo Kukah reconoce la importancia de este factor, pero insiste en que la realidad pastoral es más amplia. Como sacerdote y obispo, asegura haber presenciado también un aumento del entusiasmo religioso entre los jóvenes y la llegada de personas procedentes de otras confesiones. “En muchas diócesis, estamos presenciando un fuerte aumento del entusiasmo entre los jóvenes”, afirma. Esta realidad convierte a la formación de niños y jóvenes en una de las principales preocupaciones para el futuro de la Iglesia.

El crecimiento de la Iglesia nigeriana no significa que esté protegida frente a los problemas que han afectado al catolicismo occidental. Kukah observa con preocupación cómo la Iglesia puede perder fuerza moral cuando se acerca demasiado a las estructuras de poder y termina alejándose de la vida cotidiana de las personas. “Una vez que la Iglesia abandona el terreno común, donde se encuentra el pueblo, y asciende a las altas esferas del poder, va perdiendo gradualmente su fuerza moral”, advierte.

Por ello, considera que la Iglesia africana debe aprender de la experiencia de Occidente y evitar caer en el relativismo, el materialismo y una aceptación acrítica de la cultura secular. La advertencia resulta especialmente importante ante el creciente deseo de algunas familias africanas de enviar a sus hijos a estudiar al extranjero. El obispo Kukah no considera negativa la educación internacional —él mismo recibió formación fuera de Nigeria—, pero alerta sobre el riesgo de que jóvenes con poca madurez emocional y espiritual se enfrenten de manera prematura a ambientes donde su fe puede debilitarse. “Muchos católicos envían a sus hijos a países lejanos con un nivel muy bajo de madurez emocional, física y espiritual”, explica.

Para el obispo, no existe una inmunidad automática frente a estos procesos. La única manera de protegerse consiste en aprender de la experiencia de otras Iglesias y fortalecer la formación desde la familia. La máxima prioridad como padres y pastores debe ser ofrecer una formación sólida a niños y jóvenes, sostiene, porque esa formación constituye la única garantía del futuro de la Iglesia.

Una Iglesia perseguida

La vitalidad de la Iglesia nigeriana convive con una realidad especialmente dolorosa la persecución. Nigeria se encuentra entre los países donde los cristianos enfrentan graves amenazas, secuestros y asesinatos. “Una historia de sangre inocente y martirio”, así define la trayectoria de la comunidad católica en medio de la violencia.

El obispo recuerda el caso de un seminarista de su diócesis que fue secuestrado cuando tenía apenas 18 años junto a otros tres jóvenes. Después de que se pagara un rescate, los otros tres fueron liberados, pero él fue asesinado. Según el relato del obispo Kukah, los responsables fueron posteriormente capturados y confesaron que habían decidido matarlo porque, a pesar de estar armados y de saber que eran musulmanes, el joven insistía en pedirles que se arrepintieran de sus crímenes y regresaran a Dios. Su memoria permanece viva en la Iglesia local. La Casa del Obispo lleva su nombre y existe un santuario dedicado a él en el Seminario de Kaduna. Para obispo, casos como este no deben conducir a la desesperanza. “No podemos temerles, porque nuestra fe se fundamenta en la sangre de los mártires”, afirma.

La persecución también plantea una pregunta difícil para los pastores, cómo proteger a los fieles sin permitir que el miedo termine alejándolos de la vida religiosa. El obispo cuenta que otro prelado llegó a recomendar a sus fieles que dejaran de asistir a misa debido a los riesgos de seguridad. El obispo Kukah reconoce la gravedad de la amenaza, pero sostiene una posición diferente. “Creo que el Dios al que adoramos nos defenderá, y no podemos ceder al miedo”, afirma.

A su juicio, pedir a los fieles que abandonen la práctica religiosa por temor puede tener consecuencias que vayan mucho más allá de una ausencia temporal. “Si les decimos que dejen de venir a adorar por temor, puede que nunca los recuperemos”, advierte.

La Iglesia, afirma, ha conseguido echar raíces firmes en África. Ahora debe proteger aquello que ha construido y garantizar que las nuevas generaciones reciban una formación capaz de sostener su fe. Cuando se le pregunta por el futuro de la Iglesia en Nigeria, el obispo Kukah responde “la Iglesia es eterna”.

Y para expresar la confianza que deposita en las nuevas generaciones, recuerda el himno Fe de nuestros padres, compuesto por Frederick William Faber, un anglicano convertido al catolicismo. Su mensaje final resume la actitud que, a su juicio, debe caracterizar a los católicos nigerianos: permanecer fieles incluso cuando la fe implique sacrificio. “Fe de los mártires, fe santa, te seremos fieles hasta la muerte”.

Con información de Religión en Libertad

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